Sevilla, ⭐ Portada

Fernando Vaquero fascina con su espectacular cartel del L Aniversario de la hechura del Señor Yacente de Coria del Río

Las expresiones, el claroscuro y la cuidada escenografía predominan en la obra

El prestigioso pintor Fernando Vaquero ha presentado en la noche de este viernes el cartel de la Hermandad de la Soledad de Coria del Río (Sevilla), que conmemora el L Aniversario de la Hechura del Cristo Yacente. Es una obra sobrecogedora que ha logrado enmudecer al público asistente, embelesado tras el prolongado aplauso que se ha producido al desvelarse.

La imagen del Cristo Yacente (1972), es considerada como la obra cumbre de Francisco Buiza Fernández. Se trata de una impresionante imagen que representa el cuerpo del Cristo Muerto dentro de una sobriedad de planos que no es óbice para que en la misma se dé una exageración de ciertos rasgos estilísticos, que en cierta forma recuerda a Juan de Mesa, como son el abombamiento de las cuencas orbitales y la profusión de rizos, guedejas y tirabuzones en la cabellera con lo que consigue un efecto muy especial de claroscuro; algo que se repite en la intensidad con que fija las huellas de los clavos en los pies y manos de Cristo tallados de una manera magistral. La extraordinaria belleza de esta imagen hacen que produzca en el devoto una especial tensión emocional al contemplarlo.

Vaquero ha recordado en la presentación de su maravillosa obra que «en el año 2016 el Papa Francisco proclama el día 22 de junio como día de la Fiesta Mayor de Santa María Magdalena, confirmando así lo que la historia del arte llevaba ya demostrando desde hace siglos: el potente poder emotivo y simbólico de esta santa . No tenemos más que echar una visual a los titulares esta Hermandad para darnos cuenta de la importancia de esta santa pues fue ella la última en verlo yacente y la primera en ver su rostro resucitado de ahí que a la hora de componer esta obra María Magdalena apareciese ya desde mis los primeras ideas para este cartel».

Cartel Conmemorativo del L Aniversario de la Hechura del Cristo Yacente. Fernando Vaquero.

«He creído ver en María Magdalena, -ha revelado Vaquero-, tan cercana a nosotros en los fallos de su humanidad, la representación de este pueblo y de estos hermanos que en sus momentos de aflicción se agarran a Él, se apoyan en Él entre lágrimas para que los reconforte». «En su homilía, -continúa el autor-, el papa Francisco relata la experiencia de María Magdalena en el sepulcro. Leo textualmente: ‘Es el momento de la oscuridad en su alma, del fracaso. María Magdalena no dice he fracasado, no…simplemente llora. Porque a veces en nuestra vida los anteojos para ver a Jesús son las lágrimas, ​ porque el llanto – dice el Santo Padre- nos prepara para ver a Jesús’. En esta escena la santa llora abrazando el brazo de su Maestro, un Maestro representado aquí de forma absolutamente excepcional por la gubia de Buiza y que es el auténtico protagonista del día de hoy».

Fernando Vaquero ha continuado su disertación indicando que «no solo por la devoción que arrastra sino por la belleza que atesora, una auténtica obra de arte que el año que viene cumplirá 50 años y que con este cartel se anunciará tal efeméride. Es una escena oscura, iluminada únicamente por la luz de una lucerna. El cabello de Maria Magdalena parece secar los regueros de sangre de su brazo mientras el cuerpo de Cristo reposa ya, inerte, sobre la losa fría. En el escalón la leyenda que anuncia el 50 aniversario y en el suelo una corona de espinas que cierra la composición. La escena está basada en un cuadro de un artista muy poco conocido: el pintor croata Bela Čikoš Sesija».​

«La técnica que he utilizado, -ha explicado el reconocido artista-, es el óleo sobre lienzo y las medidas 146 x 97 cm. Lo que les voy a contar ahora no pretendo que lo entiendan…de hecho no pensaba comentarlo pero al final he decidido compartir con vosotros ese otro ‘por qué’ de esta obra y qué es lo que ha ocurrido para que yo me haya vinculado a este cartel personal y emocionalmente».

«Por una extraña razón que no alcanzo a comprender, -ha indicado Vaquero-, la iconografía de Cristo Yacente se viene repitiendo constantemente en mi producción: en el primer cartel que pinte para una Semana Santa, la de Carmona, ya figuraba un yacente, curiosamente otra obra de Buiza, llegó después el cartel de la Semana Santa de Sevilla y de nuevo un yacente lo protagonizó, al año siguiente me tocaría pintar el yacente de Dos Hermanas en su cartel de la Semana Santa y cuando me eligieron en Marchena para pintar el cartel no podía creerme el titular que me había tocado pintar: De nuevo otro yacente. Por lo tanto imagínense mi cara al recibir la llamada de esta querida Hermandad para comunicarme que era yo el artista encargado para pintar esta obra, porque imaginarán que no es fácil componer cinco carteles sobre el mismo momento de la vida de Cristo sin repetirse. Pero aquel día que visité por primera vez esta Hermandad para firmar el contrato algo extrañamente familiar me llegó al alma a ver este Cristo: Al agacharme para verlo de cerca me fijé en aquella firma tallada en su sudario y entonces lo entendí todo».

Seguidamente Fernando Vaquero se ha retrotraído al año en que fue realizada la imagen que preside el cartel, 1972, recordando que Buiza «tendría hoy 99 años y seguramente en este acto estaría sentado entre vosotros contemplando orgulloso como su Cristo cumplía ya el medio siglo. Seguramente porque mi madre es de Carmona como lo era Buiza, este imaginero ha sido siempre para mi alguien muy especial como ahora comprobarán pero no voy a hablar hoy aquí del Buiza artista que todos conocemos, ni de sus obras, sino del Buiza mas desconocido, el Buiza humano, porque quizás, conociendo estas anécdotas, puedan entender mejor el por qué de aquel agrio carácter que tenía, de aquella personalidad difícil y retraída ​ y del por que de aquel aparente mal humor que le hizo que sus allegados en algunas ocasiones ​ lo llegaran a llamaran ‘el tigre’. En el Buiza que yo conocí a través de mis lecturas y sobre todo a través de las historias que me contó el médico que lo operó por última vez está el otro motivo de por qué he concebido así este cartel».

Vaquero ha recordado que «Francisco Buiza nació en el pueblo de mi madre, Carmona, ​y en él resulta muy cierto eso de que la infancia es la patria del hombre, pues el maestro siempre recordó hasta en sus últimos años, aquellos descubrimientos de su niñez en Carmona cuando pasaba las semanas santas pidiendo cera a los nazarenos para hacer después con ella sus primeras figuritas. No tuvo una vida fácil, nació de una familia humilde , durante las penurias de la guerra civil tuvo que trabajar de muchas cosas para ayudar con los problemas económicos por los que atravesaba su familia: cabrero, agricultor, panadero … Y no fueron solo económicos los problemas de aquella familia ​ ‘Mis padres’ -decía Buiza- ‘nunca se llevaron bien, los disgustos en casa eran tremendos, trataron de separarse y estuvieron separados hasta su muerte’. Más adelante la familia se traslada a Sevilla entrando Buiza a ser discípulo de Sebastián Santos de quien lo aprendió prácticamente todo. Tras su aprendizaje abre su taller en la casa de los artistas, junto a la Iglesia de mi Hermandad: San Juan de la Palma».

«Otro problema que marcó para siempre a Buiza, -ha subrayado el genial cartelista-, ocurrió en el 62 cuando sufre un accidente de moto que lo lleva a estar un año hospitalizado dejándolo en la más absoluta pobreza teniendo que ser socorrido por amigos y sobre todo por las Hermanas de la Cruz. Tras este hecho la cojera y el bastón lo acompañarán hasta el final de su vida. Sin embargo, sus ganas de crear nunca desfallecieron, y cuando iban a verlo siempre decía que quizás se quedaría cojo, pero no manco».

«Otra de las grandes tristezas de Buiza, -ha comentado Fernando Vaquero-, fue el no haber podido tener hijos; y su madre, por la que sentía adoración, frecuentemente le decía para consolarlo que su Cristo de la Sangre era su nieto. Aquella madre muere en el 78 y la noticia le afecta tanto que cae enfermo y sufre una paralización renal. Estos y otros avatares por los que atravesó Buiza hicieron de él una persona con un carácter difícil, buscaba el aislamiento, recelaba del ‘ruido’ y la publicidad que su cargo le reportaba: ‘Yo -decía- soy un individuo quizás poco sociable, tengo un carácter un poco áspero y en mi vida profesional soy agrio, agrio porque yo quiero las cosas tan buenas y tan bien hechas que es muy difícil quedarme contento’.

Y ha añadido que «lo que realmente me hizo conocer al Buiza hombre se lo debo al Dr. Arenas, cirujano y gran coleccionista de arte. Contactó conmigo hace unos años por un tema artístico y pronto nos hicimos amigos. Posee Don Juan Arenas una maravillosa colección de arte que en varias ocasiones he tenido la fortuna de disfrutar con obras de Alonso Cano, Ressendi, y hasta una posible atribución de Velázquez. Una tarde, charlando de arte en su casa, en una de las mesas de su salón una pieza me llamó la atención: era la cabeza de un San Juan Bautista. Él, al ver como yo la miraba, me dijo: ​ ‘Ésta y otras piezas me las regaló Buiza’. Yo fui quien lo operó del cáncer en la Cruz Roja de Triana».

«Viendo mi curiosidad e interés por Buiza, -ha desvelado Vaquero-, el Doctor Arenas me contó mil y una anécdotas como por ejemplo aquella vez que el mismísimo astronauta Neil Armstrong visitó su taller, o el día que lo hizo Brigitte Bardot o el actor Anthony Quinn». «Pero dentro de ese carácter agrio, -ha matizado-, Buiza en la intimidad también tenía sus momentos de humor». Y para confirmarlo ha revelado una anécdota transcrita de boca del propio Buiza: “Una vez íbamos a llevar a Lora del río un romano y un judío que yo había restaurado, al llegar a la estación comprobamos que no había sitio para meter las figuras en el vagón de equipajes, entonces no se me ocurrió otra cosa que sacarle a cada figura un billete. Nos acomodamos. Pero lo gracioso fue la cara que puso el revisor cuando nos vió a los dos y a las figuras sentados en el vagón. El empleado al ver la escena preguntó: ¿Esto qué es? y yo le contesté: estos señores tienen billete y al hombre aquello le hizo tanta gracia que no paró de reír en todo el viaje. ‘Como comprenderás​ -me contaba el Doctor Arenas- a raíz de la operación tuvimos muchas ocasiones de hablar de lo divino y de lo humano, de la vida y de la muerte’.

«Una vez, -ha desvelado Vaquero-, al preguntarle por sus hijos me respondió: ‘No los pude tener, así que nadie llorará ante mi tumba…’ Y fue el recuerdo de este comentario, el que apareció en mi memoria cuando recibí el encargo de esta Hermandad». Y prosigue desvelando que «de ahí la imagen de esta muchacha que, sí, representa a la Magdalena llorando ante el cuerpo de Cristo pero para mí ella representará ya para siempre a aquella hija que nunca pudo tener para que llore eternamente ante su tumba; y al buscar una modelo para ese cuadro no se me ocurrió nadie mejor que ella, pues, no ha sido una simple modelo seleccionada al azar la elegida para este cuadro, sino alguien por cuyo interior discurre también sangre carmonense, la misma que la del maestro. Ella se llama Virginia Escalera y es hija de una antigua familia de Carmona a la que yo quiero especialmente». «Y aquí termina, -dice Vaquero-, esta licencia artística que iba a guardar para mí como un secreto y que no pensaba contar, así que… Déjenme que imagine con este cuadro… Déjenme que fantasee con esta escena pensando que, mientras la historia verá siempre en este cartel a una Magdalena llorando ante Cristo, el maestro desde el cielo hoy me sonreirá agradeciéndome su otro significado. Francisco Buiza: hoy siento más que nunca tu presencia entre nosotros».

Con esta obra, Coria del Río se suma ya a la cada vez más larga lista de localidades que tiene la fortuna de contar con una obra de este artista considerado ya fundamental en la historia de la cartelería: Fernando Vaquero.

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