El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

Errores y aciertos de una jornada que se parte en dos

El día de la Esperanza tiene en Sevilla dos protagonistas inconfundibles: una habita cerca del arco y la otra vive en Pureza. Aunque las imágenes que se exponen en veneración en la capital roza la decena durante estos días las colas así lo atestiguan. No hay comparación entre la expectación que suscitan con las demás representaciones de María en la ciudad.

Un gentío se acercó desde primera hora de la mañana a la basílica para acudir a la misa que comenzó a las 9 horas y al otro lado del río a las 10 ya esperaban a sus puertas. La ciudad con dos caminos que se unen bajo el amor hacia la Virgen. Y dos maneras de vivir este día que se tradujo en el esmero de sus juntas de gobierno para celebrar dicha jornada.

En la Macarena la organización fue nuevamente magistral. La organización optó por desalojar los bancos y dejar un espacio para las fotografías mientras que los fieles pasaban ante la imagen con un ritmo que agradeció la cola que esperaba fuera. En Triana fue al contrario. La capilla se queda pequeña ante la presencia de la multitud, lo que provoca que sea un espacio donde la distancia de seguridad era prácticamente inexistente. Por no hablar del tiempo de espera, superior incluso al de otros años. ¿A qué se debió? Una vez dentro uno tenía la respuesta. El devoto no podía sacar una instantánea de la Esperanza -algo comprensible, por otro lado- cuando se encontraba frente a Ella pero podías toma una foto con algún miembro de su familia posando junto a la imagen. Dicho de otro modo, uno podía presentarse con sus diecisiete churumbeles y que se inmortalizara el momento diecisiete veces, una por hijo. Eso sí, te pedían que sacaras la foto desde la esquina, como si ello beneficiara el tránsito de los demás, que no podíamos acercarnos hasta que no abandonasen el espacio. Y había familias donde posaba el padre, la madre, el hijo, la hija, el padre con la madre, la madre con el hijo, el niño con la hermana…

Así uno llegó a entender cómo era posible tal demora. Uno ignora si los miembros de la corporación no cayeron en la cuenta de cuidar a quienes se acercaron hasta la capilla de los Marineros -donde había hermanos- o si es que con tal permisividad buscaban provocar que la cola se agrandase tanto que llegase al Altozano para volver a hablar de que había sido un éxito absoluto el no besamanos. Incomprensible.

Si en algo han avanzado nuestras corporaciones es en eliminar barreras arquitectónicas que favorezcan la llegada ante las imágenes de las personas con movilidad reducida. Las escaleras y los escalones no suponen un problema en la mayoría de los altares efímeros que se levantaron y prueba de ello es la presencia de rampas que se instalaron para facilitar la inclusión de mayores e impedidos.

Por lo demás, la jornada transcurrió sin problemas. Mañana será el último día para estar junto a Ellas. La hermandad de la Macarena ha levantado un montaje portentoso que borró la desilusión de quienes esperaron que en Semana Santa la basílica sorprendiera con un altar a lo grande y en Triana la hermandad colocó a San José tras la dolorosa en un año donde la Santa Sede ha querido potenciar su presencia. Elegancia en María Auxiliadora con la Trinidad y todo un acierto la presencia del Cristo de San Agustín en San Roque tras la Virgen de Gracia y Esperanza.

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