Sevilla, 📷 Galerias

Hace tan sólo un instante… y parece una eternidad

Ahora, precisamente ahora, cuando las calles han quedado vacías a consecuencia de la terrible pandemia que nos asola, es el momento más adecuado para recordar la página más reciente de la historia cofrade de Sevilla en la que las calles se han inundado masivamente de fieles, de devotos, de cofrades… de sevillanos. La última concentración masiva en torno a la figura del Hijo de Dios, el Señor de la Salud, en estos momentos en que es precisamente la salud lo que anhelamos y precisamos. Una llamada a la melancolía pero también a la esperanza de que en un suspiro, los rincones de la ciudad vuelvan a impregnarse del olor del incienso y que la huella imperecedera del mensaje eterno del Divino Redentor, vuelva a grabarse con fuerza en el alma de toda Sevilla.

Ocurría hace tan sólo unos días, un instante, aunque ahora parezca una eternidad. Faltaban poco menos de diez minutos para las cinco de la tarde, cuando el Señor de la Salud, el Nazareno de los Gitanos, abandonaba su Santuario para dirigirse a la Catedral de Sevilla, donde tuvo lugar el rezo del Vía Crucis de las Hermandades que cada primer lunes de cuaresma organiza el Consejo de Cofradías de Sevilla, que preside Francisco Vélez de Luna.

Precedido de un largo cortejo -formado por 500 hermanos con cirios el Señor de la Salud- caminaba el Señor con su nueva túnica bordada, la que estrenó por primera vez procesionalmente en la pasada Madrugada. La túnica bordada en oro sobre terciopelo morado es del año 2017 y fue elaborada por el Taller de los sucesores de Elena Caro. La pieza, diseñada por Rafael de Rueda, viene a reproducir la pieza decimonónica de autoría anónima pero atribuida a Rodríguez Ojeda, que se perdió en el incendio provocado en la Iglesia de San Román, en 1936. Hoy, de nuevo, gracias a las puntadas de amor, fe y devoción de sus hermanos, vuelve a ser una realidad.

Sin duda, el Nazareno del Señor de la Salud de los Gitanos es una de las imágenes con mayor devoción de la ciudad, algo que ayudó a la revitalización de un culto que había ido perdiendo importancia en la ciudad de forma progresiva ya que, pese a que es el acto oficial de las hermandades de Sevilla, al menos se realizan otros 30 más durante la Cuaresma y las semanas previas. Por otro lado, el Vía Crucis de las Cofradías lleva celebrándose desde 1976. Más de 40 años en los que han ido participando las imágenes más importantes de Sevilla.

Presidió el cortejo el director espiritual Fray Juan Dobado Fernández, prior del convento del Santo Ángel y Doctor en Historia del Arte, también estuvo presente el Rector del Santuario y director del Colegio Salesiano de la Stma. Trinidad, Francisco Ruiz Millán, y el Hermano Mayor de la corporación, José María Flores Vargas, entre otros. Impresionaba contemplar al Señor de la Salud en unas andas que recrean la estética de hace un siglo, cuando procesionaba en un paso de reducidas dimensiones y con altos candelabros de guardabrisas, como los que lució aquella tarde, pertenecientes a la Virgen de la Encarnación de gloria, cedidos por la Hermandad de la Cena.

El antiguo Nazareno de los Gitanos atribuido a Montes de Oca, desapareció en el incendio de San Román de 1936. La Hermandad de los Gitanos encargó al escultor sevillano Manuel José Rodríguez Fernández-Andes la ejecución de las dos imágenes titulares. Primero fue el turno de la Virgen de las Angustias y después, en 1938, del Señor de la Salud. Fernández-Andes se inspiró en el desaparecido Nazareno para realizar la imagen actual.

El Nazareno de la corporación de la Madrugá participó por vez primera en este acto, tras el intento fallido de visitar la Santa Iglesia Catedral en 2009 por motivos meteorológicos. En cuanto al acompañamiento musical, corrió a cargo de la Escolanía Salesiana María Auxiliadora junto a la Capilla Musical María Auxiliadora compuesta por un cuarteto de viento: fagot, oboe, clarinete y flauta travesera. Elementos, todos ellos, que se fundieron para cuajar una inolvidable tarde de cofradías, de sevillanía, que ya forma parte de la memoria colectiva de los sevillanos, que ahora sueñan con que vuele el tiempo y que el Hijo de Dios vuelva a navegar, omnipotente, sobre un mar de corazones.

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