Hallan una probable obra de Juan de Mesa en La Carlota (Córdoba)

La prestigiosa web especializada La Hornacina, en palabras de Eva Villanueva Romero, difunde hoy el resultado de un riguroso estudio sobre una escultura barroca de iconografía infantil hallada en una colección particular de La Carlota (Córdoba). Se trata de una talla en madera policromada que, a pesar de su deficiente estado de conservación, revela rasgos estilísticos de indudable filiación con la escuela sevillana del primer tercio del siglo XVII, permitiendo plantear su posible atribución al insigne escultor Juan de Mesa y Velasco.

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) ha sido el organismo encargado de realizar un exhaustivo análisis técnico y estilístico de esta imagen devocional, a petición de la familia Velasco, actual propietaria de la obra. La intervención ha comprendido un estudio directo de la pieza, análisis morfológico y estilístico, análisis químicos de pigmentos y documentación fotográfica, todo ello en ausencia de datos documentales que acrediten su origen o autoría.

Un Niño Jesús triunfante entre los ecos del barroco andaluz

La obra representa a un Niño Jesús desnudo y erguido, aunque mutilado en sus extremidades superiores y parcialmente en sus pies. Se conservan únicamente escasos restos de policromía original, suficientes, sin embargo, para constatar la existencia de al menos dos campañas de policromía superpuestas en las carnaciones, y tres en el cabello, hecho que evidencia su uso prolongado en contexto devocional, probablemente doméstico.

Iconográficamente, la talla responde al modelo del Niño Jesús triunfante, difundido en Andalucía tras el célebre precedente de Juan Martínez Montañés para la Hermandad Sacramental del Sagrario de Sevilla en 1606. Esta representación, que muestra al Niño erguido en actitud de bendecir y sosteniendo atributos simbólicos de la redención, conoció una vasta fortuna en el arte sacro andaluz del Seiscientos.

Rasgos formales que apuntan a Juan de Mesa

Desde un punto de vista formal, la escultura destaca por la delicadeza en el tratamiento anatómico y por el contraposto clásico que anima la disposición corporal del Niño: apoyo sobre la pierna derecha y ligera flexión de la izquierda, creando una sutil torsión que modela de manera naturalista el vientre, la curvatura inguinal y la espalda.

El estudio morfológico revela una corporización robusta y volúmenes rotundos en comparación con el más idealizado modelo montañesino. Especial atención merece la talla del cabello, donde el abultado tupé central y los mechones ordenados en gruesas patillas recuerdan más a las fórmulas de Juan de Mesa, que a las de su maestro Montañés, aproximándolo también a otros ejemplos mesinos como el Niño Jesús de la colección Morales-Marañón.

El rostro, sereno y frontal, de cejas finas, ojos almendrados y labios carnosos, acusa igualmente una interpretación más vívida y terrenal, atributos característicos de la producción juvenil de Mesa en Sevilla.

Limitaciones y valor patrimonial

Pese a su fragmentaria conservación —pérdida de brazos, parte de los pies y policromía superficial—, la talla conserva significativos valores formales y técnicos que permiten contextualizarla dentro del ámbito montañesino-mesino del primer tercio del siglo XVII. No obstante, la ausencia de documentación de época y las severas mutilaciones que presenta impiden una atribución definitiva.

Cabe resaltar que, según el IAPH, la fina aplicación de las primeras policromías, respetuosa con la labra subyacente, constituye un indicio recurrente en las obras de los dos maestros mencionados, reforzando así la hipótesis de su elevada autoría.

Desde una perspectiva histórico-artística, esta escultura representa un testimonio excepcional de las formas de religiosidad privada del barroco andaluz, muy ligadas a la devoción doméstica y a la circulación de modelos iconográficos entre talleres sevillanos.

Conclusiones

El hallazgo de esta obra, ahora objeto de estudio y conservación, viene a enriquecer el conocimiento sobre las tipologías escultóricas derivadas del Niño Jesús triunfante y las vías de difusión del lenguaje plástico inaugurado por Martínez Montañés y continuado por su discípulo Juan de Mesa. Aunque su estado actual limita su uso devocional y su valoración comercial, su interés académico y patrimonial es incuestionable.