Culmina una Semana Santa histórica que ha puesto su broche de oro con la tradicional salida procesional de la Hermandad del Resucitado y con el reencuentro cofrade que año tras año se reproduce a las puertas de Santa Marina. Una cita ineludible que se erige en una tradición más de tantas que configuran el rosario de pequeños hábitos con el que todo cofrade configura su particular ocaso de la semana más hermosa. Y es que el Domingo de Resurrección es el día de la reflexión en caliente, del regusto y el buen sabor de boca, de la evocación de los momentos maravillosos vividos y del comentario más o menos crítico, con mayor o menor carga de profundidad, sobre aquellos aspectos que se estiman manifiestamente mejorables. Este año el traslado de la carrera oficial al entorno de la Santa Iglesia Catedral ha añadido un nuevo motivo de conversación a las habituales charlas sobre capataces, costaleros, cortejos y bandas, que suelen monopolizar los encuentros casuales a pie de calle.
Uno de los protagonistas de la Semana Santa que acaba de concluir ha sido Jesús López Mata, capataz del Santísimo Cristo de la Agonía, cuya hermandad ha vivido una histórica Semana Santa por partida doble ya que si todo se desarrolla de acuerdo con los plazos previstos, habrá sido el último Martes Santo en el que el cortejo de la Cofradía del Naranjo solamente haya estado presidido por uno de sus dos titulares porque la próxima Semana Santa será la que materialice el sueño de toda una generación de cofrades, la que vea bajo la luna de Nisan el paso de palio de la Virgen de la Salud, La Divina Enfermera.
López Mata es categórico al afirmar que «ha sido una Semana Santa esplendida en cuanto al tiempo y belleza«, destacando que Córdoba «ha subido varios escalones con el traslado de la Carrera Oficial a la Santa Iglesia Catedral» y subrayando que «no creo que exista en el mundo una Carrera Oficial mas bella en un marco Patrimonio de la Humanidad». Aún así, el capataz estima que es necesario abordar sin miedo ciertas modificaciones que redunden en la mejora de algunos aspectos. Por ejemplo se muestra contundente al afirmar su creencia de que «es un clamor popular que la Carrera Oficial debe terminar en Santa Catalina pues Magistral González Francés no tiene sentido sin sillas y sin gente».
Así mismo, su opinión es firme desde el punto de vista que más le afecta en el desarrollo de su labor como capataz recalcando que «para el costalero el piso es horroroso, un «matahombres». Habría que estudiar la posibilidad de entarimar desde la Puerta del Puente hasta final de Torrijos y el Patio de los Naranjos». Además estima que «el acceso al Puente Romano debe ser libre. Algunas cuadrillas han tenido problemas de acceso a los relevos en el entorno de Catedral», al tiempo que considera que «las rampas del Perdón y Santa Catalina deben mejorarse siendo mas largas pues tienen demasiada inclinación«.
También la imagen de la Carrera Oficial en algunos de sus puntos merece su valoración indicando que «el perímetro de la Catedral no puede estar vacío, en concreto la parte donde no hay sillas en los muros exteriores; queda desangelado». Finalmente precisa otros aspectos que deben ser abordados con diligencia como el «cruce de bandas dentro del Patio de los Naranjos» que al menos en los primeros días parece haber provocado ciertas molestias mutuas.
Respecto a la imagen ofrecida por la cofradía de la que ejerce como capataz, López Mata pone de manifiesto su convencimiento de que «seguimos consolidando nuestro cortejo. No hubo cortes y hemos andado mucho. Creo que, si se hace el calculo seremos una de las cofradías más veloces». Pone en valor que «muchísima gente nos acompaña hasta zonas acofrades«. Además enfatiza el anhelo de todos los hermanos de la Agonía de «un Martes Santo con Ella en breve, ojala en 2018», y culmina su interesante reflexión agradeciendo el «cariño especial de la gente en una Estación de Penitencia marcada por el recuerdo de dos personas con mucho calado dentro de La Agonia, José Antonio, el vice hermano mayor, y Valle mi mujer. Ambos eran muy queridos y hubo momentos muy duros el Martes Santo».





