La Semana Santa de Jerez encontró esta tarde su latido más auténtico en la voz de Juan Mera, quien ofreció un pregón que combinó profunda sensibilidad, cercanía y pasión. Desde el primer instante, el teatro se convirtió en un espacio de recogimiento y comunión, donde el público se dejó llevar por la intensidad de cada palabra y por la emoción palpable del pregonero, acompañado por amigos, alumnos y cofrades.
Un inicio marcado por la devoción y la música
La apertura del acto estuvo presidida por los acordes de Cristo de la Expiración y Estrella Sublime, un preludio musical que anticipó un viaje poético a través de la Pasión de Jerez. Rocío Navarro, encargada de presentar al pregonero, entregó una rosa blanca, símbolo de pureza y de la Santísima Virgen, infundiendo un halo de luz sobre la ceremonia y presagiando la emotividad que impregnaría todo el pregón.
Mera comenzó su intervención con un saludo lleno de afecto, reconociendo a su entorno cercano y evocando la ciudad que lo vio crecer: “Abre tus ojos Jerez… a la Estrella que más brilla”. Desde ese instante, quedó patente que el pregón no sería un mero discurso, sino un recorrido íntimo y vibrante por la fe y la devoción jerezanas.
La esperanza como hilo conductor
La Esperanza emergió como el eje de su mensaje. Mera la presentó como un faro que ilumina incluso en la oscuridad, como un compromiso con la vida y la defensa de los más vulnerables. Cada palabra resonó como un canto al perdón, la resiliencia y la luz que persiste frente a la adversidad, conectando directamente con el corazón de la ciudad y sus devociones más queridas.
El pregonero hizo un recorrido sentimental por las distintas Esperanzas de Jerez, evocando su consuelo, su fuerza y su presencia en la vida cotidiana de los cofrades. Uno de los pasajes más intensos fue la descripción del abrazo de Cristo al leño de la cruz, un instante que se convirtió en epítome de la pasión y la entrega, capaz de detener la respiración del auditorio y conmover profundamente al propio Mera.
Soleares, plegaria y emoción compartida
La música, inseparable de la devoción jerezana, acompañó el discurso con interpretaciones al Señor del Prendimiento, marcadas por el compás de soleares y la guitarra que acentuaba la solemnidad de los versos. La emoción se palpó en cada referencia a la Madre: Piedad, Soledad, Amargura, nombres que calan hondo en la sensibilidad de quienes sienten la Semana Santa con intensidad.
La narración de la muerte de Cristo recorrió las devociones del Árbol de la Cruz, evocando lugares emblemáticos como Sed, Lanzada, Salud, Amor, Buena Muerte y Santo Crucifijo, transmitiendo un mensaje claro: la muerte es un tránsito que conduce a la vida plena, no un final.
Un cierre que elevó el espíritu
El pregón alcanzó su clímax con palmas por bulerías, la voz de Paqui Méndez y el piano de Eduardo Peña, creando un ambiente de hondura y reverencia. La alusión al Cristo de la Expiración, a la Plazuela y al anhelo de paz universales cerró la intervención con un apoteósico momento de comunión entre pregonero y público, que se puso en pie en señal de respeto y emoción.
Con la voz entrecortada pero firme, Juan Mera concluyó mirando a la ciudad y a su gente, expresando un afecto sincero: “Qué suerte quererte, Jerez, por siempre”. Un pregón que permanecerá en la memoria de la ciudad por su sinceridad, valentía y hondura, un recorrido poético por la fe y la devoción que convirtió al teatro en un corazón palpitante de Jerez.
Un pregón donde la emoción, la amistad y la ciudad se entrelazaron, dejando una huella imborrable en la Semana Santa de 2026, un legado que resonará en cada cofrade que asistió y en quienes vivirán la devoción que Mera supo transmitir con maestría y sensibilidad.





