Jesús Rosado denuncia empleo de mano de obra infantil, así como falta de control y legalidad en los encargos de arte sacro a Pakistán

El bordador Jesús Rosado, con más de treinta años de experiencia al frente de su taller en Andalucía, ha ofrecido su visión sobre la polémica generada en torno a los encargos de arte sacro realizados en Pakistán, una práctica que considera perjudicial tanto para la calidad artística como para la sostenibilidad del sector en España.

Libertad de elección, pero con consecuencias

Rosado comienza reconociendo la libertad de cada cliente para decidir dónde encargar sus trabajos: “Que alguien quiere encargar algo allí, pues que lo haga, es libre, claro que sí. Pagará para recibir mediocridad, pero recibe lo que paga”, afirma con contundencia. No obstante, advierte que esta elección no puede desligarse de las consecuencias legales y éticas que implica.

Irregularidades y condiciones laborales precarias

El bordador denuncia que estas contrataciones internacionales no cumplen con los requisitos exigidos en España: “Cuando un artesano vende fuera de nuestro país se ha de dar de alta un código para operaciones intracomunitarias, control de aduana, etc. ¿Lo hacen ellos?”, se pregunta, al tiempo que señala la falta de garantías en materia de contratación.

Según explica, en muchos de estos talleres extranjeros se emplea mano de obra infantil y se trabaja en condiciones infrahumanas, muy alejadas de la realidad que él asegura mantener en su propio taller: “Nosotros, y hablo por mí, tenemos un taller totalmente reglado: control de riesgos laborales, dispositivo de control del horario laboral a través de tarjetas individualizadas, pago de seguridad social de cada empleado, vacaciones remuneradas, pago de horas extras”.

Defensa del trabajo artesanal en Andalucía

Rosado subraya la importancia de apoyar la economía local: “Contribuir con la economía de este país es obligación de todos, ¿verdad? Facturar en un taller artesanal en Andalucía es promover el motor económico global de nuestra región o nación”, asegura.

Recuerda que desde la Asociación de Arte Sacro se insiste en que cada rama artesanal —orfebrería, talla, dorado, carpintería, pintura, escultura o diseño— constituye un motor de empleo. En su caso concreto, afirma: “Somos 16, somos familias que vivimos y pagamos nuestros impuestos gracias al arte sacro. Vendemos excelencia, creamos arte y somos cultura y tradición viva de una forma de ser y vivir”.

Riesgo de desaparición de la artesanía

El bordador advierte que, de mantenerse esta tendencia, las consecuencias serían irreversibles: “Que quieren comprar en Pakistán, que compren, pero mañana la artesanía desaparecerá, y los sueldos que se crean como actividad económica también”. En este sentido, critica a quienes tachan de “mafia” a los artesanos que defienden la legalidad: “Defendemos la mano de obra cualificada y remunerada, el alta en una seguridad social, la contribución a la caja común y la defensa de nuestros modos de vida”.

Críticas a la falta de control institucional

Rosado lamenta la pasividad de algunas instituciones ante esta problemática: “Eso sí, los obispados miran para otro lado de momento, los sindicatos no dicen nada cuando la mano de obra está en peligro”. Asimismo, cuestiona la ausencia de controles: “Mucho populismo en redes es lo que hemos podido ver con este tema. No impedimos dónde gasta usted su dinero, lo que le vengo a decir es: ¿dónde está el control de aduanas, el control de la mano de obra barata, casi inhumana, de esos países?”.

En conclusión, el maestro bordador reclama que se respeten los principios de justicia social y legalidad: “Comprad donde queráis, pero la legalidad os la pasáis por el forro”, sentencia.