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Fernando Vaquero ofrece a Alcalá de Guadaira su última maravilla

El Teatro Auditorio Riberas del Guadaira ha sido el escenario en el que ha sido presentado en la noche de este sábado 15 de febrero, la última maravilla de Fernando Vaquero, el cartel anunciador de la Semana Santa de Alcalá de Guadaira. Una maravillosa obra cargada del inconfundible simbolismo al que nos tiene acostumbrado el autor en cada una de las creaciones que concibe por obra y gracia de su inagotable capacidad creativa.

Durante la presentación, se ha dejado patente el significado de la Semana Santa en la localidad sevillana, que ya comienza a hacerse notar tras el paso de la Navidad y el lanzamiento de los últimos caramelos de la cabalgata de Reyes. Caramelos que al caer al suelo «hacen brotar la semilla de la sensación que ya está aquí la Semana Santa» con la presentación de carteles, igualás, programas y, apenas sin darse cuenta, se comienzan a ver las primeras flores de azahar.

Y en torno a esta sensación de que llega la semana de Pasión ha querido trabajar Fernando Vaquero trayendo en su obra lo «primero que se ve de una Cofradía«. Para ello ha inmortalizado a un nazareno de la Hermandad de la Amargura llevando su Cruz de Guía del modo peculiar que en esta cofradía se porta: elevada a pulso en su totalidad. El propio autor quiso remarcar que, tras la realización de varios bocetos, fue esa imagen del cofrade tras la apertura de las puertas del templo la que más le impresionó y finalmente plasmó en el lienzo, aún más si cabe tras conocer los motivos de esta particular forma de portarla.

Una emotiva historia intrínsecamente ligada a la historia de esta corporación alcalareña. El nazareno que desde hacía treinta años la sacaba, perdió a su madre en el mismo día de la estación de penitencia y, sacando fuerzas de «no sabe donde», vistió la túnica y salió junto a su Cruz de Guía. Una historia que sonó como un aldabonazo en el corazón de Fernando Vaquero, por la similitud con una historia muy personal, ya que su propio padre hizo lo mismo: vestir la túnica blanca de la Amargura el mismo día que perdiera a su madre.

En la espectacular obra pictórica, este nazareno se acerca a Alcalá, que se vislumbra al fondo, en un paisaje todavía invernal en el que aparece el Castillo, haciendo alusión al despertar de ese sentimiento de llegada de la Semana Santa trayendo consigo la primavera y la luz con la llegada de la Cruz de Guía de la Amargura como si de una antorcha se tratara. Aún más al fondo del lienzo, puede observarse la imagen del titular cristífero, el Santísimo Cristo del Amor, morir ante el pueblo de Alcalá.

Un cartel lleno de sentimientos y realismo, al más puro estilo al que Fernando Vaquero nos tiene acostumbrados. El propio autor ha querido invitar a todos los presentes a vivir «intensamente estos días, porque luego pasa todo muy rápido«, así como a asistir a cada besamano, a cada culto, a vivir cada traslado, y sentir el privilegio de vivir y rememorar como «nuestras madres nos preparan con tanto amor nuestras túnicas», como ocurre con este nazareno al que «le quedan muy pocos pasos para entrar en el pueblo y hacer que todo comience».

Para concluir, Vaquero ha querido agradecer a todas las personas que le han ayudado a realizar este cartel, en especial a José Manuel de la Vega Rico, ese nazareno de la Cruz de Guía, por, según sus propias palabras «inspirarme como lo ha hecho«. Asimismo, no ha ha podido evitar pedir perdón a su familia en un año en el que considera que los «ha tenido abandonados» dado el nivel de intenso trabajo que ha propiciado que apenas haya salido del taller, muestra del nivel de autoexigencia al que se ve sometido un artista de la talla de un Fernando Vaquero que ha vuelto a demostrar por qué su nombre aparece grabado con letras de oro en la cartelería cofrade contemporánea.

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