Fotógrafos a garrotazos

Si Goya hubiera vivido en esta época seguro que hubiese escogido para la serie de sus pinturas negras el capítulo que tristemente sucedió la semana pasada a las puertas de un templo de la ciudad. Aunque me comentan que la historia viene de lejos, lo cierto es que el enfrentamiento tuvo un punto y aparte que tendrá que resolver un juez para ponerle el punto y final. Esperemos.

Nuestros protagonistas coinciden en el besamanos de la Virgen del Socorro, en El Salvador. Allí había habilitado un espacio para los fotógrafos, pero fue tal la avalancha que se acabó cerrando el paso a quienes se acercaban a depositar su beso en la mano de la dolorosa que cierra el Domingo de Ramos. Una señora se aproxima a un conocido hermano de la corporación para preguntarle si la imagen está en besamanos. “Claro que está, puede usted pasar”, le responde, y aproximándose a los fotógrafos les espeta un “esto no es un photocall”. Después, la señora se acerca a la imagen y mientras, uno de los protagonistas acaba refiriendo que sobran los móviles en los besamanos y que estos han traído toda una serie de problemas que ha terminado por afectar a los que acuden con sus cámaras de fotos.

Es entonces cuando un joven le refiere que tiene el mismo derecho a tomar fotos con su móvil que él con una cámara digital y que está en igual condición de tomarlas, pues no está impidiendo el libre ejercicio de los demás a sacar instantáneas ni interrumpiendo el trabajo de nadie. Y es que en ese momento no había fotógrafos digamos profesionales, esto es, los que trabajan para un medio de comunicación.

Al margen de quienes son asalariados por ejercer de fotógrafo, esta problemática existe más de lo que pensamos. Un hermano de una determinada corporación atendió a los que llevaban cámaras digitales por una puerta diferente para facilitar la toma de imágenes. Pero no se trataba de miembros de ningún medio, ni tan siquiera un bloguero como los hay a manojos. Solo podían acceder al horario para tomar fotos de la dolorosa si portaban una cámara digital. Nada de móviles, aunque quien pretendiese acceder tuviera un dispositivo más caro que las citadas cámaras -referencia obligada para los que manifiestan que en el gremio existe la diferencia entre pobres y ricos-. “Es que si dejamos entrar a los de los móviles, los fotógrafos nos comen”, refirió este hermano. Y de cuantos entraron, ninguno trabajaba para un medio. Todos aficionados y amantes del mundo de la fotografía que tienen imágenes alojadas en blogs, eso sí, mejor que muchos de los que se autodenominan profesionales.

Pero volvamos a la cuestión en sí que acabará ante los tribunales. Por la tarde, abría sus puertas la Iglesia conventual de San Buenaventura. Allí la hermandad del Viernes Santo expuso a su titular mariana en besamanos. Y vuelven a coincidir estos dos seguidores. Fue tal la presencia de fotógrafos que volvió a impedirse el acceso a los devotos. Tuvo que descender varias veces de su sitio el hermano que se encargó de limpiar la mano de la dolorosa para llamar la atención a los presentes. Y lo hizo más veces de las que ustedes pueden imaginar. “La culpa es de los móviles” volvió a referir quien por la mañana había emitido la misma afirmación en el besamanos a la Virgen del Socorro. Y no contento con no obtener respuesta continuó reafirmándose en esta idea. Entretanto la atención se desvía hacia otro entusiasta que había traspasado el cordón establecido y casi acaba tirando al suelo el incensario que se encontraba tras una de las imágenes laterales que conformaban la escena.

Quienes habían protagonizado un rifirrafe por la mañana volvieron a tenerlo, pero en esta ocasión en la calle. Y todo a colación del uso de los móviles. Al final, un trípode roto, unos gritos que alarmaron a los vecinos… Se rompió la calma y quedó un triste espectáculo.