El obispo ha expresado su deseo de conocerlas de cerca, acompañarlas y ayudarlas a descubrir su misión como parte activa de la Iglesia
En su primera entrevista a un medio local desde su nombramiento, el nuevo obispo de la diócesis de Osio, monseñor Jesús Fernández, ha compartido con el diario Córdoba sus primeras impresiones sobre la ciudad, las líneas maestras de su futuro episcopado y su valoración del papel de las hermandades, a las que ha señalado como uno de los motores fundamentales de la vida diocesana.
Una acogida cálida y esperanzadora
Desde su llegada procedente de Astorga, el prelado se ha mostrado profundamente agradecido por la hospitalidad de los cordobeses, reconociendo que no esperaba una acogida tan cercana en una diócesis donde, según sus palabras, aún no es demasiado conocido. “Desde el primer momento se me han abierto las puertas”, ha confesado, al tiempo que ha subrayado el apoyo de su predecesor, Demetrio Fernández, de quien ha destacado la incansable labor pastoral y el cariño que ha sembrado durante su largo ministerio. “No me la esperaba tan buena porque, al fin y al cabo, vengo de lejos y no soy muy conocido aquí, supongo. Pero desde el primer momento se me han abierto las puertas, se me han puesto a mi disposición para todo. Así que, empezando por don Demetrio, todo el mundo me ha acogido con los brazos abiertos, reza por mí y me está ayudando mucho en este salto, que no es pequeño, de Astorga a Córdoba”, ha señalado.
Valoración del mundo cofrade
En uno de los pasajes más destacados de la entrevista, monseñor Fernández ha esbozado su visión sobre el papel de las hermandades en la vida eclesial cordobesa. Para el nuevo obispo, estas realidades “constituyen una gran oportunidad para la evangelización”. El obispo electo no ha ocultado su aprecio por el papel que desempeñan las hermandades y cofradías en la vida religiosa de las diócesis andaluzas. En sus palabras, “sé del número de cofradías y hermandades y es una realidad que no podemos ignorar, es muy importante y muy potente. El papa Francisco lo ponía en valor, la piedad popular que desarrolla y potencia sobre todo el sentimiento frente a una religiosidad más institucional que valora también lo que es la doctrina, el concepto, el rito, la liturgia. Y aunque no lo conozco muy bien, sí que he visto retazos, y desde luego me parece admirable”.
“Las hermandades tienen una capacidad inmensa para acercar el Evangelio a quienes no participan habitualmente en la vida sacramental”, ha señalado, animando a sus miembros a profundizar en la dimensión comunitaria, solidaria y celebrativa de su fe. El obispo ha expresado su deseo de conocerlas de cerca, acompañarlas y ayudarlas a descubrir su misión como parte activa de la Iglesia en salida.
Desde su experiencia en el norte de España, reconoce la atracción que ejerce la Semana Santa andaluza: “Para los que somos del norte, la Semana Santa de Andalucía es algo que nos atrae, evidentemente. Y es cierto que presencialmente no podemos venir, porque si hay un momento del año que tú tienes que estar en tu diócesis, es la Semana Santa, pero a través de las imágenes te haces una idea de lo que significa, que es mucho”.
En esa línea, ha querido agradecer la labor evangelizadora de las hermandades, afirmando que “valorar y agradecer a todas esas personas, miles de personas que en nuestra diócesis pertenecen a las cofradías y hermandades, valorar su trabajo, que es también misionero, ya que dan a conocer el Evangelio y ayudan a acercarse a Jesús a mucha gente que está más alejada”. Finalmente, ha dejado también una invitación explícita: “hacerles un llamamiento a la vida interior, a que esa semana todas las actividades de culto entren en el corazón y se vivan y se reflejen en la vida más sobria”.

Una Iglesia con rostro joven y alma misionera
El obispo ha valorado positivamente el dinamismo de la diócesis cordobesa, marcada por “la vitalidad de sus parroquias, la abundancia de sacerdotes jóvenes y el elevado número de seminaristas, casi cincuenta frente a los dos que tenía en Astorga”. Esta realidad supone, para él, “un mundo completamente distinto”, con desafíos igualmente exigentes, aunque de distinta naturaleza. “Yo sé cifras más que nada, porque no lo he vivido, pero la sensación que tengo es que aquí hay mucha más vitalidad, evidentemente. Muchas manos de obra, muchas más que allí. Hay parroquias con vitalidad, con distintos ministerios”, ha indicado. En este sentido, ha insistido en la importancia de la escucha —al Señor, a su Palabra y al pueblo de Dios— como fundamento de todo proyecto pastoral. “El proyecto de un obispo o de un pastor es siempre hacer vida el Evangelio, experimentarla, ayudar, siendo puente, ayudar al otro a percibir la presencia de Dios y el seguimiento de Jesucristo. Pero, fundamentalmente, los primeros momentos han de ser, y quiero que sean, la escucha. La escucha del Señor, de su palabra, que es guía para nosotros, es luz para nuestros pasos, y la escucha del pueblo santo de Dios para ver sus inquietudes, sus dificultades y responder desde la palabra de Dios a ese anhelo, a esos sueños”.

Una diócesis con peso cultural y proyección universal
Otro de los ejes de su intervención ha sido la dimensión cultural de la diócesis, con especial énfasis en el simbolismo y la responsabilidad que entraña la Mezquita-Catedral. En sus palabras, el templo cordobés es “una referencia no solo para el mundo cristiano, sino también para el diálogo cultural y religioso”. A ello se suma, en su opinión, el prestigio del clero cordobés y el respeto que Córdoba suscita en otras diócesis españolas. “Destaco la importancia de la dimensión cultural, de lo que es la Mezquita-Catedral, el peso que tiene la diócesis”, ha apuntado.
Puentes frente a la polarización
Abordando los retos contemporáneos, Jesús Fernández ha hecho un llamamiento a superar la polarización social y política, destacando el papel que puede desempeñar la Iglesia como “artesana de la paz”. Frente al ruido mediático y la superficialidad cultural, ha apelado a una fe “capaz de plantear las grandes preguntas” y de tender puentes entre personas y pueblos. En ese contexto, ha valorado muy positivamente la elección del nuevo Papa, León XIV, al que ha definido como “una figura de hondura espiritual y compromiso con los pobres”. “Creo que el papa León XIV ha despertado gran alegría y mucha esperanza y ha sido muy bien acogido”, ha expresado, añadiendo que aunque no ha tenido trato directo con él, su designación le alegra profundamente: “Yo no le conocí porque al frente del Dicasterio lleva dos años y la verdad es que en la última visita ad limina que tuvimos los españoles él todavía no era prefecto del Dicasterio, con lo cual no he tenido relación con él”.
Compromiso con la fragilidad y la justicia social
Conmovido por los índices de pobreza que afectan a barrios cordobeses como Las Palmeras, Moreras o Sector Sur, el nuevo obispo ha recordado su vinculación con Cáritas y ha enfatizado que su acción pastoral no puede desentenderse de las periferias sociales. “No basta con dar un trozo de pan —ha dicho—, hay que educar, acompañar, ayudar a las personas a descubrir que pueden aportar”. Ha reiterado que la Iglesia ha de ser rostro visible de la esperanza para los que no cuentan, y sostén para quienes viven en soledad o exclusión.
Mirada agradecida al pasado y esperanza para el futuro
Finalmente, al referirse a Demetrio Fernández, ha mostrado una profunda estima personal e institucional. “Tenemos una gran amistad. Desde el principio, cuando fui elegido obispo auxiliar de Santiago de Compostela y ya desde el primer encuentro que tuvimos en la plenaria de la Conferencia Episcopal Española, en marzo del 2014, me llamó hermano porque nos apellidamos igual. Hemos tenido siempre una gran amistad”, ha relatado. “Ha trabajado incansablemente, ha querido al pueblo santo y él también es querido. Ha sido un hombre de referencia cuya huella se nota porque es citado constantemente. Es valorado no solo aquí en Córdoba, sino fuera de aquí”, ha añadido, recordando incluso su paso por Astorga en diversas actividades.
Con una combinación de humildad y claridad, Jesús Fernández ha manifestado que su propósito no es inventar la pólvora, sino continuar con fidelidad la misión de la Iglesia. “Quiero ser puente entre Dios y su pueblo”, ha resumido, dejando entrever un estilo pastoral cercano, dialogante y comprometido con los desafíos de nuestro tiempo.





