La elección de Pedro Gutiérrez Herrera como nuevo hermano mayor de la Hermandad del Huerto abre una nueva etapa en la corporación del Domingo de Ramos, marcada por la continuidad de una línea de trabajo que ha definido los últimos ocho años y respaldada por una amplia mayoría de los hermanos en las urnas. Vinculado a la cofradía desde hace décadas y conocedor de su realidad interna tras haber desempeñado distintas responsabilidades en la Junta de Gobierno, asume ahora la máxima responsabilidad con un proyecto que sitúa en el centro la vida espiritual, la participación activa y el fortalecimiento del sentimiento de pertenencia. Su elección representa, además, la culminación de una trayectoria de servicio desarrollada desde diversos ámbitos de la corporación y el inicio de un mandato llamado a consolidar el camino recorrido en los últimos años.
«Todos los hermanos son iguales, con independencia del cargo, puesto o función»
Lejos de plantear rupturas, Pedro Gutiérrez Herrera ha construido su propuesta sobre los pilares de la cercanía, la formación, la fraternidad y la consolidación del trabajo desarrollado durante los mandatos precedentes. Con una visión que entiende la hermandad como una auténtica comunidad de creyentes, el nuevo hermano mayor afronta los desafíos del presente con la mirada puesta en el crecimiento espiritual y humano de los hermanos. En esta entrevista, aborda los retos que afronta la corporación, reflexiona sobre el papel de las hermandades en la Iglesia actual y desgrana las líneas maestras de un proyecto que aspira a seguir haciendo del Huerto una verdadera familia de fe, servicio y comunión, asentada sobre la participación y el compromiso de todos sus miembros.
— ¿Qué valoración realiza del momento actual que vive la Hermandad del Huerto tras estos años de intensa actividad institucional, patrimonial y cultual, y cómo define el punto de partida de esta nueva etapa electoral?
La Hermandad llega a esta etapa, recién celebrado el cincuentenario de la refundación, con su patrimonio consolidado y una presencia que ha trascendido las fronteras de nuestro barrio.
No partimos de cero, sino con unos cimientos firmes sobre los que seguir caminando. Lo material ya está en gran medida hecho; lo que esta nueva etapa nos pide es algo más exigente: que ese patrimonio y esa solidez institucional estén al servicio del crecimiento humano y espiritual del cuerpo de hermanos. Ese es, para mí, el verdadero reto de los próximos años.
«Primero se conserva lo recibido; después, y solo si las circunstancias lo permiten, se enriquece»
— Su candidatura se presenta como claramente continuista respecto al trabajo desarrollado en los últimos ocho años. ¿Qué elementos considera fundamentales de esa etapa que deben consolidarse sin cambios sustanciales?
Hay logros que para mi son irrenunciables. En primer lugar, la solidez patrimonial, con la culminación del bordado de las bambalinas del paso de palio de María Santísima de la Candelaria como ejemplo más visible, así como las restauraciones de dos de nuestros titulares. En segundo lugar, una vida de cultos cuidada y digna, que es el corazón de todo lo que somos.
La evolución en cultos y presencia de la Hermandad más allá de la feligresia en la que nos encontramos, por ejemplo, a través de la obra social, son igualmente líneas a seguir potenciando como parte de la mejora continua que debemos auto exigirnos.
«Para mí el hermano es la piedra angular de todo lo que somos»
— Usted ha formado parte de la Junta de Gobierno como tesorero y vicetesorero. ¿Cómo ha influido esa experiencia en la configuración de su visión global de la hermandad?
Desde la tesorería se ve la Hermandad entera. Todo proyecto -un culto, una restauración, una obra de patrimonio, una iniciativa del Grupo Joven o una acción de caridad-termina pasando, antes o después, por su sostenibilidad económica. Esto permite tener una perspectiva desde la que poder visualizar las distintas iniciativas no por separado, sino como un conjunto que debe equilibrarse.

Por otro lado, está la componente de la prudencia. En mi opinión, la ambición de una hermandad debe ir siempre acompañada de responsabilidad financiera: se puede soñar en grande, pero sin comprometer lo que recibirán quienes vengan detrás. Esa es la visión a trasladar desde el gobierno de la Hermandad: ilusión, sí, pero con los pies en el suelo.
«La ambición de una hermandad debe ir siempre acompañada de responsabilidad financiera»
— En su proyecto sitúa al hermano como eje central de toda la acción corporativa. ¿Qué medidas concretas se plantean para reforzar la cercanía, la acogida y el sentimiento de pertenencia?
Para mí el hermano es la piedra angular de todo lo que somos, y eso debemos intentar ser capaces de plasmarlo con hechos, no solo buenas palabras. Pienso en un plan de bienvenida real para quien llega: que ningún hermano nuevo se sienta un nombre en una lista, sino alguien acogido y acompañado desde el primer día, con la figura de un hermano de referencia que le abra las puertas de la casa.
Es importante poner siempre por delante el siguiente mensaje: todos los hermanos son iguales, con independencia del cargo, puesto o función. La cercanía empieza por ahí. A todo ello queremos sumar una comunicación frecuente y momentos de encuentro a lo largo de todo el año.
«Quiero que la Hermandad continúe ahondando en ser un espacio donde no solo se sale en procesión»
— Habla de la hermandad como una auténtica familia de creyentes. ¿Qué papel debe jugar la vida de convivencia en la construcción de esa identidad compartida?
El contacto humano es el tejido que convierte una lista de hermanos en algo más, una comunidad alrededor de un objetivo común. Una hermandad se construye tanto en unos cultos, como en la mesa compartida, en una mañana de trabajo, y por qué no, a través de los distintos canales de comunicación que hoy en día se nos brindan.
Esos momentos aparentemente menores son los que generan pertenencia, los que hacen que un hermano sienta que este es su sitio. Por eso queremos darles importancia y multiplicarlos.
«No queremos solo una Hermandad ordenada, ni solo una Hermandad rica en patrimonio: queremos una Hermandad donde el hermano crezca como creyente»
— Uno de los pilares de su programa es el fortalecimiento de la vida de fe. ¿Cómo se pretende intensificar la formación cristiana y la vida sacramental dentro de la corporación?
Quiero que la Hermandad continue ahondando en ser un espacio donde no solo se sale en procesión. Eso implica mantener unos cultos cuidados, además de una formación apropiada, seria y continuada en línea con lo que nuestro consiliario y obispo nos requieran.
Debemos hacer nuestros los tres ejes que nuestro obispo, Monseñor Jesús Fernández, ha pedido fortalecer a las hermandades de la Diócesis: la celebración, la formación y la caridad. La salida del Domingo de Ramos debe ser la consecuencia natural de una vida cristiana cultivada durante todo el año.

— En ese mismo ámbito, ¿qué papel debe tener la parroquia en la coordinación de los procesos formativos y espirituales de la hermandad?
La parroquia es nuestra casa. La Hermandad es una asociación pública de fieles que vive dentro de la Iglesia, no al margen de ella.
Por eso la formación y la vida espiritual deben coordinarse siempre con sus responsables, no construirse en paralelo. Nuestro consiliario debe ser nuestra referencia y guía porque además de ser lo correcto, es la mejor garantía de que caminamos en comunión con la Iglesia.
«La salida del Domingo de Ramos debe ser la consecuencia natural de una vida cristiana cultivada durante todo el año»
— Su proyecto concede un valor central al patrimonio heredado. ¿Cuáles son las prioridades inmediatas en materia de conservación, restauración o enriquecimiento patrimonial?
Podemos sintetizarlo en los siguientes principios: conservar con rigor, restaurar con criterio y enriquecer con prudencia. La prioridad inmediata es garantizar la conservación: mantener en perfecto estado lo que con tanto esfuerzo se ha logrado, con un cuidado preventivo y planificado de nuestros titulares y enseres.
No me gusta anunciar grandes proyectos sin tenerlos maduros; prefiero comprometerme con el método -rigor, criterio y prudencia- y que cada paso patrimonial se dé con unas bases sólidas. Una vez que la Junta de Gobierno tome posesión, se evaluará todo lo que tenemos en mente para que previa comunicación a los hermanos, podamos comenzar a abordar lo que corresponda.
«El objetivo de fondo es uno: que la Hermandad pueda soñar sin endeudar el futuro»
— En ese sentido, ¿cómo se equilibra la necesidad de preservar el patrimonio con la incorporación de nuevas iniciativas artísticas o devocionales?
El equilibrio está en un principio sencillo: ninguna iniciativa nueva debe ir en detrimento del cuidado de lo heredado. Primero se conserva lo recibido; después, y solo si las circunstancias lo permiten, se enriquece.
Y cuando se enriquece, debe hacerse con coherencia: que lo nuevo dialogue con el conjunto y con la historia de la Hermandad.
«Ilusión, sí, pero con los pies en el suelo»
— Otro de los ejes de su candidatura es una hermandad con «las puertas abiertas». ¿Qué cambios concretos se plantean en materia de comunicación y vida digital?
Quiero una comunicación digital cercana y profesional, y unas redes sociales aún más vivas, que no se limiten a anunciar actos, sino que acompañen la fe y el día a día de la corporación.
Junto a lo digital, planteo jornadas de puertas abiertas para que quien quiera conocer la Hermandad pueda hacerlo sin barreras, y para que participar sea fácil. Tenemos que conseguir estar presentes, responder, escuchar y hacer que cualquiera hermano o no encuentre siempre una puerta abierta.
— ¿Qué importancia otorga a la implicación del Grupo Joven dentro de este modelo de hermandad más participativo y abierto?
El Grupo Joven debe ser presente y futuro a la vez.
Queremos acompañarlo a la vez que otorgarles la confianza y autonomía suficiente para que desarrollen sus propias ideas y proyectos. Queremos que nuestros jóvenes sean también protagonistas en su Hermandad.
«Queremos que nuestros jóvenes sean también protagonistas en su Hermandad»
— Usted insiste en la acogida, la formación y el acompañamiento como prioridades. ¿Cómo se traduce eso en el día a día de la hermandad más allá de los cultos y la estación de penitencia?
La acogida, la formación y el acompañamiento se traducen en una vida ordinaria rica: encuentros específicos, así como espacios de oración y, de manera muy especial, la caridad.
— Tras el cincuentenario de la refundación, la hermandad ha vivido momentos muy significativos como la misión en el Polígono del Guadalquivir o la salida extraordinaria del Señor. ¿Qué balance hace de ese ciclo reciente?
El balance es muy positivo: han sido momentos hermosos y significativos, vividos con intensidad por toda la Hermandad, y hay que agradecérselo a quienes lo han hecho posible a través del inmenso trabajo llevado a cabo. Como resultado de ese esfuerzo, todos los hermanos y nuestra ciudad pudieron vivir días muy especiales.

Más allá de los distintos actos externos que se realizaron, el haber podido compartir nuestra fe y acercar a nuestros sagrados titulares a aquellos que por diversos motivos jamás hubieran imaginado algo similar, debe hacernos sentir satisfechos a la vez que responsables para con el camino emprendido como parte de la obra social de nuestra Hermandad.
«Tenemos que conseguir estar presentes, responder, escuchar y hacer que cualquiera encuentre siempre una puerta abierta»
— En el ámbito patrimonial, uno de los grandes hitos recientes ha sido la culminación del paso de palio de la Virgen de la Candelaria. ¿Qué valoración hace del resultado final y de su impacto en la hermandad?
La valoración es de orgullo sereno. La culminación del bordado de las bambalinas interiores de María Santísima de la Candelaria cierra un ciclo artístico de décadas -recordemos las caídas externas, las bambalinas, los candelabros, etc- y su puesta de largo en la calle, en el marco del cincuentenario, fue un momento histórico para la Hermandad y para la Semana Santa de Córdoba.
El resultado final es fruto del trabajo de muchas juntas de gobierno y muchos hermanos. Su impacto va más allá de lo estético: ha sido un motivo de ilusión y de unión. Y precisamente por lo que ha costado, ahora nuestra responsabilidad es cuidarlo y conservarlo con el mismo esmero con que se hizo.
«Nuestra visión en el ámbito musical es de continuidad y de cuidado de ese acompañamiento»
— En lo referente a la estación de penitencia del Domingo de Ramos, ¿qué líneas de mejora o consolidación se plantean para los próximos años?
La nuestra es una estación de penitencia con una identidad muy marcada: somos una de las dos únicas hermandades de Córdoba que procesiona tres pasos, y eso es ya un sello propio que hay que cuidar.
Mi planteamiento es de consolidación más que de revolución: cuidar el orden, la dignidad y, sobre todo, el sentido penitencial del cortejo. Que la salida del Domingo de Ramos se viva como lo que es, un acto de fe. Las mejoras concretas, siempre en esa línea, se trabajarán con quienes participan en la organización del cortejo en coordinación con los responsables de estación de penitencia de la Agrupación de Cofradías.
— En el apartado musical, ¿qué valoración realiza del papel de las formaciones que acompañan a los titulares? ¿Está previsto seguir contando con ellas en el futuro?
Valoramos muy positivamente el trabajo de las formaciones que acompañan a nuestros titulares, y tenemos además un patrimonio musical propio del que debemos sentirnos orgullosos.
Nuestra visión aquí es de continuidad y de cuidado de ese acompañamiento. Como en todo lo que afecta al cortejo, los matices concretos se valorarán con serenidad en el seno de la junta de gobierno y con quienes corresponda.
«No me gusta anunciar grandes proyectos sin tenerlos maduros»
— La hermandad apuesta por una gestión económica diversificada. ¿Qué objetivos concretos se persiguen con esta línea de trabajo dentro de la corporación?
El objetivo de fondo es uno: que la Hermandad pueda soñar sin endeudar el futuro. Una gestión diversificada significa no depender de una única fuente de ingresos, ni de las subvenciones actuales, de manera que la corporación sea sostenible y pueda afrontar tanto su vida ordinaria como sus proyectos sin sobresaltos.
En lo concreto, persigo estabilidad y previsión del gasto, así como estar atentos a las nuevas oportunidades que se abren para las hermandades. Contar con una economía sana no es un fin en sí mismo: es lo que nos permite poner los recursos al servicio del hermano, del culto y de la caridad.

— Usted recupera en su carta la idea de la hermandad como «taller de santidad». ¿Cómo se concreta esa visión espiritual en una corporación de carácter eminentemente cofrade?
Esa expresión la recogen los obispos del Sur de España en su carta pastoral sobre piedad popular, al recordar que las hermandades están llamadas a ser «talleres de santidad y templo espiritual>». Es una frase breve y exigente.
Concretarla significa entender que una corporación cofrade no es solo una organizadora de procesiones, sino un lugar donde las personas crecen, donde se aprende a ser cristiano y donde la fe se cultiva todo el año. No queremos solo una Hermandad ordenada, ni solo una Hermandad rica en patrimonio: queremos una Hermandad donde el hermano crezca como creyente. Ese es el techo espiritual que da sentido a todo lo demás: al patrimonio, a los cultos y a la propia salida del Domingo de Ramos.
«Conservar con rigor, restaurar con criterio y enriquecer con prudencia»
— Para finalizar, ¿qué le gustaría que definiera a la Hermandad del Huerto cuando concluya este nuevo periodo de gestión al que aspira concurrir?
Me gustaría que, al concluir esta etapa, la Hermandad del Huerto siga despertando el sentimiento de orgullo de pertenencia para todos sus hermanos, contando con un capital humano ampliado respecto al heredado y con un horizonte de futuro ilusionante y sin límites.
A nivel patrimonial trabajaremos para continuar poniendo en valor lo que ya tenemos, sumando proyectos que ilusionen a nuestros hermanos y aporten a nuestra Semana Santa.






