El imaginero cordobés relata la fascinante historia de un Niño Jesús que pudo ser un regalo de Juan de Mesa a su madre
“La talla posee una excelente calidad técnica. A pesar de su deficiente estado de conservación, se identifican en ella los parámetros formales de la imaginería sevillana del primer tercio del siglo XVII. Es también un testimonio ejemplar de las formas de expresión de la religiosidad de la sociedad barroca andaluza del siglo XVII”.
“Sus características técnicas y estéticas están estrechamente relacionadas con la producción de Martínez Montañés y su discípulo Juan de Mesa. Si comparamos la obra que estudiamos con la talla de Montañés perteneciente a la Hermandad sevillana del Sagrario observamos una mayor corpulencia anatómica y rasgos más abultados, tanto en el tratamiento anatómico como en los rasgos faciales, quizás más cercanos a las representaciones vinculadas a Mesa. Lo mismo ocurre con el cabello, es más voluminoso que el del Niño del Sagrario, destacando de manera más acusada el tupe central que se asemeja más a los de las citadas obras de Juan de Mesa en la distribución del volumen sobre el rostro”.
En esos términos se expresa el informe del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), sobre la talla de un Niño Jesús que es propiedad de una familia de la localidad cordobesa de La Carlota. Una obra que tiene visos ciertos de ser de la autoría de Juan de Mesa y Velasco, el gran imaginero del Barroco y una de las figuras más misteriosas e interesantes de la historia del Arte.
Misterio que acompaña también a esta obra y de la que, en la siguiente entrevista, nos habla el imaginero, Lázaro Mata, que fue su descubridor y nos relata el apasionante hallazgo y el especial vínculo sentimental que ha latido, oculto, durante siglos. No se la pierdan.
-¿Cómo te inicias en la imaginería?
Empecé porque quería regalarle una virgen a mi madre, mi abuela había regalado un crucificado a la iglesia del pueblo y no había virgen, y tenía esa ilusión. Como con mi tía María iba de la mano a todas las procesiones de la Semana Santa de Sevilla era como si lo tuviera en la sangre. Estuve en la Escuela de Artes y Oficios, talla artística en madera, y a los 18 años hice mi primera Virgen.
-Y dejaste la imaginería.
Tuve que hacerlo por causas ajenas y también vino la crisis inmobiliaria, y tuve que dedicarme a otras cosas y fue cuando apareció el Niño Jesús. Le dije a la familia (propietaria de la imagen) que no lo iba a restaurar, tal y como estaba en madera viva, cubrirlo con estucos y hacerle las extremidades, cuando quisieran hacer un análisis morfológico de la escultura iba a resultar más complicado. Les aconsejé que fueran al IAPH y ahí se quedó la cosa. La familia me volvió a llamar, después de la pandemia, porque ya tenían el informe. Me dijeron que querían que hiciera una copia en 3D.
Y, poco a poco, así he vuelto. He empezado a hacer unos angelitos, y ahora estoy haciendo un cristo y una virgen.
“Les dije que era de él y me preguntaron que cómo lo sabía y les expliqué que por la morfología que tenía la escultura. Y fue cuando ellos me revelaron que eran familia de Juan de Mesa, su apellido es Velasco”.
-¿Cómo llega a ti la imagen del Niño Jesús?
Ellos me llamaron, yo estaba viviendo en Sevilla en ese momento, y me trasladé a La Carlota solo para ver al Niño, porque en las fotos no se veía muy bien. Y cuando cogí al Niño Jesús en mis manos y lo vi dije “esto es bueno”. Me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, porque inmediatamente reconocí que era de Juan de Mesa. Les dije que era de él y me preguntaron que cómo lo sabía y les expliqué que por la morfología que tenía la escultura. Y fue cuando ellos me revelaron que eran familia de Juan de Mesa, su apellido es Velasco.
-¿Qué pasa por la cabeza cuando tiene uno a una obra de Juan de Mesa en las manos?
Me recorrió un escalofrío por el cuerpo y, cada vez que lo pienso y lo veo, me vuelve a recorrer. Fue algo increíble, sentí una llamada súper fuerte. Lo primero que pensé es que no lo podía tocar y, aun así, ellos me dejaron que me lo llevara al estudio. Fui a ver a un Sanjuanito que hay en la Facultad de Bellas Artes y estuve viendo varias piezas de él. Llamé a la familia para devolverle la escultura y quedaron a expensas del análisis.
“Fue algo increíble, sentí una llamada súper fuerte. Lo primero que pensé es que no lo podía tocar”
-Y qué decía el informe.
Que era al 90% (de Juan de Mesa). Y están las pesquisas, porque ellos son familia directa. No es un hallazgo solamente artístico, es también una historia humana, es un encuentro de la memoria con esta familia y con Andalucía.
-Llega la decisión de la réplica.

Cuando recibieron el informe se pusieron en contacto conmigo, ya lo tengo escaneado y ya hay más facilidad para hacer la copia y realizar su conservación.
-¿Cómo calibrarías el valor artístico de la imagen?
Estamos acostumbrados a ver las imágenes policromadas, y con esta imagen es ver la madera viva desde hace siglos. Vi que era de una gubia experta, eso estaba claro. La simetría, cómo está todo elaborado al mínimo detalle, son 54 centímetros nada más, pero al ser más pequeño tiene más precisión. Lo tienes en las manos y es una maravilla. Es Juan de Mesa, claro (risas).
“A la familia le gustaría que lo conservaran en un museo donde le den realmente valor”
-¿Qué supuso para la familia?
Se lo encontraron en un desván, encima de un montón de paja, como en un pesebre. Increíble. A la esposa de este señor que es de la familia Velasco, le dijeron que si le gustaba que se lo llevara. Y la mujer se lo llevó a su casa y lo tuvo guardado hasta que decidió que quería intervenirlo, para regalarle una copia a cada uno de sus hijos. Y ahí fue cuando entré yo.
A la familia le gustaría que lo conservaran en un museo donde le den realmente valor. No quieren que lo tenga un coleccionista en su casa. Quieren que esté en el sitio que se merece.
“Al ser de la familia Velasco, te lleva a pensar directamente que pudo haber sido un regalo a su madre o a su abuela”
-Al ser familiares ¿era un regalo del propio Juan de Mesa?
Al ser de la familia Velasco, te lleva a pensar directamente que pudo haber sido un regalo a su madre o a su abuela. Ya no hablamos solo del valor artístico que tiene la obra, sino del valor sentimental que pudo haber tenido. Era para el culto privado, para su propia familia. Le damos ese valor añadido de amor, lo hizo con ese cariño.
-¿Te ha cambiado la vida el hecho de haberte encontrado con esta imagen?

Me cambió en su momento. Y lo ha hecho para bien. Ahora tengo unos encargos para Córdoba capital. No sé si tiene que ver ni que Juan de Mesa me haya elegido a mí como testigo, pero ha servido para darle voz a esta historia tan bonita y con eso me conformo.
-¿El encargo se puede contar?
Estoy bastante ilusionado. Voy a empezar con el proceso de talla de una dolorosa, que va para una iglesia de Córdoba capital. Es muy personal y, para mí, va a suponer una buena carta de presentación como imaginero en la capital.
-Estamos hablando de Juan de Mesa, ¿cuándo empezaste era uno de tus referentes?
Él y Martínez Montañés, los dos más grandes. Como te dije antes, desde bien pequeño -la parte materna de mi familia son sevillanos- me llevaban a ver a La Estrella salir, al Gran Poder. Conocí la Semana Santa de Sevilla primero y, para mí, ver al Gran Poder y Pasión era lo más grande que había.
“Voy a empezar con el proceso de talla de una dolorosa, que va para una iglesia de Córdoba capital”
-Después del hallazgo del Niño Jesús habrás ido a ver imágenes de Juan de Mesa ¿Qué has sentido?
Cuando veo al Gran Poder o a Las Angustias sigo sintiendo paz cuando estoy con ellos. Una tranquilidad que no siento con otras imágenes devocionales. Y el Nazareno de Pasión también me gusta mucho.
-Esta historia tan particular ¿agranda aun más la historia de Juan de Mesa?
Sí, claro. Es que es un encargo que hizo con amor para su madre. Le da un poco más de alma a la historia de su vida, porque vivió tan poco e hizo una obra tan buena que, evidentemente, ponemos un capitulito más.





