Una vida de entrega absoluta al periodismo, a la fe y a las tradiciones populares
La ciudad de Sevilla despide con profundo pesar a Antonio Vázquez Capilla, referente ineludible de la comunicación cofrade y figura entrañable del universo rociero. Su fallecimiento, a los 95 años de edad, deja un vacío difícil de llenar en el corazón de quienes han compartido su incansable labor al servicio de la religiosidad popular, las hermandades y la fe mariana.
Nacido en una época marcada por las privaciones de la posguerra, Antonio supo construir su propio destino con tenacidad, humildad y vocación de servicio. Su biografía es un testimonio vivo de superación personal y compromiso colectivo. Aquella infancia difícil, forjada entre privaciones y trabajo precoz, no hizo sino templar el carácter de un hombre que encontró en la radio el cauce perfecto para dar voz a los sentimientos de un pueblo.
Una trayectoria ejemplar en la comunicación religiosa
Durante más de cincuenta años, Vázquez Capilla ejerció un magisterio silencioso y eficaz desde las ondas. Técnico de sonido en Radio Nacional de España y trabajador incansable en Televisión Española, participó en la cobertura de acontecimientos cruciales de la historia reciente, como la Operación Clavel, la muerte del general Franco o el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Sin embargo, más allá del periodismo generalista, su verdadera vocación se fraguó en el ámbito de la comunicación religiosa y cofrade, donde dejó una huella indeleble.
Su vinculación con la antigua Sevilla Televisión, así como su incansable colaboración con medios locales, sirvió para fortalecer la imagen pública de las hermandades sevillanas en una época de creciente interés mediático. Pero fue, sobre todo, su papel como responsable del gabinete de comunicación del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, durante 37 años, el que lo consolidó como una de las figuras esenciales en la historia contemporánea del movimiento cofrade. En paralelo, coordinó durante décadas el dispositivo de control de accesos a la Campana en la Semana Santa, hasta que en 2014 cedió el testigo a Antonio Rivera.
Un rociero comprometido con la devoción a la Virgen del Rocío
Además de su intensa labor en Sevilla, Antonio desempeñó un papel crucial en la Hermandad Matriz de Almonte, donde dirigió el departamento de prensa. Su experiencia resultó fundamental en momentos de especial trascendencia, como la histórica visita de San Juan Pablo II al Rocío en 1993, acontecimiento que contribuyó a proyectar la devoción rociera más allá de nuestras fronteras.
“Mi universidad fue la vida”
A los 90 años, y con la serenidad de quien ha cumplido su deber con creces, Antonio decidió narrar sus memorias en un libro profundamente humano, titulado Mi universidad fue la vida. En él desgrana los avatares de su existencia, marcada por el sacrificio, el amor a su familia y la voluntad férrea de dar a sus tres hijos aquello que a él le fue negado: el acceso a una educación superior.
El texto no es solo una autobiografía, sino también un documento valioso para comprender una generación que supo alzarse desde la nada con dignidad, esfuerzo y fe. Cada página del libro respira la entereza de quien nunca renunció a su vocación ni a sus principios.
Una despedida con gratitud y reconocimiento
La figura de Antonio Vázquez Capilla trasciende su tiempo y su oficio. Representa una forma de entender la vida, el compromiso con lo comunitario y el respeto a las tradiciones. Fue un testigo privilegiado de la transformación de Sevilla, y un actor esencial en la proyección pública de su Semana Santa y de la devoción rociera.
Hoy, al despedirlo, la ciudad lo recuerda con emoción y respeto, reconociendo en él a uno de esos hombres que, sin buscar protagonismo, han tejido con su trabajo silencioso el alma profunda de nuestras devociones.
Que la Virgen del Rocío, a quien tanto sirvió, lo reciba bajo su manto eterno. Descanse en paz.
Foto: Juan Flores





