De Cerca, El Rocío, Huelva

Juan Ignacio Reales: «Es un deseo mayoritario, y un clamor, que la Virgen del Rocío salga al alba, como un regalo y homenaje a nuestros mayores»

El sábado 25 del mismo mes de mayo de 1918 un artículo, publicado en El Correo de Andalucía, firmado en Sevilla por Juan Francisco Muñoz y Pabón, canónico de la catedral hispalense y titulado “La pelota está en el tejado”, se convirtió en el elemento dinamizador para encauzar el deseo de miles de rocieros del mundo entero que culminó con la coronación canónica de la Reina de las Marismas. En él, este personaje mítico y esencial para entender el movimiento rociero, tal y como ha llegado a nuestros días, afirmaba que «La imagen de Nuestra Señora del Rocío, Virgen la más popular de toda esta Andalucía Baja, con culto el más fervientes y la más acendrada devoción en las dos vastas provincias de Sevilla y Huelva, no está canónicamente coronada, y lo debiera estar. ¿No lo están la del Pilar, de Zaragoza; la de los Reyes, de Sevilla; la de las Angustias, de Granada; la de los Milagros, del Puerto de Santa María; la de la Cabeza, de Andújar; la de los Remedios, de Fregenal de la Sierra…? Pues bien, aparte de la del Pilar —pues quien dice el Pilar dice toda España—, ninguna de las anteriormente citadas cuenta con una devoción más extendida. Ninguna tiene una hermandad en sinnúmero de pueblos de la región; ninguna encarna una fe más grande ni un amor más ardiente en partidos y partidos…».

Poco más de un siglo después, el Presidente de la Hermandad Matriz de Almonte, Juan Ignacio Reales Espina, ha utilizado una vía similar para atreverse a poner, negro sobre blanco, el que es un deseo y un sueño latente e indisimulado enraizado en el alma de miles de rocieros, almonteños y del resto del mundo: que la Virgen del Rocío salga al alba en la procesión extraordinaria que protagonizará el próximo 8 de septiembre. Una carta escrita a corazón abierto, publicada en el muro de su perfil oficial en una conocida red social, ha servido para expresar este anhelo, asegurando que es «un deseo mayoritario, en un anhelo y un clamor que cada vez nos llega con más fuerzas, de que la Virgen salga al alba, como un regalo y homenaje a nuestros mayores, a los que nos legaron esta devoción, para que ellos puedan disfrutarla como antiguamente, con luz del día, junto a sus hijos y nietos, unidos toda la familia».

Un deseo, tal vez incluso un ruego que no va en menoscabo de reconocer que «es cierto que lo más importante de esta procesión, como de cualquier otra, no es la hora de salida de la Virgen, sino que ésta transcurra de la mejor manera posible, con la mayor dignidad y el esplendor que la ocasión y Ella se merecen, estando todos unidos en torno a nuestra Madre y Patrona», subrayando que «por ello, para los que somos de mi generación, año arriba o año abajo, poco nos importa y en nada va a enturbiar nuestra alegría y felicidad, el hecho de que salga más tarde o más temprano, pues todavía podemos estar toda la noche y el día junto a Ella», pese a enfatizar su creencia de «que ese es precisamente el esfuerzo de generosidad que la Virgen nos pide a nosotros, y a los más jóvenes, a los que tienen la suerte de poder llevarla sobre sus hombros, o de poder estar junto a la reja, para sacarla en ese momento sublime y único en que se inicia la procesión».

«Que en esta extraordinaria ocasión, seamos generosos con aquellos que ya no tienen esa posibilidad, los que por su edad o su salud no pueden acompañarla toda la noche, los que ya no tienen fuerzas para llevarla, pero que lo hicieron durante muchos años, los que una vez nos cedieron el testigo, pero que ahora, por una vez, quieren recordar junto a sus hijos y nietos, aquellas procesiones de antaño, las que ellos vivieron, las que vivieron nuestros abuelos cuando coronaron a la Virgen», afirma Reales, al tiempo que ruega para que «no nos dejemos llevar sólo por nuestra voluntad, por nuestra indiferencia o nuestra lógica impaciencia. No nos perdamos en discusiones banales sobre cuestiones secundarias; no consintamos que el acaloramiento del momento o la presión minoritaria de unos pocos, por ruidosa que sea, se imponga al anhelo y al sueño de nuestro pueblo; creo que cualquier sacrificio que tengamos que hacer, para que algo tan bonito se haga realidad, merecerá la pena asumirlo».

Un guante arrojado a los almonteños, por parte de Reales quien no obstante, asegura que “en la procesión de la Virgen, el pueblo de Almonte es soberano”, una «expresión que resume una constante histórica, que todos conocemos y abogamos porque siga siendo así». Sin embargo, el presidente de la Matriz recuerda que «para que esa realidad pueda ser mantenida y defendida, ha de respetar el sentido original de lo que implica; esa soberanía no significa otra cosa que asumir, que al tener Almonte el privilegio de ser el pueblo elegido por la Virgen del Rocío, al tenerla como Patrona, hemos de actuar siempre con responsabilidad, con generosidad y con altura de miras, no de forma caprichosa, haciendo lo que nos venga en gana, sino pensando siempre en qué es lo que Ella quiere de nosotros, en cada momento». 

«Seamos en esta ocasión nosotros la voz de esos almonteños, y demos cumplimiento a la voluntad y al deseo de tantos hombres y mujeres de la Virgen, de nuestras madres, de nuestros padres, abuelos, de nuestros hijos pequeños, de los que están enfermos, de los que ya no pueden llevarla, de los que no podrán estar en la reja, de todos aquellos que en una ocasión extraordinaria como ésta, se merecen que les hagamos este hermoso regalo, para que podamos disfrutarla todos juntos, como una gran familia, como el pueblo elegido de la Virgen», concluye el presidente de a Hermandad Matriz de Almonte, dejando, cien años después, la pelota en el tejado de los almonteños. Veremos si será suficiente para que el sueño se convierta en realidad y la Virgen sale al alba el próximo 8 de septiembre.