El salón del trono del Ayuntamiento de Ceuta ha sido el escenario perfecto, elegido para desvelar la última joya del pintor Fernando Vaquero, el cartel anunciador de la salida extraordinaria que tendrá lugar en noviembre de este año y será el gran colofón final a todos los actos que se celebran a lo largo de todo este año con motivo de 75 aniversario de la coronación de Santa María de África. Una auténtica maravilla que ha sido recibida con brillo en la mirada y enorme satisfacción por el público asistente al acto y por los miles de fieles de una de las devociones esenciales de la geografía cofrade.
La obra, que lleva por título “La primera procesión”, es un espectacular y emocionante óleo sobre tabla, de unas dimensiones de 174 x 114 cm que muestra una escena histórica, fundamental para comprender la particular idiosincrasia de la ciudad española de Ceuta. La tipografía sobreimpresa inscrita en el cartel físico está inspirada en los dos colores de la bandera de los caballeros de Cristo: el rojo y el blanco, bandera que aparece en la última vela de la nao. Todo ello con un testigo de excepción: “el sol de la tarde que cae sobre Ceuta, como bajando también la cabeza en señal de respeto y reflejándose en esas aguas que brillan tanto que casi nos ciegan”.
Vaquero ha recordado que “hace más de 600 años el infante portugués Enrique el Navegante parte hacia Ceuta con una misión: conquistar Ceuta a los musulmanes”, explicando que “el 21 de agosto de 1415 tiene lugar el enfrentamiento y tan solo un día después la ciudad era ya cristiana”. “Tras aquella victoria –ha proseguido el genial artista-, un barco parte de Portugal con destino a Ceuta. llevando en su interior el más valioso de los cargamentos: la talla de una Virgen a la que el infante pide le pongan por nombre “Santa María de África”. Toda una historia que bien merecería una película y es eso lo que he hecho precisamente para concebir este cartel, imaginar aquella historia”, ha desvelado Vaquero.
El artista, que ha reconocido que cuando le comunicaron su designación como cartelista de la Salida Extraordinaria de Santa María de África poco o nada sabía sobre esta sagrada imagen , más allá de “una pequeña y gastada estampita de la Virgen que mi abuelo Jacinto conservaba en su casa”. Vaquero ha explicado que le preguntó a su madre por el origen de aquella estampa “ya que no tenía conocimiento alguno de que mi familia estuviese vinculada de alguna manera a Ceuta y me contó que la hermana de mi abuelo fue monja perteneciente a la orden de las Hijas de la Caridad y que dedicó toda su vida a asistir a los enfermos en la Cruz Roja de Ceuta”. Una vinculación familiar que el artista ha puesto en valor toda vez que “cuando un artista trabaja en una obra en la que existe alguna vinculación personal, la creatividad surca unos caminos distintos a cuando no existe dicha vinculación”.
Vaquero ha pedido al público asistente dejar volar la imaginación “como yo lo hice”: “imaginen aquella playa, imaginen a aquellos hombres y mujeres esperando la llegada de un barco aquella tarde de hace más de 600 años, intenten sentir lo que ellos sintieron a ver bajar aquella imagen. Sumérjanse en esta escena como si de un viaje en el tiempo se tratara y así entenderán con mayor profundidad lo que he querido pintar. Y si esta fuera la escena de una película sería una escena casi sin sonido porque si se fijan, nadie habla con nadie, todos la miran y callan, porque a nadie le salen las palabras… el más absoluto y respetuoso de los silencios, roto quizás por el ruido de las olas y el crujir del barco, recibe a la Virgen. Quizás algún leve rezo de las mujeres que en primera fila bajan la cabeza en señal de respeto, quizás el paso lento y solemne de aquellos cuatro porteadores pero nada más… silencio, silencio , el más respetuoso de los silencios”, ha explicado el artista tiñendo de emoción contenida la mirada de los fieles y devotos que han tenido la suerte de estar presentes en el acto.
“Aquellos habitantes de esa nueva ciudad conquistada no eran conscientes en ese momento –ha subrayado-, pero estaban asistiendo a la primera procesión de Santa María de África”. Vaquero ha incidido en las banderas e insignias portuguesas de aquella época sobre los mástiles, “una de ellas con el paso del tiempo se convertiría en la bandera de Ceuta y la otra en su escudo”. Finalmente, ha llamado la atención de los presentes en la figura del infante observándolo todo sobre la toldilla de popa; un infante que “no he podido dejar de pintar, porque es a él a quien debemos que aquella imagen llegara a vuestras costas: Don Enrique el Navegante, al que me he alegrado ver hace un rato en vuestras calles en una de sus estatuas”.





