La Parroquia de Omnium Sanctorum acoge este fin de semana un besamanos histórico de la Virgen de Gracia y Amparo, titular de la Hermandad de Los Javieres. La ceremonia adquiere un significado especial, ya que se trata, probablemente, del último besamanos que la Virgen recibirá en esta parroquia antes de que la Corporación del Martes Santo se traslade a su nueva sede canónica en el Sagrado Corazón de los Jesuitas, prevista para enero.
A lo largo de la jornada, numerosos fieles se han acercado para encontrarse cara a cara con la Madre de Dios, en un momento cargado de emoción, recogimiento y devoción profunda, donde cada gesto, cada suspiro y cada mirada parecía suspender el tiempo. Nuestro compañero Benito Álvarez ha estado presente para documentar este instante que quedará marcado en la memoria de la Hermandad y de la parroquia.
La talla, encargada por el Rvdo. Padre D. José Luis Díez S.J. a Fernández-Andes mediante contrato firmado el 25 de agosto de 1945, está realizada en madera de pino. Presenta un aspecto adolescente, con un rostro de óvalo suave, facciones de ternura, delicadeza y fragilidad, y una mirada frontal que se dirige suavemente hacia abajo. Cinco lágrimas recorren sus mejillas, mientras la boca entreabierta deja entrever los dientes superiores, añadiendo un toque de realismo que conmueve a los devotos.
La Virgen de Gracia y Amparo ha acompañado a la Hermandad en momentos históricos. En 1965, durante las Misiones Generales en Sevilla, fue trasladada a la barriada de Los Pajaritos, portada a hombros por sus hermanos, presidendo el cruce de las calles Azor y Estornino. Más tarde, en 1969, realizó su Estación de Penitencia a los pies del Crucificado en modo “Stabat Mater”, y desde 1980 procesiona en su paso de palio, consolidándose como presencia constante y venerada del Martes Santo sevillano.
A lo largo de su historia, la imagen ha sufrido una sola restauración significativa, llevada a cabo por Manuel Ramos Corona, quien retalló boca y entrecejo, volvió a encarnar la Virgen y realizó un nuevo candelero en 1992. Posteriormente, en 2015, la restauradora Esperanza Fernández realizó labores de limpieza y conservación, preservando la delicadeza y expresividad que caracterizan a esta imagen.
Para quienes se han acercado a Omnium Sanctorum, el besamanos se convierte en un encuentro íntimo con la Virgen, un momento en que la fe y la tradición se encuentran cara a cara con la belleza y fragilidad de la Madre de Dios, generando una experiencia cargada de emoción y recogimiento, donde el devoto puede sentir la cercanía de la Virgen y la intensidad de su mirada protectora.



































