La crónica | Requiebros cofrades en el Maestranza

José Antonio Rodríguez encandila a Sevilla con un pregón popular y castizo

Pasaban diez minutos de las doce del mediodía cuando la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla inauguraba el Pregón de la Semana Santa dos mil veintiséis.

Con la batuta de Francisco Javier Gutiérrez, la formación musical interpretaba “La Misión de la Esperanza”, marcha elegida por el pregonero para la cita.

Justo antes del comienzo, las autoridades políticas y religiosas de la ciudad hacían acto de presencia en un Teatro de la Maestranza atestado de cofrades.

Y junto con las personalidades se encontraba el protagonista de la mañana, José Antonio Rodríguez Benítez, exaltador de los días grandes de Sevilla.

El emocionado orador lucía chaqué oscuro, camisa celeste y corbata en tono burdeos, haciendo gala de su elegancia tanto en la palabra como en el vestuario.

Como paso previo ineluduble, el Delegado de Fiestas Mayores Manuel Alés hacía la presentación del pregonero, y tras ella se escuchaban las notas de la marcha que año tras año hace las veces de entradilla perfecta: “Amarguras” de Font de Anta.

Rodríguez daba los primeros compases a su pregón con la Virgen de sus desvelos, la Esperanza de Triana, a quien le dedicaba los siguientes versos evocando la Misión de la Reina de la Calle Pureza el pasado año 2025, y su estancia en la catedral frente al monumento de Cristóbal Colón:

“Que me condenen si miento mas no lo supe hasta ahora… pero tú has sido, Señora, mi mayor descubrimiento. Lo digo como lo siento que en ti no hallo semejanza, mano que todo lo alcanza porque no tienes frontera por eso eres Misionera y en Triana, la Esperanza”.

Y de la mano de su Virgen, siguiendo la estela de predecesores en el atril como Carlos Herrera o Antonio Burgos, el pregonero piropeaba a Sevilla con estos versos:

“Y tómate esto, Sevilla, como una carta de amor entre esos enamorados que se pasean los dos por el puente de la vida. Esto va, por ti, Sevilla, ¡arriba el Hijo de Dios!”

Un sonoro aplauso seguía las palabras de Rodríguez, quien seguidamente recordó el importante papel de las hermandades de Vísperas, preludio de los días del Gozo en las calles sevillanas:

“Hoy la vida nos enseña su lado más poderoso: Sois los barrios, ¡bienvenidos! no hay Sevilla sin vosotros”.

Como también, en un arranque de originalidad y dinamismo, el exaltador repasó la actualidad cofrade con recientes hitos como la visita del Cachorro a Roma durante el Vía Crucis del pasado mes de mayo, la restauración de la Macarena o la peregrinación de la Virgen de Monserrat al Convento que lleva su nombre en tierras catalanas.

Concretamente, un contundente José Antonio Rodríguez hablaba así de la intervención sobre la Esperanza Macarena y la horfandad del barrio en los meses de ausencia:

“No es tu barrio quien te extraña, te extrañó toda Sevilla que extrañaba tus mejillas y el aire de tus pestañas. ¡Ay!, niña de mis entrañas, Sevilla pierde su brillo sin la Reina del castillo y tanto lloró tus penas que ha secao las azucenas que ha perdido el Giraldillo.”

El auditorio estallaba en aplausos con los versos a la Rosa de Oroz, y escuchaba con atención la dedicatoria de Rodríguez al bellísimo paseo por la Abadía de Monserrat de la titular homónima de nuestra ciudad:

“Su palio de crestería es un palacio de plata; es el balcón de Sevilla donde se asoma entre lágrimas la dolorosa nacida del vientre de una montaña que levantó Cataluña sobre la tierra de España.”

Como igualmente fue muy celebrado el espacio reservado al Cristo del Cachorro y su espectacular Vía Crucis en el entorno del Coliseo de Roma a los sones de Amarguras cuando regresaba del acto, caída la noche, el pasado mes de mayo:

“Coliseo de los amores, cuna, trono, templo, ara… levantado como el mármol de la Columna Trajana. Toda Roma se ha rendido y hasta le dio un nuevo Papa: Laoconte del Zurraque y El Cachorro de Triana.”

Pero la sorpresa más especial del pregón llegaba con el Señor de Sevilla, utilizando el pregonero como recurso la fotografía de Frank Lorka con las caras de 10.000 hermanos, para aludir a los rezos y oraciones que le dedica Sevilla al Nazareno de Juan de Mesa cada viernes:

“Y así es como la ciudad lo proclama “Padre Nuestro”, y Gran Señor de Sevilla y su Hijo Predilecto al que van todos los viernes para lanzarle un “te quiero”, la mayor prueba de amor que es besar en el talón al Señor de San Lorenzo.”

Del mismo, Rodríguez tenía presente a una de las devociones vecinas del Señor, la Virgen del Dulce Nombre que gubiara Antonio Castillo Lastrucci:

“¡Dulce Nombre de María! cuando pasas por la casa de aquel poeta andaluz hasta Bécquer se desata. Tú vas envuelta en la luz, él se queda sin palabras y en tres palabras lo clava que poesía eres tú.”

Y así se llegaba al cúlmen del pregón del mismo modo que empezó el orador, con su Hermandad de la Esperanza de Triana por bandera.

Rodríguez acariciaba con su voz al Cristo de las Tres Caídas, imagen que esta misma mañana amanecía sobre su portentoso paso de misterio. Así lo ensalzaba el pregonero:

“Me has enseñado, Señor, a fiar mi vida a Cristo. Puse en tus manos mi vida porque en ti, mi amor, confío y si mueres en el suelo yo, Señor, muero contigo.”

Y, por último, completaba el viaje de 360 grados hecho anuncia de la Semana Santa con su Virgen por bandera, la soberana y mediadora de toda Triana:

“Por ser el más bello exceso Reina, Madre y Capitana, Dios te dejó en esta orilla pa volver loca a Sevilla habiendo nacío en Triana.”

El largo aplauso final y la emoción contenida del pregonero ponían el broche a un acontecimiento única que conectará con la Gloria cercana, el sueño de los despiertos que vivirá Sevilla en siete días.