Galería | La Virgen del Rocío descuenta en el Salvador los dias para el momento mil veces soñado

La Iglesia Colegial del Divino Salvador se ha convertido desde este fin de semana en el centro espiritual de Sevilla con la llegada de María Santísima del Rocío, dolorosa titular de la Hermandad de la Redención, que ha sido trasladada de manera extraordinaria a este templo mayor como prólogo solemne a su Coronación Canónica, prevista para el próximo 5 de julio.

La bellísima imagen, tallada por Antonio Castillo Lastrucci en 1955, se presenta entronizada en el altar del Jubileo, rodeada de una cuidada disposición floral y lumínica que resalta la dulzura y majestad de su mirada serena y maternal, que en estos días convoca a devotos y visitantes en un recogimiento especial. Su presencia en el Salvador no es casual ni inédita: fue en esta misma iglesia donde, hace más de un siglo, se comenzó a perfilar el deseo de coronar canónicamente a la Virgen del Rocío de Almonte, en lo que constituye un evocador paralelismo mariano entre la Reina de las Marismas y esta dolorosa sevillana de hechuras gloriosas.

El fotógrafo Benito Álvarez, testigo privilegiado de este acontecimiento, ha capturado con su objetivo instantes únicos de la presencia de la Virgen en el templo, trasladando al espectador la intensidad de su contemplación, la intimidad del rezo y la profundidad del silencio que genera la imagen. Su mirada, como una invitación al consuelo y a la confianza, se ofrece ahora desde el altar mayor como una antesala de gloria y esperanza.

Este traslado forma parte del extenso calendario de actos que la Hermandad de la Redención ha organizado con motivo de la histórica Coronación Canónica, en la que María Santísima del Rocío será proclamada por la Iglesia como madre y reina espiritual del pueblo fiel, en un acto litúrgico que contará con la presencia del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, y miles de hermanos y fieles.

Quienes se acerquen estos días al corazón del Salvador podrán no solo rezar ante Ella, sino también dejarse sobrecoger por el amor que emana de su semblante, por la ternura que envuelve su rostro y por la promesa de intercesión que la Virgen del Rocío representa. Porque contemplarla es también, en palabras del propio mensaje devocional de sus fieles, desear ser dignos de alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

La cuenta atrás ha comenzado. Y Sevilla, con el corazón abierto, ya la corona en el alma. Dejémonos atrapar por su mirada maternal y serena. Contemplemos todo el amor que desprende y seamos, siempre teniéndola como intercesora, dignos de alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.