Compone la vestimenta más usual de las Dolorosas en este tiempo
Las Hermandades de Sevilla, al igual que la ciudad en sí misma, viven a partir de un código intrínseco de tradiciones maravillosas que conviven con la liturgia en los distintos períodos del año.
La Cuaresma es una de esas etapas en las que nuestras cofradías dejan relucir su carácter popular y tradicional, con uno de los ritos centenarios que se repiten en esta antesala de la Semana Santa: El arte de vestir a las Vírgenes a la usanza hebrea.

Se ha convertido casi en un reclamo turístico, pues no son pocos los visitantes de otras regiones de Andalucía y España, que se acercan a las distintas tallas y reconocen cuando llegan el atavío hebraico.
Y es que en estos 40 días es más que habitual ver a todos las Dolorosas e incluso a algunas tallas de Gloria con esta indumentaria tan característica de las mujeres de la época de Jesús de Nazaret.
Este traje se compone de un manto en color azul con una franja en blanco (y en muchos casos también el foto), y una saya de tercipelo en tono burdeos.
Es muy habitual llevar en este cambio un fajín de estilo hebraico en diversas tonalidades, con detalles personales que hacen única la pieza.

El tocado que luce la Santísima Virgen coincidiendo con su conjunto de hebrea, abarca gran variedad de tejidos y matices, siendo los más conocidos el tul, el raso y la seda, en las distintas tonalidades de blanco y crema.
Todo ello se completa con una sencilla aureola o diadema para representar la Santidad de la Madre de Dios; y algunos elementos propios de la pasión como la corona de espinas o los clavos.
No se sabe a ciencia cierta cuál fue la primera talla de la Señora en portar la ropa de hebrea, apuntado a la Soledad de San Lorenzo o a la Esperanza Macarena en la primera mitad del siglo XX.

Uno de los grandes visionarios que utilizó esta combinación en el atavío de las Imágenes Marianas fue el gran revolucionario del bordado sacro a finales del XIX y especialmente la siguiente centuria, Juan Manuel Rodríguez Ojeda.
A partir de él, han sido muchos los vestidores que han continuado esta labor hasta nuestros días ofreciendo estampas prodigiosas que envuelven de emoción y fervor esos 40 días en los que el cristiano y cofrade sevillano se prepara para los días de la pasión.





