El nuevo obispo de Córdoba, Jesús Fernández, ha ofrecido, en una entrevista concedida a Europa Press, un encendido elogio de la Mezquita-Catedral, a la que considera no solo el emblema patrimonial más destacado de la ciudad, sino también un pilar fundamental de su vida espiritual y de su dinamismo económico. En sus propias palabras, el monumento es «la joya de la corona», y en él confluye un valor «espiritual, cultural y también económico» de enorme envergadura.
Un patrimonio de resonancia internacional
Durante su intervención, el obispo subrayó la magnitud del conjunto monumental, al que describió como «un patrimonio impresionante», cuya relevancia no se limita al ámbito nacional: «En cualquier punto de España, y yo diría que del mundo, es conocida». Este reconocimiento universal, a su juicio, otorga a la ciudad de Córdoba un potencial extraordinario tanto en términos turísticos como evangelizadores.
Fe, cultura y gestión ejemplar
Jesús Fernández defendió con convicción la labor llevada a cabo por el Cabildo Catedralicio, al que atribuyó una gestión positiva del templo declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. «Me parece que es buena la gestión que se está haciendo», declaró, destacando que «instituciones importantes valoran lo que se está ofreciendo» tanto como recurso de fe como atractivo turístico. Añadió que los ingresos que genera el monumento «están sirviendo a causas sociales, a ayudas a Cáritas y a patrimonio», demostrando así una articulación eficaz entre la administración del bien cultural y su vocación cristiana.
Actividades culturales y proyección social
El obispo quiso poner como ejemplo la actual exposición dedicada al Concilio de Nicea, que acoge la propia Mezquita-Catedral y que constituye, según dijo, «una de tantas actividades que hacen que ese centro atraiga a muchos turistas y pueda también traer un bien social muy grande», cuya repercusión ha sido estimada en más de 400 millones de euros. Afirmó con rotundidad que el templo principal de la diócesis constituye «la gran baza» de la ciudad desde el punto de vista turístico, aunque reconoció que otros reclamos como los Patios o el Puente Romano también poseen su atractivo. No obstante, concluyó que, «evidentemente, la joya de la corona es la Mezquita-Catedral».
El reto del mantenimiento: custodiar la historia viva
Respecto al estado de conservación del edificio, el obispo admitió que su mantenimiento supone un esfuerzo constante: «Un templo así va a tener que estar constantemente en rehabilitación. No porque los elementos de la construcción sean malos, sino porque tiene siglos». De ahí que insistiera en que es fundamental «mantenerla bien», precisamente por ser «la joya de la corona».
Montilla y la huella de San Juan de Ávila
Interrogado sobre otros enclaves significativos de la diócesis, Jesús Fernández reconoció que aún no ha tenido ocasión de conocerlos en profundidad, con la salvedad de Montilla, donde ya ha visitado la Basílica de San Juan de Ávila, lugar que calificó como «otro patrimonio impresionante, espiritual y humano». En su opinión, «es un lugar especial», no solo por el templo, sino también por «la casa de San Juan de Ávila», de la que destacó su relevancia para el clero andaluz y nacional, recordando que «por algo es doctor de la Iglesia».
Asimismo, compartió una experiencia personal vivida en Montilla con Cáritas, donde pudo compartir mesa «con 20 transeúntes» y comprobar «la alegría que tenían y cómo se sentían. Era como una familia». Quedó profundamente impactado también por la entrega de los voluntarios: «Quiero decir que va muy unido todo», explicó, refiriéndose a la conexión entre «espiritualidad» y «atención a gente que necesita ayuda». Por todo ello, reafirmó su convencimiento de que «Montilla es otro lugar especial» dentro del mapa pastoral cordobés.
La figura de Osio y los nuevos horizontes culturales
En el plano cultural, el obispo valoró el peso que ha adquirido recientemente la figura de Osio de Córdoba, especialmente con motivo de la conmemoración del 1.700 aniversario del Concilio de Nicea. Consideró que este evento ofrece «una buena ocasión» para divulgar el papel de Osio en la historia de la Iglesia Universal: «Ahí se formulara, digamos, el credo que todos profesamos en el mundo», recordó.
A su juicio, el legado de Osio debe seguir siendo destacado, al igual que el de San Juan de Ávila. Además, puso en valor otras iniciativas culturales de la diócesis, como «las visitas a las iglesias fernandinas», y se mostró confiado en que irán surgiendo «nuevos filones» gracias a la creatividad de muchos fieles y agentes culturales: «Veo que aquí hay bastante creatividad, hay mucha gente capaz de pensar», aseguró.
Concluyó su intervención con una reflexión esperanzadora: «Entre todos, sacaremos otras iniciativas que muevan a la gente a pensar, a descubrir raíces profundas y a alimentar también un árbol que tiene que seguir creciendo y mirando al futuro, no solo al pasado».
Jesús Fernández traza así una hoja de ruta en la que la fe, el patrimonio y la acción social se entrelazan como ejes fundamentales de su proyecto episcopal al frente de la diócesis cordobesa.





