Galería | El Convento del Santo Ángel recupera dos destacadas esculturas barrocas vinculadas al entorno artístico de Francisco de Ocampo

Santa Ángela de Bohemia y la Beata Juana de Tolosa recuperan su estabilidad, su policromía y sus atributos iconográficos tras una completa intervención de conservación financiada por la Real Maestranza de Caballería de Sevilla

El Convento de los Carmelitas Descalzos del Santo Ángel ha comenzado la programación del mes de julio dedicado a la espiritualidad carmelitana con la presentación de uno de sus proyectos patrimoniales más relevantes de los últimos meses: la recuperación de las imágenes de Santa Ángela de Bohemia y de la Beata Juana de Tolosa, dos esculturas de extraordinario interés histórico y artístico adscritas al círculo de Francisco de Ocampo. La actuación ha permitido garantizar su conservación, recuperar su lectura estética y restituir elementos fundamentales de su iconografía, respetando en todo momento la autenticidad de ambas obras.

La restauración ha sido realizada por Carles Salafranca Porcar, siguiendo un planteamiento basado en la mínima intervención compatible con la conservación de las piezas y el absoluto respeto por sus materiales originales. Asimismo, el proyecto ha sido posible gracias a la subvención concedida por la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, cuya aportación ha contribuido a la preservación del patrimonio histórico-artístico que alberga el convento.

Unas esculturas documentadas desde hace más de un siglo

Las dos imágenes, ricamente estofadas, ya figuraban en los inventarios elaborados por la Universidad de Sevilla durante la década de 1920, circunstancia que evidencia el reconocimiento del que gozaban por su calidad artística desde hace más de cien años.

Según la hipótesis que maneja la comunidad carmelita, estas esculturas habrían formado parte de alguno de los retablos del templo, posiblemente del retablo mayor contratado en 1625 con Luis de Figueroa. Sus rasgos formales permiten situarlas en la escuela sevillana desarrollada entre las décadas de 1630 y 1640, dentro del lenguaje escultórico característico de Francisco de Ocampo, apreciándose semejanzas con obras como la Anunciación de la Catedral de Sevilla, especialmente en la configuración de los rostros.

La consolidación estructural marcó el inicio de la restauración

Antes de abordar la recuperación estética, la intervención se centró en asegurar la estabilidad física de ambas esculturas, cuyo soporte presentaba un estado de conservación comprometido. Para ello se recurrió a microinyecciones de resinas acrílicas y cola orgánica, destinadas a fijar las grietas existentes y consolidar los levantamientos detectados en la policromía.

Superada esta fase comenzó un exhaustivo proceso de limpieza desarrollado en dos etapas diferenciadas. La primera permitió retirar los barnices envejecidos y oxidados mediante disolventes de rápida evaporación que respetaban íntegramente la capa pictórica original. Posteriormente, una segunda limpieza, realizada con productos de menor agresividad, eliminó la suciedad acumulada sobre las carnaciones y los paños, además de suprimir repintes añadidos en épocas posteriores que ocultaban pérdidas y alteraciones del conjunto.

Finalizada esta actuación se aplicó un barniz aislante, concebido como capa protectora entre la superficie original y los materiales empleados durante el proceso restaurador.

La intervención recuperó elementos desaparecidos y reforzó las zonas más deterioradas

Uno de los capítulos más complejos de la restauración afectó a las peanas, que presentaban un acusado deterioro estructural. Para devolverles consistencia fue necesario incorporar injertos de madera de pino, reconstruir parte de sus volúmenes y completar posteriormente la decoración mediante acabados en tonos tierra, almagra, negro marfil y una cenefa dorada de carácter discreto.

También fueron reconstruidas las pérdidas existentes en dedos, manos y distintas partes de los ropajes, utilizando masillas sintéticas de elevada estabilidad. Sobre estas zonas se realizaron posteriormente los trabajos de estucado y reintegración cromática, ejecutados con acuarelas, témperas y colores al barniz mediante el sistema de regatino, una técnica que permite distinguir las intervenciones restauradoras a corta distancia sin alterar la percepción global de la obra.

Las áreas doradas recuperaron igualmente su aspecto mediante la incorporación de matices dorados y veladuras de cera, consiguiendo armonizar las nuevas aportaciones con el desgaste acumulado por el paso de los siglos.

Los atributos perdidos vuelven a identificar correctamente a ambas santas

La restauración concluyó con la restitución de diversos atributos iconográficos desaparecidos con el transcurso del tiempo, imprescindibles para reconocer correctamente a ambas figuras.

En la imagen de la Beata Juana de Tolosa, que conservaba esculpido en el propio bloque de madera el libro que porta bajo el brazo, se reconstruyó íntegramente la cruz arbórea que sostiene en la mano izquierda, tallándola en madera de pino para ser posteriormente policromada y dorada.

En el caso de Santa Ángela de Bohemia, se elaboró artesanalmente una nueva vara de azucenas, utilizando procedimientos similares a las tradicionales labores conventuales, además de modelarse una custodia, enriquecida con pan de oro y posteriormente patinada para adecuar su brillo al resto de la escultura.

Como protección definitiva, ambas imágenes recibieron un barniz con resistencia frente a los rayos ultravioleta, alternando acabados mates en las carnaciones y vestiduras con otros satinados en determinados elementos decorativos.

La Beata Juana de Tolosa, referente de la vida laical carmelitana

La Beata Juana de Tolosa nació en 1213, en la ciudad francesa de Tolosa, desarrollando desde su infancia una intensa vida de recogimiento y oración. La llegada de los Carmelitas procedentes del Monte Carmelo, en Palestina, despertó en ella el deseo de incorporarse espiritualmente a la Orden, profesando la Regla del Carmen junto a otras mujeres de la época.

Establecida en una pequeña ermita junto al convento, llevó una existencia marcada por la contemplación, la penitencia y la austeridad hasta su fallecimiento en 1268. La tradición la considera la primera seglar de la Tercera Orden Carmelita de la Antigua Observancia, mientras que la Santa Sede confirmó oficialmente su culto el 11 de febrero de 1895. Su memoria litúrgica se celebra cada 31 de marzo.

Santa Ángela de Bohemia, princesa, religiosa y escritora mística

Nacida en 1182, Santa Ángela de Bohemia pertenecía a la familia real bohemia, siendo hija de un monarca identificado por las fuentes como Vladislao o Raimundo.

Tras perder a su madre cuando contaba alrededor de siete años, ingresó en un monasterio de religiosas jerónimas, donde recibió formación intelectual y espiritual. Más adelante emprendió viaje a Tierra Santa para ingresar en la Orden del Carmen, distinguiéndose por asumir las tareas más humildes de la comunidad, atender a las religiosas enfermas, practicar severas penitencias y dedicar largas horas a la oración.

Con autorización de su abadesa escribió diversas obras de carácter místico, atribuyéndose tradicionalmente su redacción a ella misma o a la intervención de su ángel custodio durante los éxtasis. Entre esos escritos destacan «Contemplaciones de Cristo» y «De la Sacrosanta Eucaristía». Tras regresar a Bohemia, promovió la fundación de varios conventos antes de fallecer en 1253.