Fallece Fermín Pérez Martínez, cofrade ejemplar, pregonero y voz perpetua de la Semana Santa de Córdoba

La Semana Santa de Córdoba atraviesa horas de desolación íntima y duelo profundo tras el fallecimiento repentino de Fermín Pérez Martínez, ocurrido en la noche de este jueves, en plena Cuaresma y mientras la ciudad se hallaba inmersa en los cultos del quinario de Jesús Nazareno. Su muerte, inesperada y silenciosa, ha dejado un vacío difícil de nombrar, no solo por la dimensión pública de su figura, sino por la densidad humana y espiritual de una vida entregada sin reservas a la fe cofrade.

No se apaga únicamente una voz reconocida y respetada; se interrumpe una forma de estar, una manera de vivir la religiosidad desde la hondura, la discreción y la palabra justa, pronunciada siempre como oración.

La llamada temprana de Jesús Nazareno

Desde los albores de la refundación de la hermandad de Jesús Nazareno, a comienzos de la década de 1970, Fermín Pérez Martínez estuvo entre los primeros hermanos que reconstruyeron la corporación desde la memoria, la fidelidad y la esperanza. Aquella vinculación inicial no fue episódica, sino fundacional, tanto en lo institucional como en lo espiritual. Vistió la túnica negra y, en numerosas ocasiones, la morada, como evocación consciente de la antigua hermandad, subrayando un sentido de continuidad que trascendía lo externo.

Formación, docencia y servicio

A esa vivencia interior se sumó una sólida base intelectual. Licenciado en Ciencias Biológicas y Maestro de Educación Primaria por oposición desde 1983, desarrolló su labor docente convencido de que educar era también un acto de fe y responsabilidad moral. Desde las aulas ejerció una pedagogía silenciosa, coherente con su forma de entender el mundo, donde la palabra debía ser siempre vehículo de verdad y cuidado del otro.

Hermano comprometido y presencia constante

Su pertenencia a Jesús Nazareno fue activa y comprometida, ocupando diversos cargos en la Junta de Gobierno, siempre desde la responsabilidad callada y la ausencia de protagonismo. Junto a esta hermandad matriz, fue también hermano del Cristo de Gracia, de Nuestra Señora de los Dolores, del Socorro, de Linares y de Villaviciosa, configurando un amplio mapa devocional que reflejaba su implicación transversal en la vida cofrade cordobesa. Era frecuente encontrarlo en los cultos o en las actividades de las hermandades, siempre desde una religiosidad vivida en clave espiritual, ajena al ruido y a la vanidad.

El pregón como cima de la palabra

En 1989, su figura alcanzó una proyección definitiva al pronunciar el pregón de la Semana Santa de Córdoba, una pieza recordada por la hondura de su pensamiento, la belleza de su prosa y la intensidad de sus versos. Aquel pregón no fue una declamación, sino una meditación pública, una catequesis poética que elevó la palabra a la categoría de plegaria compartida.

A este hito se sumaron otros de gran relevancia: en 2003 fue pregonero de la Coronación Canónica de la Virgen del Socorro; en 2009, pregonero del Viernes de Dolores; en 2010, pregonero de la Virgen de Linares; en 2012 asumió el pregón de las Glorias y, en 2014, ejerció como exaltador de San Álvaro, cerrando un itinerario oratorio que lo situó en el centro de los grandes momentos devocionales de la ciudad.

La voz que acompañó a las imágenes

Más allá de la escritura, su voz grave, profunda y perfectamente modulada se convirtió en un signo reconocible. En 2013, la Agrupación de Cofradías le confió el rezo de las estaciones del Vía Crucis Magno del Año de la Fe, donde su palabra fue contrapunto esencial a la elocuencia muda de las imágenes. Repitió esta experiencia en la procesión Regina Mater de 2015 y en la celebrada con motivo de la exposición ‘Por tu cruz redimiste al mundo’, siempre desde una humildad que él mismo expresó con claridad.

Textos para la memoria y el patrimonio

Especialmente fecundo fue el año 2007, cuando ejerció como pregonero de las hermandades de la Agonía y Esperanza y firmó varios textos llamados a perdurar: el panegírico de las bodas de plata de la restauración del Cristo de Gracia, la salutación del 8 de septiembre a Nuestra Señora del Socorro y el opúsculo conmemorativo del hermanamiento entre las hermandades del Vía Crucis y del Cristo de Gracia, piezas que hoy adquieren valor de legado.

El reconocimiento a una vida coherente

En 2014, la Agrupación de Cofradías de Córdoba lo distinguió como Cofrade Ejemplar, reconocimiento que vino a confirmar públicamente lo que muchos ya sabían: que su trayectoria estaba marcada por la coherencia, la fidelidad y la ausencia absoluta de artificio. Su producción poética, heredera del espíritu de Cántico y de la sensibilidad de Pablo García Baena, encontró en Jesús Nazareno su centro más reiterado.

Con su fallecimiento, Córdoba pierde una voz y una conciencia, pero gana una memoria que permanecerá. Queda su palabra, queda su ejemplo y queda, sobre todo, la huella de una fe vivida hasta el final, ahora envuelta en el silencio respetuoso de quienes saben que algunas ausencias no se llenan, solo se veneran.