Tras un mes, desde que comenzara la histórica Semana Santa de la nueva Carrera Oficial, los cofrades ya hemos conseguido asimilar la multitud de sensaciones y emociones vividas en nuestras Estaciones de Penitencia.
El análisis de lo sucedido en esos 8 días mágicos para todos nosotros sigue desarrollándose en todas las casas de hermandad, tertulias, y otros rincones de la ciudad. En muchos de esos casos hasta somos capaces de realizar críticas constructivas, buscando mejorar aspectos de cara al próximo año… todo, de cara al próximo año, todo, pensando en la próxima Estación de Penitencia, como si entre una y otra sólo pasaran los días sin que pudiésemos hacer alguna otra cosa nada más que vender tortillas y cervezas en las cruces, feria y chiringuitos similares. Pero, ¿y mañana qué?, ¿y pasado qué?, ¿y la próxima semana qué?
Os invito hacer un examen de conciencia con dos grandes interrogantes: ¿para qué me ha o han servido mi/s estación/es de penitencia? , y la otra ¿qué hemos cambiado dentro de nosotros tras ella/s?. Algunos piensan que eso para qué sirve, si todo ha salido bien, hubo buen tiempo, una Carrera Oficial espectacular y única en el mundo; si además, en mi cuadrilla llegamos enteros y sin retrasos, andamos de lujo, y la banda que nos tocó es la “caña”… ¿a qué vienen estas absurdas preguntas? pensará más de uno. Igual, algún día, moriremos de éxito, y nos daremos cuenta cuando estemos un Jueves Santo en la playa, tomando un espeto en el chiringuito… Quizás alguno ya lo hace.
Sería bueno que los Hermanos Mayores, entre otras muchas cosas, valoren si realmente es necesario gastarse ese dineral en una banda de fuera de nuestra provincia, con marchamo de “pepino de banda”, cuando en casa las tenemos y tienen que desplazarse, cobrando más de lo que cobrarían a sus paisanos, por poner un ejemplo.
Sería bueno que los capataces reflexionemos si, “recitar levitaciones en alto”, o ir buscando el comentario con gracejo que luego reproducirán en Youtube 45.000 veces sus 24 incondicionales, es el mejor ejemplo de quienes por unos instantes nos convertimos en los ojos de Dios o su Santa Madre y deberíamos guiar a quienes dirigimos, no sólo el día de salida, sino el resto del año, pero claro, esto no se graba.
Sería bueno que todos esos costaleros que no saben ya qué inventar para llamar la atención, como pantalones 2 tallas menos, remangues que cortan la circulación para poder mostrar el “tatu” que dicta “esta es mi fe”, algún día se dieran cuenta que tienen el inmenso honor y el privilegio de ser los pies, por unas cuantas horas, de quien los lleva a ellos el resto del año, y actuar como costaleros cada día de su vida, pero claro esto no llama la atención, en tu casa, en tu trabajo, con algún amigo.
Sería bueno que a quienes les hace gracia emborronar con carreritas y espantadas en medio de una multitud, llegando a provocar en cientos de personas, ataques de ansiedad y dejando un desagradable recuerdo de una “Madrugá”, creada para rezar como sólo en esta bendita tierra sabemos hacer, los metieran en una cárcel el periodo de tiempo necesario hasta que sintieran el mismo grado de ansiedad que ellos mismos provocaron.
Sería bueno que quienes hacen estación de penitencia utilizaran la misma para efectuar una reflexión de su último año, pensando además que están haciendo una protestación de fe cristiana, y no utilizarlo para disfrazarse de algo castizo que he visto en mi ciudad, en mi barrio, desde que era chica, como si de un carnaval se tratara y por tanto, necesito hacerme un selfie.
Sería bueno que quienes salen a la calle a “ver pasos”, tuvieran el mínimo respeto hacia lo que están viendo. Es una auténtica pena observar cómo turistas de otras culturas lejanas a las cristianas, como los japoneses o los chinos, muestran una sensibilidad, un saber estar y un respeto hacia nuestras tradiciones, cuando se encuentran una imagen sagrada en la calle ante sus ojos, a diferencia de muchos de nuestros paisanos y vecinos, que encima tienen la desfachatez de confesarse Cristianos, “bueno, sin practicar”, pero Cristianos, y no dejan de escupir pipas, fumar y beber ante el paso de tu Cofradía.
Quiero y así lo hago, meterme yo el primero en algunas de las situaciones planteadas y por tanto, asumo el compromiso de cambiarlo, pero pensemos que quienes aún nos consideramos Cofrades de fe, debemos servir de ejemplo y denunciar lo que no es correcto, y hacerlo hoy, mañana, pasado mañana y la semana próxima y las 51 siguientes, porque nuestra vida, la que Ellos nos han regalado, es nuestra verdadera Estación de Penitencia, cada día que pasa es una “chicotá”, donde debemos sentir, mostrar, enseñar, aprender y, sobre todo, ayudar a nuestro costero, pues de lo contrario, algún día, sin darnos cuenta, moriremos de éxito.
¡Ahí Queó!





