La Iglesia Colegial del Divino Salvador se ha transformado este viernes en un vibrante epicentro de fe con el inicio del devoto besapiés a Nuestro Padre Jesús de la Pasión. La cámara de nuestro compañero Benito Álvarez ha capturado con una sensibilidad técnica excepcional la atmósfera de recogimiento que envuelve a la imagen, permitiendo al espectador adentrarse en la hondura teológica de una obra que trasciende lo artístico para instalarse en lo inefable. Este rito, que inaugura el calendario devocional de enero de 2026, ofrece a la comunidad un itinerario de espiritualidad intenso, donde la figura del Nazareno, habitualmente custodiada en la hornacina de su altar de plata, se aproxima a la contemplación directa de sus fieles.
La galería fotográfica que hoy presentamos disecciona la perfección estilística de la que es considerada la obra cumbre de Juan Martínez Montañés. Ejecutada entre los años 1610 y 1615, la escultura despierta una admiración unánime que los siglos no han hecho sino acrecentar. Como bien señalara en su día el mercedario fray Juan Guerrero, nos hallamos ante una pieza que es asombro de las generaciones presentes y espejo de las venideras, una afirmación que cobra vida en cada encuadre de Álvarez, donde la nobleza serena del rostro del Señor parece desafiar la inercia de la madera para buscar el hálito de la vida.
Morfología del asombro: Un análisis a través de la imagen
La expresividad conmovedora del Señor de Pasión queda patente en el minucioso detalle de sus manos, pies y rostro, elementos que la cámara de Benito Álvarez recorre con reverencial cuidado. La anatomía del Nazareno, que se apoya sobre su pierna izquierda con una naturalidad asombrosa, revela el calcañal del pie derecho en un alarde de equilibrio y realismo que define el genio de Montañés. La suave inclinación de la cabeza hacia la derecha transmite una mansedumbre y un recogimiento que han inspirado históricas sentencias, como la del Arzobispo Despuig y Dameto, quien llegó a afirmar que al Cristo solo «le faltaba respirar».
La visión de esta impresionante imagen permite apreciar el resultado de las restauraciones seculares, desde las intervenciones decimonónicas de Cesáreo Ramos hasta los trabajos contemporáneos de los hermanos Cruz Solís en 1995. Cada plano detalle de la policromía, limpia y reforzada, atestigua el respeto absoluto por la morfología original de una imagen que, a pesar de los siglos, mantiene intacta su capacidad de interpelar al devoto. La luz que baña la Capilla Sacramental durante este besapiés, captada con maestría en esta galería, subraya la vitalidad y la perfección formal de una talla que es eje central de la corporación.
El preámbulo de una Novena solemne y el Jubileo eucarístico
Este encuentro íntimo con el Señor de Pasión es el preludio de un ambicioso programa de cultos. Tras la conclusión del besapiés este sábado, la hermandad celebrará el traslado de la imagen al altar de novena el próximo 4 de enero. La Solemne Novena, que se extenderá del 9 al 17 de enero bajo la dirección del R.P.D. José Márquez Valdés, será el preámbulo de la Función Principal de Instituto, presidida el domingo 18 por el Arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses.
La agenda religiosa se completará con el Jubileo de las Cuarenta Horas en la Capilla Sacramental, un periodo de luz y vela que reforzará el carácter eucarístico de la hermandad. Las fotografías de Benito Álvarez no solo documentan un acto litúrgico, sino que se convierten en un documento artístico que cierra el círculo de fe e historia. A través de su mirada, el espectador puede casi sentir el silencio orante de la Colegial, reafirmando que, en la capital hispalense, la hora del Señor de Pasión es un referente espiritual que, cada enero, detiene el pulso de la ciudad ante el prodigio de la madera sagrada.



































