La Basílica del Gran Poder acoge este fin de semana el besamanos de la Madre del Señor, la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, una de las joyas de la Semana Santa de Sevilla de las que lamentablemente se habla muy poco para lo que merece, eclipsada por la grandeza crepuscular de su hijo. Un beso a manos que cada año acoge un reguero de fieles y devotos que acuden ante Ella para dejar testimonio de su amor imperecedero hacia la Virgen María. Allí ha estado nuestro compañero Benito Álvarez para recoger el acontecimiento para la posteridad.
Conviene recordar que esta no es la primitiva titular de la hermandad ya que a finales del siglo XVIII se encargó la cabeza actual. La imagen de la Virgen es de origen anónimo del siglo XVIII. Está realizada en madera de cedro y pino y mide 1,74 metros. La Virgen fue restaurada en 1954 por Antonio Illanes. La intervención remodeló un poco los ojos y el cuello. Fue restaurada de nuevo en 1978 por Peláez del Espino, que la dejó con un tono excesivamente oscuro, por lo que debió de ser restaurada de nuevo por Luis Ortega Bru en 1979.












