Gerena vivió una jornada de especial significado con la coronación canónica de María Santísima de la Sangre, cotitular de la Hermandad de la Vera-Cruz, en una celebración que reunió a la corporación, a la parroquia y a numerosos vecinos en torno a una devoción profundamente arraigada. La ceremonia estuvo presidida por el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, y contó con la presencia del alcalde y miembros de la Corporación Municipal, además de representantes de las autoridades civiles, militares y religiosas de Gerena y de localidades de su entorno.
La celebración estuvo marcada por el carácter solemne del rito, pero también por la dimensión comunitaria de una jornada en la que el pueblo quiso exteriorizar su amor y gratitud a la Virgen. Durante su homilía, el prelado definió el acontecimiento como una jornada de “inmensa alegría” para la Hermandad de la Vera-Cruz, la parroquia y todo Gerena, subrayando que la corona constituye la expresión material de aquello que los creyentes han experimentado a lo largo del tiempo: el vínculo con una Madre que acompaña, consuela y conduce hacia Cristo.
Una corona entendida como ofrenda de fe
El arzobispo quiso trasladar durante la celebración una idea que fue más allá del significado estrictamente material de la pieza que acababa de recibir la imagen. A su juicio, la corona no puede reducirse al metal precioso entregado generosamente por cientos de devotos, porque representa ante todo una ofrenda nacida de la fe y de la devoción acumulada durante generaciones.
En ese sentido, José Ángel Saiz Meneses situó ante los fieles una dimensión espiritual que consideró de mayor valor que cualquier riqueza material. La verdadera ofrenda a María, explicó, debe manifestarse en una fe perseverante, en las familias que rezan juntas, en los jóvenes que buscan discernir su vocación, en quienes afrontan la enfermedad ofreciendo su sufrimiento, en quienes son capaces de perdonar y en las hermandades que convierten su actividad en servicio hacia quienes más lo necesitan.
El prelado quiso así vincular directamente la coronación con la vida cotidiana de los creyentes, reclamando que el acontecimiento no quedara reducido a una jornada extraordinaria. Su mensaje a los hermanos de la Vera-Cruz quedó condensado en una afirmación especialmente significativa: “La coronación no es la meta”.

El llamamiento del arzobispo a una renovación de la Hermandad
A partir de esa premisa, Saiz Meneses planteó la coronación como el comienzo de una nueva etapa de crecimiento espiritual y compromiso misionero. Entre los objetivos señalados durante su intervención figuraron el aumento de la participación en la Eucaristía dominical, el cuidado de la formación cristiana de niños, jóvenes y adultos y la consolidación de una vida interna fundamentada en la fraternidad.
También reclamó el fortalecimiento de la acción caritativa y pidió que de la vida de la comunidad puedan surgir vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y al matrimonio cristiano. Para el arzobispo, la mejor manera de conservar la memoria de esta coronación será que sus consecuencias puedan apreciarse en una comunidad “más santa, más unida y más cercana a los pobres”.
El mensaje se extendió igualmente al conjunto de Gerena. El prelado invitó a los vecinos a pronunciar, siguiendo el ejemplo de María, el “Hágase” como expresión de disponibilidad ante la voluntad de Dios. Esa actitud, según señaló, debe alcanzar a las familias, los proyectos personales, las preocupaciones, la Hermandad y la parroquia, configurando una fe que no se avergüence del Evangelio, que se transmita mediante la palabra y el testimonio y que encuentre en el servicio una de sus principales expresiones.
La oración concluyó con una petición dirigida a la propia Virgen de la Sangre para que interceda por los presentes y les ayude a permanecer unidos a la cruz de Cristo, vivir orientados hacia Él y proclamar mediante sus palabras y sus obras la grandeza de Dios.
El instante de la coronación
Después de la homilía llegó el momento central de la ceremonia. José Ángel Saiz Meneses impuso la corona a María Santísima de la Sangre, imagen de autor anónimo fechada en el último tercio del siglo XVIII y caracterizada por su policromía cristalizada y por las proporciones de su talla.
La imposición de la presea desencadenó un largo aplauso entre los asistentes, acompañado de muestras evidentes de emoción ante uno de los momentos más relevantes de la historia reciente de la corporación y de la devoción a la imagen. La ceremonia prosiguió posteriormente con la celebración de la liturgia eucarística y quedó formalmente concluida con la firma del acta de la coronación canónica.
Una vez finalizada la misa tuvo lugar además el descubrimiento de un azulejo conmemorativo de la imagen ya coronada, pieza que fue bendecida por el arzobispo de Sevilla. Durante su presentación, el hermano mayor de la Vera-Cruz de Gerena, Francisco López, expresó su agradecimiento a todas las personas que habían hecho posible la celebración y animó a los vecinos a detenerse ante el monumento y situarse siempre bajo la presencia de la Virgen.
La alcaldesa de Gerena, María Tenorio, definió el azulejo como el “regalo del pueblo de Gerena a los cruceros” y trasladó su felicitación a la Hermandad por el carácter histórico del acontecimiento. La regidora también puso el acento en la convivencia local, señalando que el espíritu de unidad demostrado por hermanos y devotos durante la preparación de la coronación debe continuar siendo una referencia para la vida común del municipio.
Una noche de celebración por las calles de Gerena
La dimensión extraordinaria de la jornada se prolongó durante la noche con la procesión de la imagen coronada por las calles de Gerena. El recorrido discurrió por vías especialmente engalanadas para la ocasión con arcos y flores, una decoración preparada por los propios vecinos y devotos como expresión colectiva de participación en la efeméride.
La celebración permitió así prolongar fuera del templo una jornada concebida no solo como culminación de un proceso de preparación, sino también como manifestación pública de una devoción que encontró en la coronación un nuevo momento de expresión colectiva.
Más de tres kilos de oro para una pieza de 22 quilates
La corona que recibió María Santísima de la Sangre es obra del orfebre cordobés Manuel Valera y reúne, según la información facilitada, una particular significación artística, histórica y emocional para Gerena. Su elaboración ha sido posible gracias al oro aportado por los propios hermanos y devotos, con una cantidad superior a los tres kilos de material.
La pieza alcanza exactamente los tres kilos y 200 gramos de peso, está labrada a doble cara y ha sido realizada en oro de 22 quilates, una pureza superior a la habitual en este tipo de trabajos, que normalmente se confeccionan con oro de 18 quilates.
Las aportaciones recibidas incluyeron fundamentalmente oro y joyas correspondientes a los siglos XIX y comienzos del XX. Una vez culminado el proceso de elaboración de la corona, quedaron 387 gramos de oro, material que será aprovechado para realizar un puñal pectoral, unas tembladeras destinadas al pecherín y una cruz pectoral, manteniendo el estilo artístico de la propia presea.
La caridad como segunda corona
La Hermandad ha querido que la dimensión social forme parte sustancial del significado de esta coronación. Su hermano mayor ha defendido que el acontecimiento debe abrir un camino de renovación cristiana en el que la caridad ocupe un lugar central, hasta el punto de definir la obra caritativa como “la otra corona de la Virgen”.
Dentro de esta concepción se sitúa como principal proyecto social la reconstrucción de una capilla dedicada a la Virgen de la Sangre en la Prelatura de Moyobamba, ubicada en los confines de la Amazonía peruana. Aunque los trabajos todavía se encuentran en proceso de construcción, el proyecto comenzó a ofrecer frutos espirituales en julio de 2024, cuando bajo su techo se celebraron las primeras eucaristías y varios bautizos.
La iniciativa pretende prolongar la huella de la coronación más allá de Gerena y convertir la devoción a la Virgen de la Sangre en una realidad capaz de traducirse en ayuda concreta allí donde resulta necesaria. El sacerdote Amador Domínguez, natural de Gerena, hermano de la Vera-Cruz y miembro de la comisión organizadora de la coronación canónica, sintetiza la finalidad del proyecto con una expresión: “Hacer algo importante en un sitio donde no hubiera”.
Junto a esta iniciativa se ha desarrollado en Gerena el programa ‘Una corona de doce estrellas’, que incorpora distintas líneas de colaboración y compromiso. Entre ellas se encuentran el trabajo conjunto con las pastorales de caridad, amor conyugal y catequesis, el impulso y la participación en campañas destinadas a la donación de sangre y de órganos, además de las ayudas y jornadas desarrolladas en colaboración con la asociación Volver a la Vida y la fundación Tas.
De esta manera, la coronación canónica de María Santísima de la Sangre ha quedado vinculada no solo al rito solemne que ha elevado la celebración a un momento histórico para la Vera-Cruz y para Gerena, sino también a un propósito explícito de renovación espiritual, fraternidad y compromiso con los demás, proyectando el significado de la corona hacia la vida de la comunidad y hacia iniciativas de carácter social.






