La restauración de María Santísima Nazarena abre un debate en redes sociales sobre el resultado de la intervención

La reciente restauración de María Santísima Nazarena, imagen propiedad de la Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno y Titular de la Cofradía desde 1972, ha suscitado en los últimos días un debate en redes sociales en torno al aspecto que presenta la imagen tras su regreso a Córdoba. Las opiniones expresadas son diversas, aunque la mayoría de los comentarios publicados son favorables, mientras que algunos usuarios han manifestado su disconformidad con determinados aspectos del resultado de la intervención.

La Cofradía ha informado de que la actuación fue aprobada el 15 de junio de 2025, durante una Asamblea Extraordinaria, y que los trabajos fueron confiados a Ana Infante de la Torre, restauradora de reconocida trayectoria profesional, dentro del programa de ayudas destinado a la conservación y restauración del patrimonio de la provincia y patrocinado por la Diputación de Córdoba.

Una imagen de la escuela sevillana y de cronología barroca

María Santísima Nazarena responde a la tipología de imagen de candelero y está catalogada dentro de la escuela sevillana, con un estilo barroco y una cronología situada entre 1766 y 1799. Su autoría permanece en el anonimato, aunque durante un periodo considerable se consideró que podía tener origen napolitano. Los historiadores la sitúan actualmente más próxima al círculo de Cristóbal Ramos, Juan de Astorga y Blas Molner, sin que se atribuya de manera concreta su ejecución a ninguno de estos artistas.

La Dolorosa está realizada en madera tallada y presenta unas dimensiones aproximadas de 1,46 metros de altura, 0,64 metros de anchura y 0,41 metros de profundidad. Se trata de una Virgen dolorosa de vestir cuya configuración iconográfica queda marcada por una expresión de profundo sufrimiento. La cabeza aparece girada hacia su derecha, mientras la mirada se eleva hacia el cielo y la boca permanece entreabierta.

Su fisonomía incorpora ojos de cristal, de los que parten dos grupos de tres lágrimas realizadas igualmente en este material. Las cejas se prolongan hacia arriba y el ceño se encuentra fruncido, recursos expresivos que acentúan una representación de dolor y aflicción. A ello se suman las manos, cuyos dedos aparecen levemente flexionados, completando una expresión corporal coherente con la iconografía de la Virgen Dolorosa.

Cinco meses de intervención en el taller de Ana Infante de la Torre

La imagen abandonó la Casa de la Cofradía el 11 de abril, iniciando su traslado hasta Luque, localidad en la que se encuentra el taller de Ana Infante de la Torre. Allí permaneció durante aproximadamente cinco meses, periodo en el que fue sometida a un proceso de conservación y restauración descrito por la corporación como minucioso.

Tras la conclusión de los trabajos, María Santísima Nazarena regresó a su Casa, donde la Cofradía ha señalado que lo hizo recuperando todo su esplendor. La corporación ha aprovechado este regreso para agradecer públicamente a la Congregación Hospitalaria la confianza depositada en ella para el cuidado y conservación de su Sagrada Titular, así como a Ana Infante de la Torre por su dedicación y trabajo y a la Diputación de Córdoba por su colaboración y apoyo a través del programa de ayudas.

La intervención se enmarca, según explica la propia Cofradía, en su compromiso con la conservación del patrimonio de Córdoba y en la responsabilidad asumida respecto al cuidado de una imagen que forma parte de su identidad desde 1972.

Una devoción vinculada a la Congregación Hospitalaria

La relación de la imagen con la Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno se remonta a finales del siglo XVIII o comienzos del XIX, cuando fue donada a dicha institución. Desde entonces y hasta 1971, la Nazarena permaneció en la enfermería del Hospital de Jesús Nazareno, antes de incorporarse a la Cofradía como Titular.

Desde 1971 ostenta esta condición dentro de la corporación, aunque hubo que esperar hasta 1975 para que protagonizara su primera salida procesional. Su incorporación a la vida cofrade quedó así vinculada a una historia devocional que había comenzado décadas antes en el ámbito hospitalario.

Posteriormente, el 19 de marzo de 1977, María Santísima Nazarena fue coronada litúrgicamente por Antonio Gómez Aguilar, con una regia presea cincelada por Alfonso Luque siguiendo un diseño de los hermanos Valverde. Aquella ceremonia se incorporó a la trayectoria histórica de una imagen cuya devoción había estado estrechamente ligada durante generaciones a la institución hospitalaria.

Las opiniones que han surgido en las redes sociales

El regreso de la Nazarena no ha estado exento de comentarios acerca de su nueva apariencia. Junto a las numerosas valoraciones positivas, algunos usuarios han expresado su percepción de que determinados rasgos de la imagen han experimentado una transformación que no consideran satisfactoria. Entre las opiniones publicadas pueden encontrarse mensajes como «Me gustaba más antes, lo siento», «Qué pena, la verdad» o «Muy mal, le ha quitado la esencia».

Otros comentarios han establecido incluso un paralelismo con intervenciones realizadas sobre otras imágenes de especial relevancia devocional, al afirmar: «Ya no es lo que era, es otra diferente. Restauraciones las cuales las cambias por otras. El ejemplo de la Macarena». En términos igualmente críticos, otro usuario ha señalado: «Vaya destrozo le han hecho, que le han quitado su mirada profunda al cielo, sus ojazos y pestañazas. Un despropósito de restauración».

Se trata, en cualquier caso, de valoraciones particulares expresadas en el ámbito de las redes sociales, frente a una mayoría de comentarios que, según se desprende de la conversación generada, han acogido positivamente el resultado de la intervención.

La mirada y las pestañas, en el centro de las apreciaciones técnicas

Más allá de las percepciones personales, Gente de Paz ha recabado la opinión de expertos, que sitúan parte del debate en elementos concretos de la fisonomía de la imagen. En este sentido, apuntan a las pestañas y a su relación con la mirada como uno de los aspectos que pueden explicar las diferencias apreciadas por algunos observadores tras la intervención.

Según esta valoración, las pestañas constituyen un elemento al que habitualmente no se concede la misma relevancia que a otros componentes de una restauración, pese a que su disposición puede modificar sustancialmente la fisonomía y la expresión de una imagen. Los expertos consultados consideran que, en este caso, la cuestión estaría relacionada principalmente con la percepción de la mirada y las pestañas, más que con la limpieza de la policromía.

La valoración técnica también incide en la especial complejidad de una intervención de estas características. La imagen, por sus particularidades y por la percepción consolidada que existe de sus rasgos, podía hacer que cualquier modificación perceptible adquiriera una especial notoriedad una vez concluido el proceso. Desde esta perspectiva, los expertos consultados señalan que eran conscientes de que la intervención podía generar controversia independientemente de que se ejecutara con rigor.

Restaurar no significa necesariamente conservar el aspecto previo

En este debate existe, además, una consideración fundamental desde el punto de vista de la restauración: una intervención de calidad no tiene necesariamente como objetivo devolver una imagen al aspecto que presentaba inmediatamente antes de ser restaurada, sino recuperar, dentro de las posibilidades que permita el conocimiento de la obra y el criterio técnico, las características que correspondan a su estado original.

Es precisamente desde esta perspectiva desde la que debe entenderse que una restauración profesional pueda producir un resultado distinto del que la memoria colectiva había asumido como propio de una imagen. Restaurar no equivale necesariamente a mantener la apariencia previa a la intervención, puesto que esa apariencia puede incorporar alteraciones, añadidos, desgastes o modificaciones acumuladas a lo largo del tiempo. Ana Infante de la Torre es, en este sentido, una profesional absolutamente contrastada, por lo que cualquier valoración sobre su trabajo debe distinguir entre la percepción subjetiva del resultado y los criterios técnicos que hayan regido la intervención.

La controversia suscitada alrededor de la Nazarena refleja así una cuestión recurrente en el ámbito de la conservación del patrimonio: la distancia que en ocasiones puede existir entre la imagen que una generación ha conocido durante años y aquella que una restauración pretende recuperar conforme a criterios profesionales. A ello se suma el peso de elementos aparentemente secundarios, como las pestañas o la configuración de la mirada, capaces de alterar de manera notable la percepción global de una imagen.

La Cofradía, por su parte, ha presentado públicamente la intervención como un proceso de conservación y restauración culminado con el regreso de su Titular a la Casa, expresando su agradecimiento a todas las partes implicadas. Paralelamente, las redes sociales han abierto un debate en el que conviven el reconocimiento al trabajo realizado y las opiniones de quienes perciben diferencias respecto a la Nazarena que conocían antes de su intervención.

El debate, por tanto, permanece abierto y enfrenta percepciones devocionales, memoria visual y criterios de conservación, sin que las opiniones vertidas en redes sociales constituyan por sí mismas una valoración técnica de los trabajos realizados.