Galería | Un pañuelo de emociones para enjugar las Lágrimas de la Madre de Dios

Con precisión matemática la Sevilla cofrade vive la secuencia inacabable de acontecimientos que componen su calendario eterno e inalterable, el que no precisa de eventos extraordinarios pero que se antojan imprescindibles para comprender la idiosincrasia de sus hermandades. Es exactamente lo que sucede cada mes de octubre en la iglesia de Santa Catalina cuando la hermandad de la Exaltación rinde culto a su dolorosa la Virgen de las Lágrimas. Unos cultos que culminan con el tradicional besamanos en su honor en el que cientos de devotos Acuden a reflejarse en la mirada de la Madre de Dios. Este año el equipo de priostía de la corporación hispalense ha dispuesto un espectacular altar efímero ante el que ha acudido nuestro compañero Benito Álvarez para dejar testimonio gráfico.

Nuestra Señora de las Lágrimas es una preciosa talla barroca anónima del siglo XVII, atribuida por muchos profesionales a Luisa Roldán, “La Roldana”. Está tallada en madera de Cedrella y policromada al óleo. La estética de su rostro se separa de los postulados sevillanos habituales, pues es alargado y de mandíbula ancha. El leve fruncimiento de las cejas nos ofrece un sentimiento de dolor muy personal, íntimo y recogido, acrecentado por las cinco lágrimas que surcan su rostro, dos en la mejilla derecha y tres en la izquierda. Su expresión queda suavizada por la dulzura de su mirada baja y su sutil inclinación, dotando a la Imagen de la Señora de una profunda unción sagrada y un encanto único en la Semana Santa de Sevilla.

Iconográficamente representa a la Virgen Dolorosa tras la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo. En Andalucía se denomina genéricamente como Dolorosas a las Sagradas Imágenes de la Virgen María que procesionan bajo palio tras el paso de Cristo, a causa de la gran devoción que manifiesta el pueblo por los Dolores de María. Hasta tal punto es así que en Sevilla se celebra la Pasión a través del dolor de la Virgen, con una mariología completa que puede desglosarse en cinco representaciones cargadas de simbolismo religioso: La Dolorosa, el Stabat Mater, la Piedad, la Virgen Doliente y la Soledad.

Existen elementos fundamentales en la iconografía de la Virgen Dolorosa. El pañuelo es sin duda uno de ellos, usualmente portado en la mano derecha, para enjugar las lágrimas que manan de los ojos de María. Se da la curiosa circunstancia de que, pese a no estar documentado, sabemos que fue esta Dolorosa Titular la primera de la ciudad de Sevila en llevar el pañuelo que la sensibilidad sevillana dispuso para aliviar el llanto de la Virgen.