Portada, Sevilla

Fallece Don José Robles, eterno párroco de San Esteban

La Hermandad de la Virgen de la Alegría ha comunicado con gran pesar el fallecimiento de don José Robles Gómez, eterno párroco de San Esteban, nombrado director espiritual perpetuo de la Corporación letífica el pasado mes de septiembre y a quien hace justo un año el Ayuntamiento de Sevilla dedicó una calle, cumpliendo uno de los sueños de muchos devotos de la Iglesia de San Esteban o el Convento de Santa María de Jesús.

Un hombre esencial, que también era director espiritual de la Hermandad de San Esteban, sin el cual sería imposible entender una feligresía que desde hoy llora su ausencia. Los priostes, vestidor y camareras de María Santísima Madre de los Desamparados han preparado a la dolorosa con las vestiduras de duelo por el repentino fallecimiento.

Mañana domingo, 8 de enero, a las 10h el Sr Vicario General de la Archidiócesis, D. Teodoro León, presidirá la Misa de “corpore in sepulto” de D.José Robles en la Parroquia de San Esteban, tras la cual se iniciará el traslado al cementerio para proceder al sepelio.

Don José Robles Gómez nació en el Puerto de Santa María en 1934. A los once años de edad ingresó en el Seminario Menor de Sanlúcar de Barrameda. Cursó estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Sevilla (San Telmo) y fue ordenado sacerdote en junio de 1959.

Sus primeros destinos pastorales los realizó en las parroquias de Ntra. Sra. de Guía (La Pañoleta), Cerro del Águila y del Sagrario. Fue brillante su labor realizada para la Archidiócesis de Sevilla como Delegado diocesano de Pastoral Social y en la Fundación Cardenal Spínola de lucha contra el paro.

En marzo de 1970 fue nombrado rector del templo de San Esteban, cargo que desempañó hasta agosto de 2020. Desde entonces y hasta ahora, siempre ha vivido y formado parte de la Judería, siendo aún director espiritual de sus hermandades y pilar insustituible de sus vidas cristianas.

Virgen de los Desamparados. Foto: Alejandro Sigüenza.

La voz de don José es especial. Tal vez porque está ausente de toda retórica. Dice lo que piensa y siente lo que dice. Y tú lo sientes también. Un secreto sencillo pero difícil de dominar, pero que a menudo separa claramente a la vocación de la simple profesionalidad.

Don José tenía siempre la respuesta justa para cada problema que se le plantea. Es hombre de paz. Se puede decir que encarnaba a la perfección la bienaventuranza: “Dichosos los que trabajan por la paz”. Y desde luego don José ha trabajado duramente. Y siempre con palabras de paz.

Monja Clarisa del Convento de Santa María de Jesús. Calle Águilas. Foto: ArchiSevilla.

Las palabras de don José siempre han sido luz para los vecinos. Toda persona, independientemente de su cultura o conocimientos, es capaz de percibir la sinceridad y la calidez. Por eso, las peticiones de ayuda o de consejo, además de útiles, han ido extendiendo por su barrio una corriente de confianza paternal en su pastor.

Ahora, don José se ha marchado de este mundo. Pero su luz sigue brillando con igual fuerza que siempre. Seguirá residiendo en su barrio, que es donde quiso estar. Y su barrio lo sigue necesitando.

Porque los faros no caducan. Simplemente, iluminan.