Resulta gratificante repasar con aquellas figuras que, de un modo u otro, ocupan un lugar de privilegio dentro del conglomerado heterogéneo que configura el universo cofrade, del que se alimentan los sueños de miles de almas, aquellos momentos que han generado un instante maravilloso y, al mismo tiempo, un recuerdo imperecedero que almacenar en el baúl de los tesoros íntimos e intransferibles. Personas que tienen mucho que contar y que aportan su particular visión a momentos que muchos hemos vivido de manera personal e insustituible otorgando a la vivencia un prisma diferente a través del cuál saborear la misma realidad con otros ojos. Una de estas figuras esenciales, en su doble condición de cofrade y de capataz, es Juan Carlos Vidal, uno de los nombres más respetados de cuantos tienen la responsabilidad de guiar con su indiscutible doctorado el caminar del paso de Misterio de Nuestro Padre Jesús Humilde en su Coronación de Espinas y del paso de palio de Nuestra Señora de la Piedad, al frente de cuyas cuadrillas lleva años construyendo una manera particular de entender su labor, basada en la elegancia y en el trabajo bien hecho, consiguiendo altas dosis de calidad con dos de las cuadrillas costaleras que más elogios han despertado en los últimos años.
Repasando los instantes y las vivencias esenciales de la pasada Semana Santa, Juan Carlos Vidal subraya, «como cofrade, el cambio de Carrera Oficial al entorno de la Santa Iglesia Catedral» en cuyo interior pudo vivir el instante sublime e íntimo de realizar Estación de Penitencia ante el Santísimo, «un momento inigualable acompañado por un entorno excepcional». Vidal recuerda con gran intensidad todo lo acontecido el Lunes Santo, ya que «afrontábamos el reto de superar el recorrido más largo». Entre las múltiples vivencias experimentadas aquella inolvidable jornada, el capataz afirma que «hubo un momento inolvidable que fue cuando entregamos el trabajo a la cuadrilla de Coronación», recordando con especial emoción «los momentos previos a la salida en los que nos acordamos de un hermano de tan solo 12 años que había sufrido un accidente habiendo estado un mes en la UCI en estado muy grave y junto a su cama una foto de nuestros Titulares«. Una emoción acrecentada por el convencimiento de haber demostrado «mucho sacrificio, saber sufrir y superar este difícil trance por su gran cariño a nuestro Cristo y a nuestra hermandad, sirviendo de ejemplo para saber superar los momentos difíciles de un recorrido en el que nos acompañó con su hábito de nazareno«. Más allá de este hermoso recuerdo, «durante la Estación de Penitencia se viven muchos momentos cargados de emoción que vivimos de forma muy íntima» enfatiza Vidal, como ocurrió «al llegar la cofradía, momento en el que sentí una satisfacción inmensa por como cumplió la cofradía en conjunto todos sus objetivo y por constatar cómo la cuadrilla lo daba todo sin escatimar esfuerzo», recalcando que «ante este cúmulo de vivencias y sensaciones, no se puede pedir más que sentir con qué intensidad este mundo es una parte vital de nuestras vidas«.
Al día siguiente, Juan Carlos vivió al frente de la cuadrilla del palio de la Virgen de la Piedad la segunda etapa de su particular travesía. Un «Martes Santo que, para mí, se está convirtiendo en uno de los días más importantes de la Semana, gracias a que la Hermandad del Prendimiento me ha enseñado a vivir ese día con una enorme intensidad. Se respira algo distinto«. Vidal con el alma abierta de par en par, recuerda otro de los recuerdos vividos con mayor intensidad, «la oportunidad de tener una comida en casa de un hermano, con costaleros vestidos de blanco, túnicas colgadas y gente vestida de negro. Un experiencia indescriptible que te prepara para vivir la tarde noche al máximo». Vidal señala cómo desde la calle «se percibe el cariño de la gente a Salesianos y la Hermandad, existiendo momentos de gran explosión que al final se convierten en muy cofrades; la llegada de la Cofradía te marca mucho, para mí ha sido de lo mejor de este año«.
«Han sido quizá los momentos culminantes de una Semana Santa pasada que pasó muy rápido» manifiesta Vidal que asegura que «eso me hace cada vez vivir al máximo la Cuaresma y tener momentos que me llenen de manera especial, como una tertulia tras un ensayo de costaleros, ver el montaje de pasos, la Fiesta de Regla o buscar lugares donde se respire ambiente cofrade«. Sin embargo y a pesar del múltiple rosarios de recuerdos cumplidos y vivencias atesoradas, Vidal destaca un momento de especial trascendencia por encima del resto, «una estampa imborrable que jamás olvidaré: el paso de Misterio de Coronación frente al Santísimo en el interior de la Catedral… no puede existir mejor momento que ese«. Una reflexión que concluye haciendo un alegato en defensa de la figura del costalero «que muchas veces es criticado de forma injusta y que este año, en general ha sido un verdadero ejemplo para todos demostrando el buen trabajo y esfuerzo de casi todas las cuadrillas ante el desafío de la nueva Carrera Oficial».
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