Bajo el elocuente título “La vida es un don”, la Hermandad de la Buena Muerte se ha sumado al rechazo mostrado por algunas hermandades y organizaciones cofrades en las últimas horas, como el Gran Poder y los Estudiantes en Sevilla, el Consejo de hermandades en Jerez y los Dolores en Córdoba, a través de un comunicado en el que subraya que “las cofradías son organizaciones de la Iglesia Católica, y por ello consideran la vida humana como un don divino, merecedor de la más alta dignidad”.
En virtud de esta premisa, “la hermandad hace suyas las declaraciones de la Conferencia Episcopal respecto al proyecto de Ley de regulación de la eutanasia, así como la carta Samaritanus bonus, elaborada por la Congregación para la Doctrina de la Fe y aprobada por el Papa Francisco sobre el cuidado de las personas en fases críticas y terminales de la vida”.
En base a ello, la corporación de la Madrugá cordobesa afirma que “los cuidados paliativos ayudan a vivir una enfermedad grave sin dolor, procurando en acompañamiento integral a los enfermos y familiares” y añade que “buscan ofrecer alivio, consuelo y esperanza ante el sufrimiento. La falta de estos cuidados paliativos es verdadera expresión de la desigualdad social, y se debe constituir en una de las prioridades de cualquier gobierno”.
“Conviene aclarar –prosigue la nota- que prolongar el sufrimiento de una persona con acciones sofisticadas, costosas y que alargan inútilmente la agonía es un ensañamiento terapéutico innecesario diferente de lo que propugna la Iglesia. Así lo ha manifestado el Papa Francisco en su intervención ante el congreso europeo de la World Medical Association. Pero eso nunca puede confundirse con negar los cuidados básicos de la persona en sus últimos días. Provocar la muerte nunca puede ser una solución”, concluyendo que “el suicidio asistido es una derrota para toda la sociedad”
“Como cristianos estamos llamados a no abandonar nunca al que sufre. Por el contrario, es nuestra misión cuidar y amar al prójimo, transmitirle la esperanza y favorecer una Buena Muerte”, añade el comunicado que finaliza recordando que “el fin del estado es la defensa del ser humano, y por tanto la defensa de la vida. Del mismo modo, el fin de la profesión médica es curar cuando sea posible, y en su defecto aliviar o consolar. Nunca causar la muerte”.





