Representa a María junto a sus padres San Joaquín y Santa Ana
La Hermandad de Santa María de África, Patrona de Ceuta, se encuentra inmersa en la ejecución del proyecto de nuevos faldones para el paso procesional de la Virgen, cuyo diseño, obra de Javier Sánchez de los Reyes, está siendo ejecutado por el taller de la bordadora motrileña Elena Burgos. El proyecto se estrenará en una primera fase estas próximas Fiestas Patronales con los faldones trasero y delantero que fueron bendecidos este sábado.
El genial artista sevillano Fernando Vaquero ha sido designado por la junta directiva de la Hermandad de Santa María de África, Patrona de Ceuta, para que realice una obra de capital importancia, toda vez que trasciende al tiempo y se perpetuará en el imaginario colectivo de los miles de fieles y devotos con los que cuenta está importante imagen devocional, la más importante de la localidad española. Se trata del medallón frontal del paso de la Virgen. El impresionante medallón central representa a María junto a sus padres, San Joaquín y Santa Ana.





Con la elección de Vaquero, la hermandad apuesta por uno de los pintores más prestigiosos del actual panorama de la pintura religiosa contemporánea para acometer una empresa que determinará decisivamente la fisionomía del altar itinerante en el que camina cada año entronizada esta devoción fundamental del sur de España. La escultura es una talla gótica del siglo XV. Se presenta entronizada, sedente, y con el cuerpo muerto de Cristo en sus brazos, al estilo de la Piedad. El infante Enrique el Navegante en 1421 envió a Ceuta una imagen de la Virgen con este mensaje: «Os envío una imagen de la Virgen, muy devota mía». Añadía el mensaje que a esa imagen se le había rendido culto anteriormente y que en adelante la venerasen con la advocación de Santa María de África.
El bastón de mando del primer gobernador, Pedro de Meneses, es conocido como el aleo. Al recibirlo dijo la frase: «Con este palo me basto». Esta frase aparece en el escudo de la Comandancia General de Ceuta. Todos los años se celebra una ceremonia en la que el comandante general entrega el aleo a la Virgen de África. Fue coronada canónicamente el 10 de noviembre de 1946. Y aunque siempre fue considerada patrona, no fue hasta el 24 de noviembre de 1949, cuando Su Santidad el papa Pío XII otorgó el breve pontificio declarando oficialmente el patronazgo.
Cabe recordar que Vaquero ya realizó, para la corporación ceutí, el cartel anunciador de la salida extraordinaria que tuvo lugar en noviembre de 2022, que fue el gran colofón final a todos los actos que se celebraron a lo largo de todo ese año con motivo de 75 aniversario de la coronación de Santa María de África. Una auténtica maravilla que fue recibida con brillo en la mirada y enorme satisfacción por el público asistente al acto y por los miles de fieles de una de las devociones esenciales de la geografía cofrade.
La obra, que lleva por título “La primera procesión”, es un espectacular y emocionante óleo sobre tabla, que está situado junto a la imagen letífica, de unas dimensiones de 174 x 114 cm que muestra una escena histórica, fundamental para comprender la particular idiosincrasia de la ciudad española de Ceuta. La tipografía sobreimpresa inscrita en el cartel físico está inspirada en los dos colores de la bandera de los caballeros de Cristo: el rojo y el blanco, bandera que aparece en la última vela de la nao. Todo ello con un testigo de excepción: “el sol de la tarde que cae sobre Ceuta, como bajando también la cabeza en señal de respeto y reflejándose en esas aguas que brillan tanto que casi nos ciegan”.

Vaquero recordaba en la presentación de la maravillosa obra que “hace más de 600 años el infante portugués Enrique el Navegante parte hacia Ceuta con una misión: conquistar Ceuta a los musulmanes”, explicando que “el 21 de agosto de 1415 tiene lugar el enfrentamiento y tan solo un día después la ciudad era ya cristiana”. “Tras aquella victoria –proseguía el genial artista-, un barco parte de Portugal con destino a Ceuta. llevando en su interior el más valioso de los cargamentos: la talla de una Virgen a la que el infante pide le pongan por nombre “Santa María de África”. Toda una historia que bien merecería una película y es eso lo que he hecho precisamente para concebir este cartel, imaginar aquella historia”, desvelaba Vaquero.
El artista, que reconocía que cuando le comunicaron su designación como cartelista de la Salida Extraordinaria de Santa María de África poco o nada sabía sobre esta sagrada imagen , más allá de “una pequeña y gastada estampita de la Virgen que mi abuelo Jacinto conservaba en su casa”. Vaquero explicó que le preguntó a su madre por el origen de aquella estampa “ya que no tenía conocimiento alguno de que mi familia estuviese vinculada de alguna manera a Ceuta y me contó que la hermana de mi abuelo fue monja perteneciente a la orden de las Hijas de la Caridad y que dedicó toda su vida a asistir a los enfermos en la Cruz Roja de Ceuta”. Una vinculación familiar que el artista puso en valor toda vez que “cuando un artista trabaja en una obra en la que existe alguna vinculación personal, la creatividad surca unos caminos distintos a cuando no existe dicha vinculación”.

Vaquero pidió al público asistente dejar volar la imaginación “como yo lo hice”: “imaginen aquella playa, imaginen a aquellos hombres y mujeres esperando la llegada de un barco aquella tarde de hace más de 600 años, intenten sentir lo que ellos sintieron a ver bajar aquella imagen. Sumérjanse en esta escena como si de un viaje en el tiempo se tratara y así entenderán con mayor profundidad lo que he querido pintar. Y si esta fuera la escena de una película sería una escena casi sin sonido porque si se fijan, nadie habla con nadie, todos la miran y callan, porque a nadie le salen las palabras… el más absoluto y respetuoso de los silencios, roto quizás por el ruido de las olas y el crujir del barco, recibe a la Virgen. Quizás algún leve rezo de las mujeres que en primera fila bajan la cabeza en señal de respeto, quizás el paso lento y solemne de aquellos cuatro porteadores pero nada más… silencio, silencio , el más respetuoso de los silencios”, explicó el artista tiñendo de emoción contenida la mirada de los fieles y devotos que tuvieron la suerte de estar presentes en el acto.
“Aquellos habitantes de esa nueva ciudad conquistada no eran conscientes en ese momento –subrayó-, pero estaban asistiendo a la primera procesión de Santa María de África”. Vaquero incidió en las banderas e insignias portuguesas de aquella época sobre los mástiles, “una de ellas con el paso del tiempo se convertiría en la bandera de Ceuta y la otra en su escudo”. Finalmente, llamó la atención de los presentes en la figura del infante observándolo todo sobre la toldilla de popa; un infante que “no he podido dejar de pintar, porque es a él a quien debemos que aquella imagen llegara a vuestras costas: Don Enrique el Navegante, al que me he alegrado ver hace un rato en vuestras calles en una de sus estatuas”.





