Galería | Sevilla revalida su fervor eucarístico con una ciudad engalanada para el Corpus Christi

La festividad del Corpus Christi ha vuelto a transformar este miércoles el casco histórico de Sevilla en un suntuoso escenario devocional, donde la fe y la estética popular se entrelazan en uno de los días más emblemáticos del calendario religioso hispalense. El centro de la ciudad ha amanecido perfumado de romero, engalanado con toldos y salpicado de campanillas, en una manifestación colectiva de religiosidad que, en este 2025, ha contado con la implicación de veinte escaparates, seis balcones y dieciséis altares efímeros, desplegados a lo largo del itinerario procesional del Santísimo Sacramento.

Un itinerario de escaparates con fuerte presencia cofrade

Entre los escaparates ornamentales, destacan aportaciones de hermandades históricas, asociaciones devocionales y establecimientos comerciales, configurando un recorrido visual y simbólico que acompaña el tránsito del Señor por las arterias más nobles del centro. El escaparate del Hotel Querencia de Sevilla, en la calle Fernández y González, ha marcado el punto de partida de esta ruta, seguido por el espacio decorado de Toni Pons, en Sierpes, número 6.

Desde allí, la calle Cuna ha concentrado varios montajes de relevancia: la Hermandad de la Paz ha ocupado el número 36; junto a ella, en el número 37, ha participado la Hermandad de la Pastora de Padre Pío, instalando su escaparate en el comercio de La Colchona. En el número 50 se ha sumado la Hermandad del Amparo, en colaboración con Coe, completando la secuencia de esta emblemática vía.

La calle Francos ha vuelto a erigirse en uno de los grandes ejes devocionales del Corpus. En el número 2, el escaparate compartido por la Asociación Consuelo y Esperanza y la Hermandad del Carmen de San Leandro ha ocupado el local de Despensa de Palacio. En el número 3, las Madres Agustinas del convento de San Leandro, en unión con Pepe Fernández, han instalado otro escaparate. Más adelante, en el número 18, la Hermandad de San Benito ha colaborado con el comercio Arenal de Sevilla. Le han seguido la Hermandad Sacramental de San Gil, en el número 21 (camisería Ana Valencia), y el AMPA del Colegio Diocesano San Isidoro, en el número 22 (De Ropas).

El número 30 ha reunido dos escaparates diferenciados: uno más pequeño, promovido por la Hermandad de San Hermenegildo, y otro de mayor tamaño, a cargo de la Hermandad de Montserrat, ambos ubicados en Almacenes Velasco. En el número 38, la Hermandad del Rosario de San Julián ha regresado a su habitual emplazamiento en cordonería Alba, mientras que en los números 40-42, el montaje ha correspondido al Real Club Andalucía.

La calle Álvarez Quintero ha acogido cuatro escaparates: la Hermandad del Baratillo ha instalado el suyo en el número 6 junto a la cerería El Salvador; la Hermandad del Juncal ha hecho lo propio en el comercio Velasco; la Hermandad de Araceli ha participado desde el número 21; y en el número 23, la Hermandad de las Nieves, en colaboración con Al Siglo Sevillano, ha cerrado la secuencia de esta vía. Por su parte, en Chapineros número 1, ha participado la Hermandad de Jesús Despojado, junto a la tienda Ángela y Adela.

Seis balcones decorados como prolongación del arte popular

La tradición sevillana de los balcones engalanados ha contado este año con seis intervenciones destacadas, entre entidades cofrades, comercios y particulares. En la calle Cuna número 36, sobre el comercio de Alberto Vicente, ha lucido su montaje la Hermandad de la Paz, mientras que en el número 48, la Hermandad del Rocío de la Macarena ha decorado el balcón situado sobre Tejidos Madrid.

En la Plaza Jesús de la Pasión número 1, el restaurante El Pan Nuestro ha vestido su fachada con motivos eucarísticos. En la calle Francos, han repetido presencia dos entidades: la histórica Casa Rodríguez, en el número 35, y la Hermandad del Rosario de San Julián, en el número 38. Cierra el conjunto el balcón de la Hermandad de Araceli, en la calle Cardenal Amigo Vallejo número 3.

Dieciséis altares en enclaves emblemáticos del centro

Los altares efímeros, verdadero corazón devocional del Corpus sevillano, han sumado este año dieciséis montajes repartidos por puntos clave del itinerario. En la Avenida de la Constitución, el número 18 ha acogido el altar de la Hermandad de la Inmaculada Concepción de Castilleja de la Cuesta, mientras que en el número 3 (fachada del Banco Santander) ha figurado el altar de la Hermandad de la Candelaria.

En la Plaza de San Francisco, se han sucedido tres aportaciones relevantes: bajo el Arquillo del Ayuntamiento, el altar de la Hermandad de San Juan Evangelista de Pedrera; en la fachada principal del Consistorio, el de la Hermandad de la Hiniesta; y frente a este, en el apeadero de la Fundación Cajasol, el de la Hermandad del Cerro del Águila.

La calle Sierpes ha acogido tres montajes: el de la Hermandad de la Redención (número 70); el de la Hermandad de la Esperanza de Triana (número 61); y el de la Hermandad de la Pastora de Santa Marina (número 63), junto al Círculo Mercantil. En la Plaza del Salvador, el número 17, sede de la iglesia de San Juan de Dios, ha albergado el altar de la Hermandad de las Siete Palabras, mientras que la portada principal de la Iglesia del Salvador ha sido ocupada por la Hermandad de Pasión.

En la calle Villegas, el número 4 ha correspondido a la Hermandad del Amor, mientras que el número 1 —de nuevo en la Despensa de Palacio— ha acogido el altar de la Hermandad de San Benito de Castilblanco. En Francos número 37, ha figurado el altar de la Hermandad de Santa Lucía; y en el número 45, el montaje de Álvaro Guerrero, florista de Pureza.

Cierran el recorrido dos altares en la calle Cardenal Amigo Vallejo: uno de la Hermandad de la Sagrada Cena, instalado en la cochera del Palacio Arzobispal, y otro del Convento del Santo Ángel, junto a la conocida puerta del Lagarto.

Una ciudad en estado de gracia

Este conjunto de manifestaciones efímeras —altares, escaparates y balcones— no sólo embellece el recorrido del Corpus, sino que expresa la vitalidad del tejido cofrade y devocional sevillano. Hermandades, asociaciones, comercios y familias se han volcado un año más en mantener viva una de las tradiciones más arraigadas y genuinas de la religiosidad urbana.

La ciudad, envuelta en incienso, música sacra y fervor compartido, ha rendido homenaje al Santísimo Sacramento con una puesta en escena que une fe, arte y participación ciudadana, en un testimonio vivo de la riqueza espiritual de Sevilla.