El portavoz socialista en el Ayuntamiento de Córdoba ha reincidido en una estrategia discursiva que sitúa a la Semana Santa como mero argumento circunstancial, en lo que constituye ya la segunda ocasión en apenas dos semanas en la que el mundo cofrade es invocado con fines ajenos a su naturaleza. Si en fechas recientes recurrió a la memoria de una figura esencial de la historia contemporánea de las cofradías cordobesas, en esta ocasión vuelve a hacerlo, empleando ahora la celebración pasional como soporte retórico para articular un ataque político dirigido contra el ejecutivo municipal del Partido Popular.
Críticas a las estimaciones económicas y cuestionamiento institucional
En su intervención pública, el dirigente socialista ha calificado de “bulo” las cifras que apuntan a unas pérdidas de 1.300 millones de euros durante la Semana Santa como consecuencia de la interrupción de la conexión ferroviaria entre Madrid y Barcelona, datos previamente difundidos por la Junta de Andalucía. En esta línea, ha censurado que tanto el alcalde, José María Bellido, como el presidente de la Diputación, Salvador Fuentes, se sumen —según su interpretación— a una narrativa de agravio contra el Gobierno central, en una actitud que ha descrito como subordinada a los intereses del presidente autonómico, Juanma Moreno.
La Semana Santa como argumento accesorio en el debate político
Más allá del contenido concreto de sus declaraciones, lo que subyace es una utilización reiterada de la Semana Santa como elemento instrumental en la confrontación política, una práctica que, según distintas voces del ámbito cofrade, desdibuja el significado propio de la celebración. En este contexto, se cuestiona que la preocupación por el impacto económico o la promoción turística responda a un interés genuino por la realidad de las hermandades, o más bien a una oportunidad coyuntural para reforzar posiciones partidistas.
Propuestas de promoción turística en clave ferroviaria
El portavoz socialista ha defendido, por otro lado, que la ausencia de conexión directa de alta velocidad con Málaga podría interpretarse no como un obstáculo, sino como una ocasión estratégica para Córdoba, apoyándose en datos del Instituto Municipal de Turismo que reflejan un incremento del 3% en el flujo de visitantes extranjeros. En este sentido, ha instado al alcalde a poner en marcha una campaña de promoción de la Semana Santa cordobesa en la red de ciudades conectadas por AVE, con el objetivo de atraer a potenciales visitantes.
Asimismo, ha introducido en su análisis factores externos como la situación internacional, señalando que conflictos como la guerra en Irán podrían incidir en la evolución del turismo, añadiendo así un matiz de incertidumbre al escenario planteado.
Memoria reciente y contradicciones en la gestión cofrade
No obstante, desde sectores críticos se recuerda que durante la última etapa de gobierno socialista en el Ayuntamiento, con Isabel Ambrosio al frente y con el propio Hurtado en posiciones cercanas de responsabilidad, se produjeron episodios controvertidos que afectaron directamente al tejido cofrade. Entre ellos, se cita el conflicto en torno a la Hermandad de la O, a la que se habría impedido utilizar el centro cívico de Fátima —la antigua cárcel— como punto de salida para su paso de palio en el Sábado de Pasión.
Este precedente es evocado ahora como elemento de contraste frente al discurso actual, alimentando una lectura crítica que interpreta las recientes declaraciones como un ejercicio de oportunidad política más que como una defensa coherente del patrimonio y las tradiciones cofrades.
Una reiteración que suscita escepticismo
La reiteración de este tipo de intervenciones, en las que la Semana Santa aparece integrada en el argumentario político, genera un creciente escepticismo entre quienes consideran que el mundo cofrade merece un tratamiento ajeno a la confrontación partidista. La percepción de que la celebración es utilizada como simple coartada discursiva refuerza la idea de que, más allá de los titulares, su presencia en el debate responde a intereses que poco tienen que ver con su verdadera dimensión religiosa, cultural y social.





