El obispo llama a superar las divisiones internas durante la Función Principal de la Hermandad del Rocío de Córdoba

La homilía, pronunciada en la Iglesia de San Pablo, subraya la necesidad del diálogo frente a tensiones en las comunidades

La Iglesia de San Pablo acogió la celebración de la Función Principal de Instituto de la Hermandad del Rocío de Córdoba, en cuyo transcurso el obispo, Jesús Fernández, centró su homilía en una reflexión de marcado carácter pastoral sobre la unidad y las tensiones internas en las comunidades cristianas. A partir de la primera lectura, correspondiente al pasaje de los Hechos de los Apóstoles (Hch 6, 1-7), el prelado articuló un discurso en el que estableció paralelismos entre los primeros conflictos de la Iglesia primitiva y las realidades actuales.

La lectura de los Hechos de los Apóstoles como punto de partida

El obispo evocó el episodio en el que “al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas”, recordando cómo los apóstoles afrontaron aquella situación. Citó expresamente que “no nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas”, motivo por el cual se propuso a la comunidad “escoger a siete hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría” para asumir dicha responsabilidad, una solución que, tal y como subrayó, “les pareció bien a todos”.

Advertencia sobre conflictos internos y su escasa relevancia

A partir de este pasaje, el prelado abordó lo que definió como “momentos de tensión al hilo del problema de la lengua de los Hechos de los Apóstoles”, aludiendo a cómo aquellos de lengua griega “se sentían discriminados”. Destacó que “el problema se resuelve dialogando” y puso en valor la elección de “siete hombres buenos y sabios” como respuesta comunitaria.

En un giro hacia la realidad contemporánea, afirmó que “también en nuestras comunidades aparecen divisiones”, instando a “analizar el motivo de estas divisiones”. En este sentido, precisó que “no deben ser como vestimos una imagen o como ponemos las flores”, sugiriendo que muchos de estos conflictos carecen de verdadera entidad, al tiempo que dejó entrever que “si fueran por cuestiones importantes, pero no, son por cuestiones sin importancia”.

Unas palabras bajo el prisma del reciente decreto diocesano

Estas manifestaciones, casuales o no, adquieren una significación especialmente relevante tras la divulgación del decreto emanado de la Delegación diocesana de Hermandades de Córdoba, encabezada por JJJ. Güeto, una disposición impuesta al conjunto de las hermandades de la diócesis que ha generado una notable inquietud y un llamativo rechazo en buena parte del tejido cofrade cordobés. No en vano, numerosas corporaciones han puesto de relieve que no han sido partícipes en su proceso de elaboración, circunstancia que ha intensificado la percepción de desafección institucional.

En este contexto, crece la preocupación entre las cofradías, que interpretan que su independencia y autonomía podrían quedar seriamente condicionadas, al tiempo que advierten de una posible merma en la prevalencia de sus reglas, tradicionalmente entendidas como la norma máxima que rige la vida interna de cada corporación. Todo ello sitúa el debate en un plano que trasciende lo meramente organizativo para adentrarse en cuestiones de calado estructural dentro del ámbito cofrade diocesano.

Sin embargo, este alegato en favor del diálogo, en consonancia con las palabras pronunciadas, permite abrir un tenue pero significativo horizonte de esperanza, en la medida en que apunta a la posibilidad de que la sensatez y el entendimiento prevalezcan sobre dinámicas percibidas como impositivas, alejadas del necesario consenso. De este modo, se vislumbra la expectativa de que la vía del diálogo constructivo pueda imponerse frente a cualquier lógica de ordeno y mando, favoreciendo un clima de acuerdo, participación y equilibrio institucional dentro de la vida cofrade.

El simbolismo del viento en el Evangelio y el papel de la fe

En la segunda parte de su intervención, el obispo se refirió al Evangelio proclamado, deteniéndose en el simbolismo del viento, que describió como “sinónimo de peligro”. A partir de esta imagen, advirtió que “cuando aparecen dificultades tenemos miedo”, vinculando esta reacción con la fragilidad humana ante la adversidad.

En este contexto, subrayó que “si no tenemos a Jesús cerca no podremos superar el miedo y las dificultades”, poniendo de relieve la necesidad de una vivencia profunda de la fe. Finalmente, recordó el papel intercesor de la Virgen, afirmando que “la Virgen nos auxilian”, en una apelación directa a la devoción mariana que caracteriza a la hermandad rociera.

Un mensaje pastoral centrado en la unidad y la profundidad espiritual

La homilía se configuró así como una exhortación a la concordia interna y a la superación de conflictos menores, al tiempo que invitó a los fieles a profundizar en la fe como herramienta para afrontar las dificultades. En el marco de una celebración de especial relevancia para la corporación, el obispo trazó un discurso que combinó referencias escriturísticas, análisis de la realidad presente y una llamada a la coherencia comunitaria.

Al término de la eucaristía, y en presencia del obispo, se procedió a la entrega de un donativo superior a los siete mil euros destinado a la Asociación Cordobesa de Esclerosis Múltiple, en un gesto que trasciende lo meramente simbólico para erigirse como una muestra tangible del compromiso solidario de la corporación. Esta aportación no constituye sino un ejemplo más que subraya la relevancia de la acción social que desarrollan las hermandades, cuya labor asistencial continúa consolidándose como uno de los pilares fundamentales de su identidad y proyección en la sociedad.