Granada se prepara para vivir una histórica salida extraordinaria del Cristo de la Misericordia, “del Silencio”

La venerada imagen de José de Mora procesionará desde la Catedral el próximo 11 de mayo con motivo del centenario fundacional de la cofradía

La ciudad de Granada será testigo de un acontecimiento excepcional el sábado 11 de mayo con la salida extraordinaria del Santísimo Cristo de la Misericordia, conocido popularmente como el Cristo del Silencio, obra cumbre de José de Mora. La procesión se enmarca dentro del programa conmemorativo del centenario fundacional de la Cofradía del Silencio, una efeméride de especial relevancia que coincidirá, además, con la celebración del Año Jubilar de la Esperanza.

La imagen, una de las más sublimes del Barroco granadino, se encuentra actualmente expuesta al culto en la Santa Iglesia Catedral, desde donde partirá la procesión a las 17:00 horas, realizando su salida por la portada principal del templo metropolitano. El regreso se efectuará por la emblemática Puerta del Perdón.

El itinerario discurrirá por las siguientes calles: Plaza de las Pasiegas, Marqués de Gerona, Mesones, Puerta Real de España, Recogidas, Alhóndiga, Plaza de la Trinidad, Duquesa, Gran Capitán, San Juan de Dios, San Jerónimo y Cárcel Baja.

Uno de los aspectos más destacados de esta procesión será su carácter inédito: por primera vez en su historia, el Cristo de la Misericordia será acompañado por una banda de música. Se trata de la Banda de los Ángeles, que aportará una sonoridad inédita en el discurrir de esta talla, tradicionalmente ligada al recogimiento más absoluto, con el solo acompañamiento de un tambor ronco durante su salida penitencial del Jueves Santo. Excepto contadas ocasiones, como el Vía Crucis oficial de la Federación en 2023, donde intervino junto a la Soledad de Santa Ana con una capilla musical, el Cristo nunca había sido escoltado musicalmente.

Una obra cumbre del Barroco español

La imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia fue esculpida hacia 1695 por José de Mora (1642–1724), en su vivienda del Albaicín granadino, hoy conocida como Carmen de los Mascarones, en la calle Pagés. Allí también residió el canónigo y poeta Pedro Soto de Rojas, y un azulejo conmemorativo recuerda el nacimiento de esta insigne escultura.

La talla representa a Cristo ya muerto, con el cuerpo sereno, sin dramatismos ni desgarraduras. La cabeza, ligeramente inclinada, reposa sobre el hombro derecho; los brazos, extendidos, muestran tensión contenida y proporción, y la policromía, trabajada con pulimentos al estilo antiguo, confiere al cuerpo un aspecto marfileño, vibrante bajo la luz de los cirios. Su mirada ausente, sus manos entreabiertas –un rasgo inusual en la escultura andaluza– y la disposición sosegada de las carnes hacen de esta imagen un paradigma del realismo espiritual del siglo XVII. El paño de pureza, de tela encolada y color carmín violáceo, contribuye a una estética única, sin rastros de violencia ni excesos de sangre.

Desde su concepción, la imagen fue encargada por los clérigos regulares menores de San Francisco Caracciolo para la iglesia del Convento de San Gregorio Bético, donde recibió la primitiva advocación de Cristo de la Salvación. Las crónicas de la época, como las del padre Echevarría, ya la alababan como “una de las más perfectas imágenes jamás talladas”. Posteriormente, tras la desamortización y el cierre del convento, la imagen fue trasladada a la Iglesia de San José, cambiando su advocación primero a Cristo de la Expiración, y finalmente, con la fundación de la cofradía actual en 1924, adoptando su título definitivo de Cristo de la Misericordia.

Un siglo de fervor y devoción

Durante décadas, el deterioro de la imagen fue progresivo, agravado por factores ambientales y exposiciones, como la celebrada en 1967 con motivo del centenario de Alonso Cano. En 1975, su delicado estado obligó a inmovilizarla en su capilla y a evitar su procesión. No obstante, ese mismo año, por la imposibilidad de completar una copia escultórica a tiempo, el Cristo original fue portado en unas angarillas, en una Estación de Penitencia que quedó grabada en la memoria como ejemplo de fe y entrega.

En 1994, tras años de espera, la imagen fue finalmente restaurada por la profesora Bárbara Hasbach Lugo, recuperando su integridad estructural y policromática. Desde entonces, la cofradía ha preservado su salida exclusivamente al culto interno, salvo contadas excepciones, como su participación en la Passio Granatensis de 2009.

Una imagen sin igual

El Cristo de la Misericordia no tiene parangón en la escultura andaluza de su tiempo. En palabras de Antonio Gallego y Burín, “es el Cristo más andaluz que conocemos, síntesis perfecta de la espiritualidad castellana y la pasión sureña”. Para Domingo Sánchez Mesa, la fusión entre escultura y policromía alcanza en esta obra su grado más excelso, logrando una unidad estética y espiritual única. Mora, en su madurez creativa, logra transmitir no sólo el dolor, sino el misterio de la Resurrección que vibra bajo la calma de los pliegues, la tersura de las carnes y la serenidad del rostro.

Con esta salida extraordinaria, Granada no sólo rinde homenaje al legado de una cofradía centenaria, sino que eleva a los altares del arte una de sus joyas más preciadas. La cita del 11 de mayo será, sin duda, un hito inolvidable en la historia devocional y patrimonial de la ciudad.