El imaginero Fernando Aguado ha dado a conocer recientemente su nueva creación escultórica, una imagen de Cristo Crucificado concebida para la Parroquia Sedes Sapientiae de México, destinada a ocupar un lugar central en el altar mayor del templo. La obra se integra en el contexto litúrgico del espacio parroquial como pieza principal de devoción y contemplación, reforzando el diálogo entre arte sacro, espiritualidad y arquitectura religiosa.
La escultura, de dos metros de altura, ha sido diseñada específicamente para presidir el ámbito principal del templo, atendiendo tanto a las proporciones del espacio como a las necesidades iconográficas y devocionales planteadas por la comunidad parroquial.
Un planteamiento iconográfico de raíz clásica
Desde el punto de vista estilístico, la imagen responde fielmente a las indicaciones formuladas por el rector de la parroquia, quien solicitó un Cristo ya fallecido, representado con la cabeza erguida, sin desplomarse sobre el pecho. Esta elección iconográfica se traduce en una composición de marcado naturalismo, equilibrada y serena, que remite a los modelos clásicos de la imaginería sacra.
El tratamiento anatómico y expresivo busca transmitir la solemnidad del momento posterior a la muerte, evitando dramatismos excesivos y apostando por una lectura contenida y profundamente humana del Crucificado, en consonancia con una tradición escultórica de largo recorrido histórico.
Técnica y materiales al servicio del mensaje devocional
La obra ha sido ejecutada en madera de cedro, un material habitual en la escultura sacra por sus cualidades estructurales y su durabilidad, y presenta una policromía realizada al óleo, aplicada con criterios de veracidad cromática y respeto a la anatomía. Este acabado contribuye a reforzar el carácter naturalista de la imagen y a subrayar la calidad técnica del conjunto.
Uno de los elementos más significativos de la talla es la corona de espinas, labrada directamente en la propia cabeza del Crucificado, integrándose de forma orgánica en la escultura. Este recurso refuerza la unidad formal de la imagen y subraya la voluntad de coherencia plástica en todos sus detalles.
Una obra concebida para el culto y la contemplación
El Cristo Crucificado presentado por Fernando Aguado se inscribe plenamente en la tradición del arte sacro concebido para el culto, donde la excelencia técnica y la fidelidad iconográfica se ponen al servicio de la función litúrgica. Su ubicación en el altar mayor lo convierte en referente visual y espiritual del templo, llamado a presidir celebraciones y momentos de oración comunitaria.
Con esta nueva creación, el imaginero reafirma su compromiso con una escultura religiosa que armoniza rigor formal, sensibilidad estética y profundidad teológica, consolidando su aportación al patrimonio sacro contemporáneo en el ámbito internacional.






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