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El viejo costal, Opinión

Fuego purificador, al egoísmo

“¿Las parroquias del barrio arderán como en el 36?”, menuda pregunta, además esta pregunta mezclada con otras sobre la exhumación de Franco, es lo que dan de sí los políticos de nuestra nación, políticos de uno u otro bando que no quieren entender que en nuestra nación hay muchos más problemas que reabrir las heridas que no estando aún sanadas y que tienen en la actualidad más de 80 años.

Como no podría ser de otra forma al siguiente día uno de los partidos registró una pregunta y petición de información a la Asamblea de Madrid “peligro real e inminente de que ardan parroquias en la Comunidad de Madrid”.

Malos tiempos para la paz y la convivencia, unos que no dejan que las heridas se cierren, otros de no paran de remover la historia en un intento de hacerla desaparecer, otros luchando e intentando comunicar el más pacífico de los mensajes, la igualdad entre todos los seres humanos, la equidad y los más significativos derechos a compartir todo lo que en nuestras manos tenemos.

Pero las personas, perdón, los humanos, me parece más “animal” la definición de humano, solo queremos de forma egoísta disponer de riqueza, disponer de bienestar social, con el menor esfuerzo posible, y claro el compartir no va en este interés, para que funcione, se ha de mantener el odio a flor de piel, y yo señores políticos no estoy por la labor, nunca acepté ninguna de vuestras mentiras, nunca acepté ni al poderoso ni al egoísta que solo busca vivir cómodamente a costa de otros.

Soy costalero, y entre los costaleros, no existen las clases sociales, no existen los poderosos, ni los ricos, ni pobres, entre los costaleros la igualdad de todos es lo que hace que el grupo sea fuerte, capaz de encarar sin temor la más titánica tarea, sea la que sea.

Y ahora nuestro país necesita un poco de espíritu y ánimo costalero, la tarea no es poca, hay que conseguir la tarea de unificar a todos los habitantes de nuestra nación, hay que restañar viejas heridas, hay que ver que mirando al siglo pasado, no se hace camino, si no que nos encerramos en una vieja mala historia, para el bando que sea, triste cuando menos, olvidando lo que se puede hacer mirando al frente y abriendo todas las posibilidades al futuro.

Fuego, fuego, fuego, y mil veces fuego para las mentes incapaces de olvidar lo que para nada sirvió, fratricida guerra entre hermanos, que no erradicó a nadie de ningún bando, por lo que fue una inútil e inservible contienda.

El único fuego que debería existir, ningún otro, ni en las parroquias, ni en lugar alguno, sería el fuego purificador, para nuestras almas, para nuestras conciencias, para nuestras egoístas maneras de entender que lo más importante soy yo. Os puedo asegurar que no son las parroquias lo que hay que quemar en nuestro país.

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