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El Cirineo, Opinión

¿Fotografías necesarias o perfectamente prescindibles?

El otro día llegaron a mis ojos un par de fotografías antiguas que, para ser sincero, ya había visto en varias ocasiones con anterioridad y que seguramente la mayor parte de ustedes habrán conocido también en algún momento de sus vidas. Se trataba de dos imágenes con un cierto bagaje histórico que muestran a Jesús del Gran Poder y al Nazareno de Pasión absolutamente desprovistos de ropa. Fotografías realizadas generalmente por las mismas personas que intervinieron sobre ellas con motivo de alguna restauración y que llegaron a mí a través de uno de los múltiples grupos existentes en una conocida red social al cual pertenezco. Instantáneas que pululan por el proceloso océano del universo virtual junto con muchas otras de otras imágenes, en multitud de ocasiones a disposición de quien lo desee, incluso en webs poco sospechosas de nada como la del IAPH, Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, un órgano científico – repito, científico – perteneciente a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, experto y responsable de un buen número de intervenciones de este calado que pone a disposición del público en general fotografías de este tipo con absoluta normalidad.

La exposición de las imágenes inmediatamente provocó, como suele ser habitual en este tipo de casos, multitud de reacciones enconadas y encontradas a caballo entre aquellos que defendían su difusión por tratarse de una curiosidad histórica y por mostrar cómo son las imágenes devocionales por dentro, satisfaciendo de este modo la sana necesidad de saciar su conocimiento y quienes consideraban una auténtica aberración su publicación alegando incluso que imágenes como estás concedían artillería a quienes luego atacan con deleznables montajes, con improperios e insultos el sentimiento cofrade de miles de personas. La clásica diatriba entre considerarlas necesarias desde el punto de vista del conocimiento y la catalogación de perfectamente prescindibles. Es cierto que todo este asunto está siempre tamizado por el especial oscurantismo que siempre ha envuelto todo lo relacionado con la desnudez de las imágenes sagradas. Pocos, muy pocos, han tenido la fortuna de estar presentes cuando se viste a una Virgen, y prácticamente nadie, salvo vestidores y camareras conocen cómo es realmente una imagen, por lo que resulta especialmente comprensible que este tipo de fotografías despierten el interés de propios y extraños en la medida en que muestran a los cuatro vientos lo desconocido.

Lo más curioso de todo esto es que, como decía, la mayor parte de este tipo de fotografías han sido realizadas por aquellas personas que han intervenido estructuralmente sobre estas y otras imágenes devocionales y lo han hecho como un elemento documental más que acredite un trabajo realizado sobre una obra de arte, ni más ni menos, más allá del componente devocional o religioso que pueda llevar aparejado, que puede gozar de un importantísimo significado para los devotos o nada para quienes las realizan. Y es que, se entienda o no, estamos ante imágenes sagradas, es cierto, pero también ante esculturas, tallas que forman parte del patrimonio material de toda una sociedad, con independencia de las creencias de cada cual, y del mismo modo que puede tener interés difundir qué se esconde debajo de las pinceladas del cuadro más famoso del mundo, o cómo construían los egipcios las pirámides, así también puede tener interés desde el punto de vista académico conocer cómo es por dentro una imagen procesional.

Otra cosa es el morbo que pueda derivarse de la difusión de la foto o de su mero visionado e incluso la mala utilización que de ellas pueda hacerse por terceros y por supuesto su existencia nada tiene que ver con todos esos hirientes, impresentables y repugnantes montajes que en los últimos años, muchos han perpetrado para causar el estupor, la ridiculización y el mayor daño posible entre aquellos que profesan un sentimiento devocional a una imagen sagrada.

Si me preguntan mi opinión, les diré que yo me sitúo entre aquellos que piensan que no hay nada de malo ni ofensivo en difundir este tipo de imágenes y la prueba fehaciente es que ninguna hermandad – salvo desconocimiento por mi parte – ha puesto coto en ningún momento a la difusión de un tipo de fotografía que no hace sino arrojar luz explicando cómo son las cosas, de modo que no alcanzo a entender por qué habríamos de poner el grito en el cielo. Como bien dice el Papa Francisco, la ciencia, el conocimiento, nunca ha de estar reñida con la fe y tengo la firme convicción de que nadie dejará de sentir lo que siente ante la mirada del Señor de Sevilla por el visionado de determinadas fotografías. De algún modo la difusión de estas imágenes corrobora esta apreciación, como confirma que la fe tiene razones que la razón no entiende. No olvidemos nunca que si alguien hace un mal uso de la realidad será siempre responsabilidad del individuo que obra de manera incorrecta, jamás de la realidad misma. La verdad nunca es prescindible siempre es necesaria. ¿Qué opinan ustedes?

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