Verde Esperanza, 💙 Opinión

Hay Semana Santa sin bandas pero no hay bandas sin Semana Santa. Cuidado con asfixiar a la gallina de los huevos de oro

Cuenta una tradicional fábula infantil que en un pueblo habitaba un labrador extremadamente pobre, pero que un día encontró una gallina que ponía huevos de oro. Poco a poco fue enriqueciéndose hasta convertirse en el más rico del lugar. Entonces, tuvo la genial idea de, en lugar de esperar a que la gallina pusiera los huevos de oro cuando tocara, sacrificarla para descubrir la mina de oro que llevaba dentro. El desenlace de la historia es que el labrador se quedó sin mina, sin gallina y sin huevos ni de oro ni de los ordinarios por su avaricia.

Esta fábula viene que ni pintada para una situación que estamos viviendo en la actualidad, la de sobra conocida polémica del cobro de los contratos de las bandas a las Hermandades a pesar de haber sido imposible llevarlos a cabo por la alerta sanitaria en la que se encuentra nuestro país. A ello se suman las demandas de otros sectores cuya economía, mayormente, depende de las Cofradías. Unas Cofradías que son las gallinas de los huevos de oro de los que «viven» muchas personas, ya sea por oficio, como los artesanos, o por afición y actividad cultural, como las bandas.

Partiendo de la base de que el entendimiento, la empatía y la buena fe es la base para resolver cualquier cuestión derivada de la dramática situación económico-social que se nos viene encima, conviene destacar la entereza con la que las Cofradías acataron la decisión de suspender la Semana Santa y cualquier culto público prácticamente de la noche a la mañana. Hay Hermandades, incluso, que aún tienen a sus titulares en un templo distinto a su sede canónica. Muchas de ellas, por no generalizar, han dedicado sus esfuerzos desde que comenzó esta situación a labores sociales vía Cáritas o a través de otros medios.

Sin embargo, las Cofradías vienen sufriendo una importantísima campaña mediática de presión para que se abone la mayor parte posible de los contratos de las formaciones musicales contratadas para la Semana Santa. Más allá de cuestiones legales, que aburren al personal y tendrán que dirimirse, llegado el caso, en un tribunal, lo cierto es que ha sido un servicio contratado para un día en particular y que ha sido imposible de llevarse a cabo por motivo de fuerza mayor. Por mucho que se diga que se paga la labor de todo un año, las Cofradías que están abonando alguna cantidad a las bandas lo hacen por solidaridad, como gesto de buena fe, pese a estar tremendamente mermadas económicamente por la falta de cobro de las papeletas de sitio e incluso de la cuota anual de la nómina de hermanos, que son la base que sustenta, en muchos casos, las salidas procesionales desde el punto de vista económico. Ojo, en mi opinión, lo ideal es que los contratos se resuelvan de un modo solidario, beneficioso y justo para ambas partes, atentiendo a las particularidades de cada caso, que resultan notablemente dispares. No es mi intención generalizar, ya que afortunadamente hay muchas bandas gestionadas por personas realmente competentes y que muestran sus buenas maneras constantemente. Así que quien quiera salirse de la ecuación, que lo haga.

Esta campaña mediática de la que hablaba anteriormente se hace con un tono aparentemente amable, pero intuyo que implica grandes dosis de guerra subterránea de muy mal gusto. Por ejemplo, cuando comenzó esta situación, hay bandas que anunciaron que no reclamarían el cobro de sus honorarios a las Hermandades que acompañaban. Recibieron como respuesta el ataque de compañeros de otras bandas quienes, precisamente ahora, aplauden los incansables comunicados oficiales anunciando Hermandad por Hermandad las que sí han accedido a realizar el pago. Indirectamente, quedan señaladas aquellas que no han procedido a ello, es decir, si una banda tiene cinco contratos pero solo agradece a cuatro Hermandades, rápidamente hay una que queda señalada a través de las redes sociales, tal y como ha sucedido recientemente en el caso de Rosario de Cádiz. Por no hablar de las bandas que han entrado de muy malas maneras, pidiendo el oro y el moro, incluso el 100% a Cofradías que no pueden afrontar esos pagos, llegando a amenazar con interponer demandas judiciales por ello. Pretenderán estos individuos, que afortunadamente son minoría, que los miembros de la junta de gobierno de turno hagan una derrama, al estilo de una comunidad de vecinos, para que la banda de marras pueda ser la única entidad en nuestra tierra que siga con una salud económica normal pese a la situación. 

Pero por si fuera poco, y alguno quisiera justificarlo diciendo que han hecho los comunicados en positivo, y no en negativo -aunque también existen casos de esto último, es decir, de bandas que anuncian que no renuevan por no haber llegado a acuerdos-, no hay que ocultar el hecho de que en el famoso grupo con más de un centenar de representantes de bandas de toda la geografía, se ha llegado a señalar con el dedo a las Cofradías que no han accedido a pagar, por un motivo u otro. De igual forma, se ha deslizar la dificultad que iban a tener estas últimas de encontrar banda, al menos entre las allegadas a tal círculo. Es decir, o pagas lo que se demanda, o terminas en una diana y en una lista negra. Son prácticas, por decirlo suavemente, de bajo calado social. Sin embargo, alguna que otra Cofradía puede que esté sucumbiendo a ellas por miedo a verse sin banda. Las Hermandades prácticamente nunca se han pronunciado contra una banda en particular, precisamente por el temor a entrar en listas negras, que siempre las ha habido, y con las lógicas reticencias a hacer públicos aspectos susceptibles de polémica amén de su condición de entidades religiosas. Quizá de seguir la situación así, llegue la hora de que las Cofradías pongan pies en pared de algún modo.

Quiero pensar que las demandas de las bandas se han limitado única y exclusivamente a lo imprescindible poder subsistir. Es decir, pagos de local de ensayos, una partida para reparación de instrumentos y uniformes que sean necesarios para nuevos componentes y poco más. Espero no tener que redactar durante el próximo curso noticias de estrenos de trabajos discográficos, de incontables marchas nuevas que hayan sido remuneradas o de uniformidades que no estuvieran ya adquiridas previamente a la crisis, que hayan sido sufragadas con los contratos de esta Semana Santa que no ha tenido salidas procesionales. Ojo, igualmente, espero no ver estrenos grandilocuentes de pasos, dorados terminados de un año para otro, bordados completos o adquisiciones patrimoniales innecesarias por parte de las Hermandades. No es momento de enriquecimiento patrimonial para nadie, sino de arrimar el hombro, como corporaciones religiosas que son las Cofradías, hacia los más necesitados. La prioridad es, y debe ser, Cáritas. Las Hermandades no pueden estar atrapadas por las exigencias, más o menos lícitas, de todos aquellos que viven de ellas, porque las Cofradías viven y vivirán su particular crisis económica, no les quepa duda.

Hablando de el gremio artesanal cofrade, también comienzan a aparecer voces que reclaman a las Hermandades que no les dejen de lado este año, ya que hay muchas personas que subsisten de ello. Me remito a lo anteriormente dicho, no es el año propicio para realizar grandes inversiones patrimoniales, aunque alguna Cofradía aprovechará, no me cabe duda. Toca abrocharse bien el cinturón y reinventarse, como se ven obligados a hacer, gran cantidad de ciudadanos de nuestro país, con respecto a sus negocios.

Esto último es aplicable también a las bandas, y es que una de las causas alegadas es que las bandas dependen mayoritariamente de las Hermandades para subsistir. Lejos de negarlo, lo afirmo con rotundidad, pero ni puede ni debe ser así. Me atrevo a ir más lejos aún. Si las bandas, en lugar de ejercer su campaña de presión hacia las Cofradías instándoles a pagar la mayor cantidad de dinero posible, la hubieran dirigido hacia las entidades gubernamentales competentes para conseguir una serie de apoyos, que bien podrían traducirse en subvenciones, ventajas en la adquisición de instrumentos o, como mínimo, habilitación gratuita de locales de ensayo, habrían tenido a las Hermandades a su lado, no me cabe duda. Aún están a tiempo, y sería una reclamación lícita por el enorme bien social y cultural que las bandas realizan en cualquier ciudad. Bien harían en cuidarse muy mucho de ofrecer el mejor servicio en todas y cada una de las actuaciones que ofrecen, y en no categorizar contratos de primera, en la que hay que ir al máximo, y contratos de tercera, donde hay bandas que van con el mínimo de componentes y tocando cuando y lo que se les antoja, pese a que cobran más que en las Hermandades de postín, o de supuesto postín. Ofrezcan seriedad si la demandan, a la gallina de los huevos de oro hay que tratarla como tal.

A raíz de esto que comentaba anteriormente, quisiera apuntar un último detalle. Espero que aquellas bandas o formaciones que tocan en capitales de provincia o lugares con subvenciones importantes por parte de las Hermandades, exijan con la misma intensidad el pago de los contratos a sus respectivas Cofradías. De igual forma, espero que estas Cofradías, que parten anualmente con una subvención que facilita mucho su labor, sean solidarias tanto con las bandas como con otras Hermandades que verdaderamente tienen problemas para afrontar los pagos de éstas, y no escatimen en la ejecución de los contratos.

Ante una situación de trincheras, como la que se está promoviendo desde ciertos sectores, quienes salen perdiendo son las bandas por una cuestión de lógica muy simple. Sin restarles ni un ápice de mérito del que realmente tienen ni negar su enorme labor cultural y social hacia la juventud, no conviene dejar de tener presente que son un elemento de aderezo en la puesta en escena de una Cofradía en la calle. Hay Semana Santa sin bandas pero no hay bandas, excepto algunas municipales, sin Semana Santa, y a las pruebas me remito. Cuidado con asfixiar a la gallina de los huevos de oro, porque ahora, amén de las circunstancias, en lugar de poner un huevo cada día, igual tiene que ser cada tres días. Quizá todo esto venga a realzar de una vez por todas la inmensa labor y motor económico que suponen las Cofradías, y que tan de puntillas pasa siempre. Si determinados individuos pretenden «abrir» la gallina para encontrar la mina, me temo que la historia puede terminar como la famosa fábula… Ni mina, ni gallina, ni oro, y tampoco huevos, por mucho que alguno se empeñe.

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