El viejo costal, Opinión

Eres todo de Dios, menos…

El domingo celebramos en familia mi cumpleaños, ya tengo… más de los que quiero, aunque como algún compañero me dijo alguna vez al manifestar mi edad con la frase “yo tengo cincuenta y tantos años” a lo que me respondió “esos son los que ya no tienes, solo tienes los que te queden por venir” y ahora me doy cuenta de su sabiduría, bueno, lo vivido si que lo tengo y eso será el único bagaje, que llegado el momento, venga conmigo.

La reunión era importante, familiares, nietos, sobrinos y algunos amigos, todos compartiendo mesa, algo de vino, y casi como siempre una buena conversación, conversación que surcó muy diversos temas, y que llevada al pairo, como no podía ser de otra manera, terminó por pasar obligatoriamente por el tema de las cofradías, centrándose en esta ocasión en la obra social, la evangelización y los cultos, cómo todos imagináis, las opiniones se dividieron hasta fracciones diminutas y con matices muy diversificados.

Una facción de los asistentes, cofrades profundos, manifestaban que como cofrades la obra social era algo que debería ser responsabilidad de la Iglesia, otros intentaban meter la cuña de la obra social era un pilar fundamental de las obligaciones de los cofrades, y que desde los más remotos principios las cofradías cumplían con la asistencia social que hoy en día tienen encomendadas determinados estamentos de la sociedad. Otra de las facciones manifestaban que como cofrades la única obligación entendible para ellos era la evangelización del pueblo, saliendo a las calles con sus titulares, y así promulgar el evangelio de la única forma entendible para los que solo son cofrades.

Llegó un momento donde incluso alguno de los asistentes manifestaba que existía la posibilidad de la existencia de cofrades no cristianos, si no más bien, repetidores de unos actos tradicionales, sin ningún sentido cristiano, repetidores de una populista tradición de nuestra tierra, con muy poco sentido religioso.

Otros concluían que sea cómo sea “algo debe de haber”, y en mitad de este giro de opiniones quizás todas ciertas en algunas de sus partes, topamos con la Iglesia, ya que derivó el timón de la conversación improvisada después de varios remolinos al estado de abandono por parte de los fieles de los templos durante los sacramentos, especialmente de los más jóvenes, algunos de los asistentes decía con razón comprobada, que entre los asistentes habituales los de menos edad tienen más de sesenta años.

Está más que señalado que los fieles más jóvenes no encuentran atractiva la cátedra que desde los templos se imparte, y esta es una parte del problema, a los cofrades solo le interesa su peculiar evangelización, faltando mucho del fundamento cristiano que debe de tener su estatus, y la Iglesia se muestra muy conformista e inamovible, a pesar del vacío reinante en sus templos.

La obra social quedó relegada por algunos de los asistentes a una obligación de la Iglesia, a pesar de que algunas cofradías destinan un diezmo de sus ingresos a la colaboración con su parroquia en la obra social, pero que otros se reafirmaban en que esa obligación no es de la cofradía, que solo debe limitarse a su salidas evangelizadoras con sus titulares, pasos y cortejos.

Y en este navegación circular, nos quedamos todos perdidos, con cofrades parcialmente cristianos, con la iglesias cuasi vacías, la obra social y la evangelizadora medio perdida, y nosotros abandonados en estas deliberaciones, incapaces de enseñar a nuestros jóvenes la importancia de la cátedra impartida desde los templos, incapaces de dar a nuestro semejante, todo lo que para nosotros nos damos, incapaces de amarlos como si nosotros mismos fuésemos.

Si, nosotros, que somos todo de Dios. Todo de Dios menos los zapatos, que así lo decían mis mayores