Un conflicto de extrema gravedad fractura la convivencia parroquial y cofrade
La localidad sevillana de Aznalcázar atraviesa una situación de máxima tensión y extraordinaria gravedad, marcada por un conflicto abierto que ha alterado profundamente la vida parroquial y cofrade, generando un clima de enfrentamiento público, desconfianza y fractura interna entre el párroco, Rubén Blasco, y un amplio sector de fieles y hermanos de la Hermandad de la Encarnación.
Los acontecimientos recientes han desembocado en un escenario de crispación creciente, en el que conviven denuncias personales, decisiones eclesiásticas de calado y una reacción social de notable contundencia, evidenciando un deterioro significativo de las relaciones dentro de la comunidad.
Intervención pública durante la celebración litúrgica
El punto de mayor exposición del conflicto se produjo al término de la misa del Domingo de Resurrección, cuando el párroco intervino públicamente ante los asistentes para referirse a diversos episodios recientes que habían generado controversia en el municipio.
Durante su intervención, aludió a la circulación de un mensaje de WhatsApp en el que se cuestionaba su comportamiento durante la Semana Santa, en concreto por no portar la medalla de la Hermandad de la Encarnación el Jueves Santo y sí la de la Hermandad de Santiago el Viernes Santo. Ante estas críticas, argumentó que actúa como director espiritual y no como hermano raso, señalando además que no le ha sido entregada la medalla correspondiente a su cargo.
Asimismo, defendió su forma de vestir durante las celebraciones, justificando el uso de la sotana en determinados momentos, lo que contribuyó a intensificar un ambiente ya de por sí tenso dentro del templo. La escena derivó en interrupciones, reacciones entre los asistentes y un evidente clima de incomodidad, que se prolongó más allá del propio acto litúrgico.
Acusaciones directas y denuncia de hechos personales
En el transcurso de su intervención, el párroco denunció una situación de “persecución pública”, al tiempo que hizo referencia a la falta de comunicación con la junta de gobierno de la hermandad, afirmando que no existe contacto desde hace meses.
El momento de mayor impacto llegó con la mención a incidentes de carácter personal, al declarar: “A mí me habéis rayado el coche, se me ha roto el retrovisor y se me está persiguiendo públicamente”, unas afirmaciones que elevan el conflicto a un plano de especial gravedad, al incorporar la denuncia de posibles actos vandálicos y situaciones de hostigamiento, siempre según la versión del sacerdote.
Estos hechos, difundidoa en directo por una retransmisión local, contribuyeron a amplificar el alcance de la situación, generando una reacción inmediata tanto dentro como fuera del templo.
Suspensión del proceso electoral en la Hermandad
De forma paralela, la Hermandad de la Encarnación ha comunicado la suspensión del Cabildo General de Elecciones, previsto para el 17 de abril, así como la paralización del proceso electoral, en virtud de un decreto del Arzobispado de Sevilla.
La medida se fundamenta en la comunicación de presuntas irregularidades trasladadas por el párroco mediante un informe presentado el 13 de abril, adoptándose la decisión el día 15. La suspensión, notificada apenas horas antes de la convocatoria, ha generado desconcierto y malestar en el seno de la hermandad, especialmente por las circunstancias en las que se produjo.
Ante esta situación, la corporación ha convocado una reunión informativa con sus hermanos para trasladar los detalles disponibles y abordar tanto este asunto como los acontecimientos recientes.
Indignación generalizada y reacción social contundente
El desarrollo de los hechos ha provocado una reacción de profunda indignación en el municipio, particularmente entre los hermanos de la Hermandad de la Encarnación, donde el malestar hacia la actuación del párroco se ha manifestado de forma explícita.
En redes sociales, algunos comentarios reflejan esa indignación con términos de gran dureza, señalando que es un “generador de discordia” o que “no pinta nada en este pueblo”, mientras que otros lo califican como “sectario y con ánimos de venganza”, asegurando que su actitud está provocando división en la comunidad.
También se han difundido opiniones en las que se afirma que “no es digno de lo que representa” o que “se dedica a dividir”, así como mensajes que lo califican directamente como “un sinvergüenza de la cabeza a los pies”. En otros casos, se critica su intervención en la vida del municipio, señalando que estaría “anteponiéndose a las fiestas” y “quitando folclore”, lo que incrementa la percepción de conflicto.
Asimismo, algunas voces plantean la posibilidad de organizar iniciativas formales de queja, incluyendo la recogida de firmas y la presentación de denuncias ante instancias eclesiásticas, aportando pruebas y testimonios sobre comportamientos que consideran inadecuados.
Un escenario de crisis abierta en la comunidad
La confluencia de estos elementos —las declaraciones del párroco, los presuntos incidentes denunciados, la suspensión del proceso electoral y la reacción social— configura un escenario de crisis abierta y de enorme complejidad, en el que las posiciones aparecen claramente enfrentadas.
La gravedad de los hechos, tanto por su desarrollo en el ámbito público como por su impacto en la vida religiosa y social del municipio, sitúa a la comunidad de Aznalcázar ante una situación límite, cuya resolución dependerá de las decisiones que se adopten en el ámbito eclesiástico y de la evolución de un conflicto que ha alcanzado cotas de especial intensidad.





