La Hermandad de la Vera Cruz de Setenil de las Bodegas (Málaga) celebra su 475 aniversario fundacional con una impresionante obra que trasciende lo conmemorativo para adentrarse en el terreno de lo emocional, lo espiritual y lo profundamente humano. El encargado de dar forma a este acontecimiento histórico ha sido el pintor sevillano Fernando Vaquero, cuya nueva creación se erige como una auténtica joya artística y devocional, nacida desde la introspección más honda y ofrecida como testimonio de fe, gratitud y esperanza.
Un cartel nacido desde la oscuridad y la incertidumbre
El propio autor ha reconocido que se trata de uno de los trabajos más complejos, íntimos y personales de toda su trayectoria artística. Vaquero explica que el proceso creativo estuvo marcado por un momento vital especialmente delicado, en el que la preocupación y la fragilidad emocional transformaron la pintura en algo más que un ejercicio estético: un acto de supervivencia interior. En ese contexto, la creación dejó de ser técnica para convertirse en oración silenciosa, en refugio frente a la incertidumbre y en búsqueda desesperada de luz.
El Cristo de la Vera Cruz como respuesta y consuelo

Fue en medio de esa vivencia personal cuando el artista se dirigió, por primera vez, al Cristo de la Vera Cruz, pidiéndole algo tan esencial como la salud y la recuperación de la luz perdida. De esa súplica nació la idea central de la obra, no como una ocurrencia intelectual, sino como una revelación recibida desde la oscuridad. El resultado es un Cristo que, simbólicamente, abre la noche interior del espectador, aparta la roca del dolor y deja pasar la claridad de la esperanza, convirtiéndose en faro espiritual y guía hacia la eternidad.
Un proceso de documentación exhaustivo y respetuoso
La gestación del cartel estuvo precedida por un intenso trabajo de documentación, alimentado por cientos de fotografías, boletines históricos y materiales gráficos de la Hermandad. Imágenes cedidas con generosidad por hermanos, por Isabel y Sebastián, así como por fotógrafos vinculados a la corporación —con mención especial a Mario García Vargas— permitieron al artista contemplar al Cristo desde todos los ángulos posibles: en procesión, en el Vía Crucis, de día y de noche, en la urna, sobre su paso o envuelto en el sudario. Un caudal visual que fue sedimentando hasta dar lugar a la idea definitiva.
“Entre el Cielo y la Tierra”, una obra para orar
La pintura ha sido titulada “Entre el Cielo y la Tierra”, una denominación que define con precisión su intención última. No se trata solo de una imagen conmemorativa, sino de un instrumento de oración, pensado para que el devoto encuentre en él consuelo, dirección y sentido. A lo lejos, entre brumas, emerge el cielo, representado como una idealización de Setenil, donde habitan los antepasados, los fundadores de 1551 y todos aquellos que han sostenido la Hermandad a lo largo de casi cinco siglos.
Setenil como principio y fin del mensaje
En la parte superior del cartel destacan las palabras VERA y CRUZ, resueltas con una tipografía moderna inspirada en la impresión sobre tela, estableciendo un diálogo entre tradición y presente. Sobre ellas se alza la referencia al 475 aniversario, mientras que en la zona inferior aparece el nombre de Setenil, de forma que el recorrido visual del cartel comienza y termina en el propio pueblo, como metáfora de una fe que nace de la tierra y se eleva al cielo para volver, de nuevo, al corazón de sus gentes.
Simbolismo sutil y profundidad espiritual
Uno de los detalles más elocuentes de la composición es la sombra de la Cruz, que se proyecta de manera casi imperceptible sobre algunas letras de la palabra aniversario y sobre parte del nombre de Setenil. Ese gesto gráfico dibuja una cruz velada que refuerza la unión inseparable entre Vera y Cruz, impregnando todo el conjunto de un profundo simbolismo espiritual y emocional. Al mismo tiempo, el espectador puede reconocer en la idealización del pueblo algunos de sus monumentos más significativos, incluida la propia Casa Hermandad, integrados con delicadeza en el paisaje celestial.
Técnica, materia y sentido histórico
Desde el punto de vista técnico, la obra original es un óleo sobre lino de 116 x 65 centímetros, un soporte elegido no solo por sus cualidades artísticas, sino también por su carga simbólica, al tratarse del mismo tipo de tela con la que, según la tradición, fue envuelto Cristo. A petición de la Hermandad, el artista entregó la pintura tal y como fue concebida y posteriormente desarrolló la versión cartelística, respetando íntegramente el espíritu y la composición de la obra matriz.
Agradecimiento, fe y memoria compartida
El cartel queda así ligado de forma indeleble a la vida personal del artista, quien ha expresado públicamente su gratitud al Cristo de la Vera Cruz tras la favorable evolución de la situación familiar que marcó todo el proceso creativo. Asimismo, Fernando Vaquero ha querido agradecer la confianza, comprensión y cercanía de la Junta de Gobierno, con especial mención a Isabel y Sebastián, cuya compañía y apoyo resultaron fundamentales durante estos meses.
Un aniversario que mira al pasado y al futuro
La obra no solo celebra 475 años de historia, sino que rinde homenaje a todas las generaciones que han mantenido viva la Hermandad desde 1551, a los abuelos, padres y hermanos que sembraron y cuidaron una devoción que hoy sigue repartiendo esperanza y luz en Setenil de las Bodegas. El cartel se alza así como una auténtica maravilla artística, un testimonio de fe sincera y un puente entre el cielo y la tierra, destinado a perdurar en la memoria colectiva de la Hermandad y del pueblo que la vio nacer.





