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Entrevista | José Ramírez del Río: «A las cofradías de Córdoba les falta convicción de la propia valía»

La tarde cae en la Plaza de Capuchinos, y el frío comienza a adherirse a la blanca talla del Santísimo Cristo de los Desagravios y Misericordia. Antes de que los faroles prendan, llega a la cita José Ramírez del Río, con quien nos hemos citado para pasear por la plaza y conocerle con mayor detalle, desde el prisma cofrade. José Ramírez del Río, Doctor en Filología Árabe por la Universidad de Sevilla, es Profesor Titular en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba, en el Departamento de Traducción e Interpretación. Madrileño de nacimiento y cordobés de vocación, lo que se observa en la forma de sentir nuestra ciudad. 

De sus años de estudios en Sevilla quedan vivencias y evocaciones cofrades en la Hermandad del Cachorro. Recuerdos que hace que su mirada se fije en años pasados, y sus palabras se llenen de nostalgia. Desde 2019 es miembro del Congreso de los Diputados por Córdoba, centrando su trabajo en la portavocía de la Comisión de Cultura y Deporte, lo que hace interesarnos por su opinión respecto al mundo de las cofradías.

«Para mí, la plaza de Capuchinos es un lugar mágico»

– Tras los saludos, llega la primera cuestión, pregunta de rigor y de aproximación al entrevistado: José, ¿de dónde le vienen las raíces cofrades al Diputado de VOX por Córdoba?

En primer lugar, gracias por invitarme a este foro, que sigo desde hace tiempo y que me parece muy necesario. Como en otras cosas, uno descubre que estaba mucho más cerca del mundo cofrade de lo que hubiera pensado. Durante muchos años estuve apartado de él, de la misma manera que apenas tenía contacto con la Iglesia en general. Cuando vuelves a acercarte a este mundo de las hermandades y cofradías, te das cuenta de hasta qué punto has estado dentro siempre sin saberlo. Fui hermano del Cachorro, en Sevilla, en mi niñez, y recuerdo esos días en que nos apretábamos en el templo para al final no poder salir. Era un momento muy amargo. Recuerdo procesionar por el puente y por el Postigo, que eran mis lugares favoritos, seguir programas en la TV local de Sevilla, como “El llamador”. También recuerdo venir a Córdoba y a Montoro, de donde es mi padre, y visitar diferentes templos… De todos modos, el mío era un acercamiento muy superficial, posiblemente porque no he tenido inquietud religiosa hasta bien pasados los treinta años. 

Bueno, ya sabemos de dónde provienen las raíces. Y hoy día, ¿cómo siente y vive la vida cofrade?

No puedo presumir de conocer a fondo la vida cofrade en Córdoba; no soy Luis Martín, por poner un ejemplo admirable. En Córdoba me sorprendió, desde que me vine a vivir en el año 2000, que las iglesias están llenas; en Córdoba había y hay muchísima asistencia a los templos durante todo el año. Cuando empecé a conocer las diferentes hermandades de Córdoba comencé a ver la importancia de esa vida de hermandad en el fervor de los fieles. Y son muy muy diferentes unas de otras, aunque la sensación que tengo es que se trata de hermandades muy completas, con una vida de caridad, de oración, de preocupación por el Arte…no he visto las cofradías reducidas a ONGs ni tampoco a grupos folclóricos. Pueden estar muy orgullosos y creo que Córdoba les debe mucho más reconocimiento. Desde un ámbito más personal, mi principal vínculo es con la Hermandad de la Paz y Esperanza, que se encuentra en estos momentos con la coronación canónica y pontificia… y en medio de la pandemia, haciendo una tarea social importante con unos medios muy reducidos.

«He apoyado propuestas en favor del Arte Sacro, que debe ser auxiliado por las instituciones públicas porque es una industria cultural de primer orden»

Si ejerciera de anfitrión para enseñar la Semana Santa en la capital ¿Qué destacaría a ese grupo de visitantes?

Bueno, casi todas las personas que vienen a Córdoba en esas fechas tienen ya su imagen hecha, porque a través de lecturas, de vídeos de Youtube, etc., todo el que viene tiene ya una idea de lo que quiere ver. Pero si no fuera así, me gustaría llevarle por las diferentes partes de Córdoba en las que un paso tiene una mayor resonancia para mí, y que no tiene por qué coincidir con las de los demás. Para mí, la plaza de Capuchinos es un lugar mágico. Empecé a rezar allí después de mucho tiempo. San Lorenzo también es extraordinario, y me gusta disfrutar de las hermandades en sus barrios. Cada año algún momento y algún lugar nuevo que destacar.  

Eso respecto de la Semana Santa de nuestra ciudad, pero y en la provincia -es complicado-, pero… ¿qué destacaría?

De entrada, su variedad. En Córdoba cada población importante ha creado una manera de entender la Semana Santa muy diferente a la de la capital y a la de poblaciones cercanas. El Nazareno de Priego es único, los cuarteles de Puente Genil y la santería de Lucena, los tambores de Baena… es inabarcable, no puedes ni enumerar todo. Lo que sí me parece llamativo es hasta qué punto se encuentran aisladas unas poblaciones de otras, aunque las hermandades y el propio obispado están trabajando para integrar a toda la Diócesis en este aspecto. Y no me refiero a que haya elementos folclóricos diferentes, sino incluso unas formas religiosas distintas, que es la razón por la que sigue siendo una tradición viva en el sentido que le daba Chesterton: “La tradición no es adorar cenizas, sino transmitir fuego”. 

Mientras la luz da paso a las sombras por la callejuela que nos lleva a la Cuesta del Bailío, nos acercamos a cuestiones más concretas mientras continúa el paseo.

«Hace unos días acudí a la Exposición “Arte y Cofradías en Córdoba”, recién clausurada en la Mezquita-Catedral, con unos eurodiputados polacos; y les resultaba difícil de creer la riqueza, el gusto y la creatividad de lo allí expuesto»

. Es interesante esa aseveración de Chesterton. Pero ahora, centrándonos en su labor diaria en Madrid ¿Qué puede hacer el portavoz de VOX en la Comisión de Cultura y Deporte por la Semana Santa de su provincia?

A lo largo de esta legislatura hemos desarrollado muchas propuestas e iniciado trabajos en este sentido. Pero en la que he centrado más mis fuerzas es en la presentación de una propuesta en la Comisión de Cultura del Congreso para que el Barroco de la Subbética sea reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Para ello es necesario que el Ministerio de Cultura y Deportes lo incluya en una lista de patrimonio que se presenta para su estudio por parte de la Unesco. Pienso que la maravilla de la Mezquita-Catedral de Córdoba ha oscurecido unos conjuntos monumentales; no sólo el del Barroco de la Subbética, sino las iglesias fernandinas y otras muchas que, en cualquier otro sitio, contarían ya con este tipo de reconocimientos que son importantes tanto por razones económicas y turísticas como por la mejora de la propia estima de los cordobeses, que contamos con un patrimonio histórico-artístico como posiblemente solo a la Toscana italiana pueda compararse. 

Por otra parte, he apoyado otras propuestas en favor del Arte Sacro, que debe ser auxiliado por las instituciones públicas porque es una industria cultural de primer orden, sostenible sin ayudas en tiempo normal, pero que ha sufrido mucho por el confinamiento, y porque las hermandades se han volcado en su labor asistencial y no han podido seguir conservando y menos aún aumentando su patrimonio.

«En Córdoba tenemos muchos de los más grandes: Paco Romero Zafra, Antonio Bernal, como ejemplos de quienes exportan sus obras a otras partes de España y del Mundo»

Como vemos, es un arduo defensor de la conservación del patrimonio, pero… ¿cómo podemos derivar y enfocar esta defensa del patrimonio al de las Cofradías? 

El tesoro artístico de las cofradías es de un valor muy difícil de ponderar. Hace unos días acudí a la Exposición “Arte y Cofradías en Córdoba”, recién clausurada en la Mezquita-Catedral, con unos eurodiputados polacos; y les resultaba difícil de creer la riqueza, el gusto y la creatividad de lo allí expuesto.

Y éste es un patrimonio que sigue creciendo de generación en generación. Un amigo mío alicantino señalaba la diferencia de carácter de los valencianos y los andaluces en este hecho: mientras los valencianos cada año construyen una falla y al final de la temporada, la queman, los andaluces acumulamos obras artísticas en nuestras cofradías durante siglos. Es un rasgo definitorio de nuestro modo de ser y debe ser cuidado con mimo. En este sentido han ido algunas de las iniciativas para apoyar a los artistas de Arte Sacro. En Córdoba tenemos muchos de los más grandes: Paco Romero Zafra, Antonio Bernal, como ejemplos de quienes exportan sus obras a otras partes de España y del Mundo. 

El patrimonio de las cofradías es Arte, es identidad, es parte de la esencia de nuestra sociedad civil, y debemos protegerlo con mucho cuidado. Si se pierden estos artistas, estos talleres y este patrimonio, seremos otra cosa… distinta, más pobre y peor. 

Volvemos sobre nuestros pasos, hasta el punto en el que iniciamos esta charla, para concluir con preguntas sobre opiniones más personales.

«Sueño con una Semana Santa en que pueda ir a procesionar con mis hijos por primera vez»

– Y tras tomar conciencia del valor de nuestro patrimonio, de su valía y de su importancia dentro de la Semana Santa de toda Córdoba, ¿qué le faltaría a este mundo cofrade en nuestra provincia?

Como a todo en Córdoba, convicción de la propia valía. Observar cómo la magnífica talla de Jesús del Gran Poder ha sido llevada por la devoción sevillana en icono mundial, es muy ilustrativa. No pretendo, ni puedo, desmerecer la calidad artística -y menos, devocional- de esta Imagen del Señor; pero en nuestra provincia también contamos con obras de Juan de Mesa y no se logra dar ese “salto” que se consigue alcanzar en otros lugares. 

Desde un punto de vista organizativo y formativo también se puede aprender de hermandades de otras ciudades en las que las cofradías han alcanzado un gran volumen económico y peso social, y que pueden ilustrar con su experiencia a los cordobeses. Pero, en general, falta esa convicción de que lo que tenemos es grandioso, y merece ser exhibido con justo orgullo.

Posiblemente sea algo propio del carácter de esta tierra. José, por no alargar mucho esta charla, a menos de un mes de la Navidad, y ante la cercanía de la próxima Cuaresma ¿cómo imagina la próxima Semana Santa?

Pues sueño con una Semana Santa en que pueda ir a procesionar con mis hijos por primera vez. Ya salieron en la procesión del Santo Entierro de Cañete de las Torres, el pueblo de su madre, y espero que puedan volver a hacerlo. Pero el mayor lleva desde que tenía tres años pidiendo salir en La Paz. Es algo que me sorprendió mucho. No se produjo por sugerencia de ningún familiar pero desde que la vio salir por la Puerta de Santa Catalina del Patio de los Naranjos de la Catedral no paró hasta que su madre y yo lo llevamos a la Iglesia del Santo Ángel para hacerlo hermano. La pandemia ha impedido hasta la fecha que cumpla ese deseo, y espero que este año sea posible. 

«(Mi hijo) mayor lleva desde que tenía tres años pidiendo salir en La Paz. Es algo que me sorprendió mucho. No se produjo por sugerencia de ningún familiar pero desde que la vio salir por la Puerta de Santa Catalina del Patio de los Naranjos de la Catedral no paró hasta que su madre y yo lo llevamos a la Iglesia del Santo Ángel para hacerlo hermano»

Antes de agradecerle mucho este momento de charla sobre estos temas que para tanto dan, qué mensaje quiere transmitir a los cofrades cordobeses

Que son la columna de la sociedad civil de Córdoba, los que la agrupan de manera natural y que es de los pocos ámbitos que no han sido corrompidos por la presencia de los partidos políticos, aunque estén presentes. Que la obra social que desarrollan, su defensa de nuestra identidad cristiana y la custodia de nuestro patrimonio artístico reposan sobre ellos. Que no pueden abandonar los principios católicos provida o permitir que los conviertan en ONGs, y que no deben servir de correa de transmisión de los partidos, sino que, por el contrario, deben llevar esos valores católicos a la política y, si no es posible defenderlos en algunas organizaciones, abandonarlas. Creo que son la sal de la tierra, y deben cumplir su tarea. 

La noche y el frío de estas fechas han caído hace rato sobre Córdoba. Tras agradecerle su disponibilidad y confianza, y tras hacer lo propio con nosotros por brindarle esta oportunidad de exponer sus pensamientos, José Ramírez del Río se aleja dejando una impresión de haber podido conversar con alguien que rebosa y esparce conocimiento y cultura. Su formación en el mundo árabe le da una perspectiva más amplia y distinta de nuestro mundo cofrade. Y siempre es bueno encontrar nuevas perspectivas.