Sustituye a Juan Carlos Vidal
Las semanas que conforman el inicio del curso cofrade suele ser una época propicia para que se multipliquen noticias que dan cuenta de diversas decisiones que afectan a la puesta en escena de las diferentes corporaciones que componen el universo cofrade. Decisiones que afectan al nombramiento de los cargos de confianza como los capataces que tienen la responsabilidad de mandar a los costaleros que tienen el privilegio de llevar sobre sus hombros a las imágenes devocionales de toda la geografía andaluza.
Es el caso de la Asociación de María Auxiliadora Coronada de Córdoba, que cada mes de mayo toma posesión de las calles de la ciudad de San Rafael para dejar tras de sí un reguero infinito de fe entorno a una de las devociones más íntimamente enraizadas en la inalterable idiosincrasia andaluza, que tiene su sede en el Colegio de San Francisco de Sales de la capital cordobesa, en el corazón del Barrio de San Lorenzo, que acaba de anunciar la toma de una decisión esencial de esta índole.
Mediante un comunicado emitido y difundido a través de sus medios oficiales de información, la asociación ha desvelado que reunido este miércoles, el Consejo Local ha designado un nuevo capataz para el paso de la imagen letífica, recayendo este honor en el capataz Jesús Ortigosa Brun, que releva en esta labor a Juan Carlos Vidal Jiménez, a quien la asociación manifiesta su más sincero agradecimiento por su generosa labor entrega en el desempeño de este cargo de responsabilidad ejercido en los últimos años.
De este modo, Ortigosa toma el testigo de Vidal con la firme intención de comenzar una nueva etapa al frente de la cuadrilla de la Virgen, dándose la llamativa curiosidad de que el pasado mes de noviembre se produjo un traspaso de poderes en sentido inverso, cuando fue Vidal quien relevó a Ortigosa al frente de la cuadrilla costalero del paso de palio de la Virgen del Rosario, de la Hermandad de la Expiración, otra imagen coronada. Dos noticias que, unidas, dan buena cuenta de la vitalidad de ambos capataces y de la condición efímera que siempre acompaña al mundo del llamador.





