A las cuatro de la tarde, las puertas de la Parroquia de Santa Victoria se abrieron de par en par para que el Señor del Barrio de El Naranjo, el Cristo de la Agonía, voviera a encontrarse cara a cara con las gentes que componen su barrio, las mismas que van a visitarle de regreso a casa tras realizar, cada día, la compra matutina.
Un encuentro que adquirió una dimensión incalculable cuando la Virgen de la Salud iluminó con su infinita presencia las pupilas de fieles y devotos que no han querido faltar a la cita y han acompañado a su Cristo y a su Virgen, atravesando el parque de la Asomadilla, camino del templo Mayor de la Diócesis. El lugar en el que la hermandad se convertirá en Cofradía, una vez más, por obra y gracia del Martes Santo.
A hombros de sus respectivas cuadrillas costaleras, mandadas por sus capataces Manuel Orozco y Curro Carbonero, el Señor y su bendita Madre, fueron desandando los pasos que separan su barrio de la Santa Iglesia Catedral, con la emoción contenida en la mirada de los hermanos que conformaron el cortejo en esta nueva cita con la pequeña gran historia de la Hermandad de la Agonía que poco a poco, afortunadamente, va recuperando las tradiciones que le fueron hurtadas, por la acción de unos y la complicidad de otros. Tradiciones como este traslado que forma parte de la idiosincrasia de una hermandad que mira de nuevo al frente, en busca de conquistar un nuevo e ilusionante futuro.











































































