Un vómito contra la fe de los sevillanos
Lo de PACMA en Sevilla no es activismo: es una agresión, ética y estética, en toda regla. Con la excusa de su manifestación antitaurina, han perpetrado un cartel repugnante donde aparece un torero arrodillado ante una figura de la Virgen cubierta de sangre, con un puñal en la mano y el cadáver de un toro a sus pies. El lema: “No matarás”, en alusión directa al quinto mandamiento. No es una crítica a la tauromaquia. Es una provocación directa contra la fe cristiana. Un escupitajo en la cara de miles de sevillanos.
PACMA lo deja claro en su propio comunicado: “Queremos interpelar directamente a quienes siguen justificando la violencia bajo el paraguas de la tradición y la religión”. No se andan con rodeos. ¿Acusan a la religión de ser cómplice de violencia? Aseguran que “utilizar símbolos religiosos para bendecir la tortura de un ser vivo es una contradicción que debe ser cuestionada”. ¿Afirman que la Virgen María, la devoción popular y el cristianismo entero se utilizan para justificar algún tipo de violencia?
Pero ¿quién justifica la violencia en nombre de la religión? ¿Qué iglesia, qué sacerdote, qué cofradía bendice la tortura de un ser vivo? Ninguna. ¿Que un torero rece ante una imagen es un alegato de algo? ¿No puede hacerlo si le da la gana? Solo en la mente radicalizada de quienes necesitan un enemigo para mantenerse visibles tiene sentido semejante disparate. El único espectáculo que PACMA está montando es el de la presunta blasfemia convertida en propaganda.
Dicen también que matar animales por disfrute “es incompatible con una sociedad ética, justa y moderna”. ¿Y la convivencia con quienes no piensan como tú? ¿Y el respeto a las creencias ajenas? ¿Eso también es incompatible con su modernidad? Porque si su concepto de sociedad justa pasa por pisotear la fe de los demás, apaga y vámonos.
Se arrogan la superioridad moral para decidir lo que es ético y lo que no, mientras utilizan una imagen de la Virgen ensangrentada como cartel publicitario. Eso no es ética. Es un ejercicio de manipulación propagandística que genera odio. Y el odio, aunque se vista de causa justa, sigue siendo odio.
Esto no es defensa animal: es pura inquina revestida de ideología. PACMA no quiere convencer a nadie. Quiere humillar, dividir y provocar. Y en Sevilla, donde la Virgen no es un símbolo cualquiera, sino madre, consuelo y centro de la vida espiritual de toda una ciudad, este tipo de ataques no pueden quedar impune.
La Sevilla creyente, y la Sevilla Cofrade no debe callar ante quienes desprecian sus símbolos más sagrados. Quien insulta a la Virgen, insulta a todo un pueblo. Y quien pretende darnos lecciones de ética con las manos manchadas de intolerancia, solo merece una cosa: el desprecio y el olvido.






