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El Capirote, Granada, Opinión, Sevilla

Inmovilismo

Me considero un amante de la Historia. A pesar de que esta no forme parte de mi currículo universitario, es una de las mayores distracciones a las que acudo cuando el tiempo me lo permite. Vaya por delante que nuestro pasado, -no solamente debe quedar reducido a los historiadores, como afirmó un conocido diputado del PP- del que nosotros formamos parte, tiene una enseñanza tal que nos ofrece infinidad de posibilidades para poder construir un presente que carezca, en la medida de lo posible, de todos los males que han padecido los siglos.

Releyendo el otro día un interesante libro que nada tiene que ver con la Semana Santa, me vino a la cabeza el sector de los inmovilistas que hoy en día emerge con mayor inquina que los conservadores de antes, que han existido siempre. Pero la Historia siempre nos ha dado lecciones y con solo echar una mirada al pasado vemos cómo, a pesar de ser Andalucía una región que ocupa los últimos vagones del progreso, sus habitantes han sabido enriquecer sus tradiciones manteniendo el carácter que les ha imprimido el tiempo desde los orígenes.

Algunos inmovilistas se llevarían las manos a la cabeza si hoy en día el altar que preside la imagen de la Hiniesta en la Plaza de San Francisco fuese ocupado por otras imágenes. Pero ya sucedió en 1895, cuando en el Corpus de aquel año estuvieron en su lugar las Santas Justa y Rufina. Estos inmovilistas habrían puesto también el grito en el cielo si hubieran visto las innovaciones estéticas introducidas en el siglo XIX, que bebieron de la corriente inglesa Art and Crafts y que destacó por la importante presencia de grandes masas vegetales, dejándonos auténticas obras de arte del bordado, como el manto de 1886 realizado por el taller de las hermanas Antúnez y que se perdió en el incendio de 1956.

Las miradas al pasado además de ayudarnos a conocer los tiempos pretéritos son también un viaje en la búsqueda de una seña de identidad que consolide la idiosincrasia de la cofradía. El romanticismo de las Siete Palabras, con los faldones de Fernández y Enríquez, el palio de la Virgen de los Dolores, del Cerro, obra de Paquili, o la saya de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su soledad, de la Carretería, son algunos ejemplos más que plausibles.

Pero los inmovilistas a los que me refiero son aquellos que no quieren siquiera conocer el pasado sino permanecer inmóviles mientras que todo cambia a su alrededor. Prefieren la no reforma de la carrera oficial porque “es mejor dejarla como está” a innovar si con ello se gana tanto en seguridad como en fluidez de los cortejos. Suelen ser contrarios a la incorporación de más pasos a la nómina de la Semana Santa –la hemeroteca tiene bastante que mostrarnos si viajamos hasta la incorporación el Sábado Santo del Sol–. Y más recientemente podemos comprobarlo cuando la junta de gobierno del Gran Poder mostró cómo será el nuevo retablo que acoja a la gran devoción de Sevilla.

También la historia enseña las equivocaciones y también cuándo se han llevado a cabo las rectificaciones, con mayor o menor fortuna. Sería mejor dar un paso al frente en ciertas cuestiones y solo el tiempo nos enseñará si ha merecido la pena.

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