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A paso mudá, Opinión

¿Hasta dónde llega la dignidad de las bandas?

Es una realidad que las bandas de cristo (agrupaciones y bandas de cornetas y tambores) viven un época bastante buena, en la que en cualquier pueblo se forma una banda y puede sonar medianamente bien en poco tiempo. Esto se debe al avance que está teniendo este ámbito, lo cual es bueno. Lo que no es tan bueno es que hay demasiadas bandas y pocas hermandades.

Me explico. Si antes una banda no-top cobraba en el pueblo X una cantidad de 5.000 euros, se debía en la mayoría de los casos a que no había tanta competencia. Con el paso de los años, se han incrementado las formaciones musicales, por lo que hay más demanda. Y aquí es donde está el quid de la cuestión; al querer tantas formaciones tocar en el paso del pueblo X, las formaciones se van a rebajar, y por supuesto, al haber tanta demanda, la hermandad también bajará el precio. Es por ello, que ahí es donde entra la dignidad de cada banda y de su junta directiva.

Por desgracia, esto cada vez se está convirtiendo más en una competición, publicitando bandas en candidaturas, habiendo piques «no sanos» entre formaciones. Esto no quita que antes los hubiera, pero no en tal exceso. Entonces, ¿por qué muchas veces nos sorprendemos de que haya bandas que no estén a la altura que requiere cierta hermandad o cierta ciudad o pueblo? No toda la culpa es de las bandas, ya que son las hermandades las que también crean esto, quizá las más culpables.

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