La crónica | Histórico traslado de los dos Simpecados del Rocío de Córdoba en un emotivo acto de gratitud tras la romería

Córdoba ha vivido este sábado una jornada inédita e inolvidable, marcada por la devoción, la memoria y la gratitud. La Hermandad del Rocío de Córdoba ha llevado a cabo un traslado público sin precedentes, en el que han procesionado conjuntamente sus dos Simpecados, el actual y el primitivo, desde el convento de Santa Marta hasta la Real Iglesia de San Pablo, para presidir la misa de Acción de Gracias con la que se ha puesto broche de oro a una intensa y emotiva romería almonteña.

Un recorrido cargado de simbolismo y memoria

A las 20:00 horas del sábado 14 de junio, partía desde el convento de Santa Marta —hogar provisional del Simpecado tras su regreso de la aldea del Rocío— la singular comitiva que, por primera vez, unía en un mismo cortejo al estandarte actual y al primitivo Simpecado de la corporación cordobesa. El antiguo estandarte, emblema de los orígenes de la Hermandad, ha regresado a la vida pública tras haber sido sometido a una esmerada restauración a cargo de la conservadora Laura Pol Méndez, gracias a una ayuda concedida por la Excma. Diputación de Córdoba dentro de su línea de Subvenciones al Patrimonio Cofrade, cuyo presidente, Salvador Fuentes, ha estado presente en el acto e incluso ha portado el Simpecado.

El itinerario, breve pero profundamente significativo, recorrió las calles Santa Marta, San Pablo y Capitulares, hasta desembocar en la Real Iglesia de San Pablo, sede canónica de la Hermandad, donde a las 20:30 horas dio comienzo la solemne Eucaristía de Acción de Gracias, concelebrada con nutrida asistencia de hermanos, peregrinos y devotos.

Gratitud por un camino lleno de fe

La celebración litúrgica sirvió para agradecer públicamente un camino rociero lleno de fe y sacrificio, con nueve días intensos marcados por el calor, el esfuerzo y la emoción compartida. En la homilía se hizo referencia al significado profundo del camino, entendido no solo como recorrido físico, sino como experiencia espiritual transformadora, vivida al amparo de la Virgen del Rocío y bajo la mirada amorosa de su Simpecado.

El broche final del acto fue el canto de la Salve, entonado por todos los presentes como testimonio de amor y fidelidad a la Blanca Paloma, y como oración coral que recogía las vivencias acumuladas en la marisma.

Una estampa para la historia

Este insólito traslado ha sido mucho más que un gesto estético o protocolario. Ha constituido un homenaje al patrimonio espiritual y artístico de la Hermandad, y ha reafirmado la continuidad de la devoción rociera en Córdoba, tendiendo un puente entre la herencia fundacional y el fervor del presente. La imagen conjunta de los dos Simpecados avanzando por las calles del centro histórico quedará grabada en la retina de los rocieros cordobeses como una estampa irrepetible, testimonio de una fe que se renueva, se conserva y se celebra.